Depresión: ¿Cómo identificarla?

Depresión: ¿Cómo identificarla?
Publicado dia 9/14/2009 1:28:14 PM em STUM WORLD

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Traducción de Teresa - [email protected]

El tema es bastante actual, a la vista de las presiones sufridas por el hombre moderno.
La OMS (Organización Mundial de la Salud) señala que la depresión es la quinta mayor cuestión de salud pública y, en 2020 deberá ser la segunda, solo por debajo de las dolencias cardíacas.

Hay por lo menos tres características básicas que ayudan a identificar el cuadro depresivo:
- Trastorno de humor: la persona deprimida no está necesariamente triste, también puede mostrarse irritable o desinteresada;
- Disminución de la energía (desvitalización), que puede caracterizarse como cansancio, pereza o incluso desánimo total;
- Disminución de la capacidad de sentir placer por la vida: el deprimido está indiferente ante un día bonito, una comida deliciosa o una buena película. Por tanto, pierde la capacidad de sentir placer o entusiasmo y vibración por la vida.
Aparte de esos síntomas, la depresión afecta también a otras áreas del organismo, provocando insomnio o exceso de sueño, apetito alimentario – y sexual – disminuido o aumentado, baja autoestima (sentimiento de incapacidad o desvalorización), lentitud de razonamiento, poca memoria, reducida atención (incapacidad para concentrarse), sentimiento de culpa, crisis de llanto, lamentación o incluso agitación (puede indicar un suicida en potencia).

Los familiares, amigos, cónyuges y compañeros de trabajo son los primeros en percibir esos síntomas o cambios y sentir la necesidad de ayuda profesional para la persona que se ve acometida por esa enfermedad del alma.
Es importante resaltar también que la depresión no siempre está causada por acontecimientos malos, como la pérdida del empleo, el final de una relación amorosa o la muerte de un ser querido.

Cuando la enfermedad se manifiesta tras algún acontecimiento doloroso, traumático, se denomina reactiva y cuando aparece sin motivo aparente lleva el nombre de endógena. En este caso la ciencia médica materialista, por contemplar al ser humano solamente como un ser biológico, un fenómeno físico-químico, (la depresión es mirada como un desequilibrio bioquímico del cerebro, de los neurotransmisores, sustancias químicas del cerebro que regulan nuestro humor, nuestro estado emocional), no tiene en consideración la parte espiritual, la existencia del alma, del espíritu.
En este punto, puedo afirmar con seguridad que la causa espiritual de la depresión no queda extirpada solo con el uso de medicinas. Ella puede ser suavizada, pues los aspectos de orden emocional y espiritual necesitan tratamiento, lo cual no quiere decir que no se deba, en algunos casos más crónicos, servirse de medicamentos.

En mi experiencia clínica, al tratar en mi consultorio innumerables casos de depresión con la TRE (Terapia Regresiva Evolutiva) – La Terapia del Mentor Espiritual (ser desencarnado directamente responsable por nuestra evolución espiritual) – Abordaje psicológico y espiritual breve, creado por mí, he constatado que hay tres factores que llevan a una persona a desarrollar un cuadro depresivo:
a) Interno: Causa psicológica, derivada de experiencias traumáticas de esta vida (infancia, nacimiento, útero materno) o de un pasado más remoto, es decir, de vidas pasadas;
b) Externo: Interferencia espiritual obsesora, o sea, espíritus obsesores desencarnados que perjudican al paciente – en su mayoría – en todos los órdenes de su vida (mental, emocional, espiritual, físico, sexual, financiero, profesional, afectivo, familiar, etc.);
c) Mixto (Interno + Externo) : Provocado por el propio paciente y agravado por el espíritu obsesor, desafecto de su pasado.
Por otra parte, no siempre la depresión se manifiesta en forma de esos síntomas anteriormente mencionados. Hay personas – principalmente los hombres – que reprimen fuertemente la tristeza tras la pérdida de un ser querido, enmascarándola, aparentando cierta indiferencia, frialdad o incluso agresividad. Es lo que llamamos depresión enmascarada.

En nuestra cultura es común que muchos hombres no admitan estar deprimidos. En vez de eso, afirman que están cansados, disgustados, o se ponen agresivos. Para ellos, expresar abiertamente que están tristes es sinónimo de debilidad, de fragilidad.
De esta forma, hay todavía un prejuicio por parte del sexo masculino en demostrar tristeza, llorar, principalmente en público.

La depresión puede además ser enmascarada bajo la forma de excesos alcohólicos, drogas, comida, sexo, juego, ser vicioso del trabajo (workaholics). Hay personas que, tras una separación, no se permiten entrar en contacto con la pérdida y la tristeza.
Es natural, con la separación, el sentir tristeza. Sin embargo, esas personas reprimen fuertemente la tristeza trabajando incesantemente, convirtiéndose en viciosos del trabajo. El trabajo pasa a ser una válvula de escape, una fuga, una forma de no entrar en contacto con la pérdida. Pero cuando dejan de trabajar, entran en una profunda depresión.

La depresión además puede estar enmascarada en forma de síntomas psicosomáticos, tales como constantes dolores de cabeza, fatiga, dolores lumbares, náuseas, vómito, úlcera, colitis y alergias diversas. Muchos suicidios o tentativas de suicidio, inesperados y aparentemente inexplicables, también están provocados por depresiones enmascaradas.

Caso Clínico:
En busca de la felicidad.
Mujer de 35 años, casada, dos hijos.


La paciente acudió a mi consultorio quejándose de que no sentía deseo o entusiasmo por la vida. Vivía como si estuviese conectada al piloto automático (término empleado por la paciente), pues todo lo hacía de forma mecánica, sin emoción.En la entrevista de evaluación así lo relató:
“Todo lo hago en el modo automático: cursé una facultad, tuve hijos, todo sin sentir nada, ninguna emoción. No tengo problemas económicos, pero incluso me gustaría tenerlos, pues tendría a quién o a qué echar la culpa. Verdaderamente, no hay ningún motivo que justifique mi falta de deseo de vivir.
Estoy casada, mi marido es un buen hombre, tengo dos hijos lindos, una casa muy buena; en cierta ocasión, mi marido me preguntó: ¿Nos vamos de viaje a Francia? Nos vamos de vacaciones ¿qué te parece?
- Me parece guay, contesté, sin entusiasmo. Preparé las maletas de todos, hicimos el viaje, pero para mí fue como si hubiésemos viajado a la playa en la costa de São Paulo. ¡Es horrible, nada me motiva, nada me atrae!
Mi familia, (y asimismo la de mi marido), dice que no siento gratitud por la vida que llevo. Sin embargo, lo que me viene solo son ganas de morir, ni coraje tengo para quitarme la vida. He cambiado de corte de cabello, hice operaciones plásticas, he cambiado de coche varias veces, he empezado varios cursos – aunque no haya concluido ninguno – buscando algo que me dé placer, pero no lo encuentro.
No tengo paciencia con mis hijos, siempre estoy de mal humor, no sé siquiera como mi marido me soporta. No es que nada esté bien para mí, o que esté insatisfecha con mi vida; es algo peor, nada me importa ni me interesa.
Por ello, como ya le he dicho, todo lo hago en el modo automático; hago las cosas porque las tengo que hacer.”

¿Has hecho algún tipo de tratamiento antes de acudir a mí? – pregunté a la paciente.
“Sí, claro que lo he buscado. Fui a un psiquiatra, que me recetó algunos medicamentos, pero me sentí peor, pues la tristeza y la melancolía se adueñaron de mí, ya no lograba moverme de la cama. Posteriormente, me decidí a acudir a un neurólogo, pero tampoco resultó. Fui a un psicólogo, y allí solo yo hablaba y él solamente escuchaba, no decía nada. He pasado por varias terapias alternativas, pero sin resultado alguno. Cansada, acabé por no buscar ya nada más. Hasta que un día una amiga me envió un artículo de usted; después de leerlo, he sentido confianza en su trabajo, algo me decía que acudiese a su consultorio”.
Al final de la entrevista, al preguntarle si tenía algún sueño recurrente (suele ser una reminiscencia de una vida pasada), la paciente me dijo que su sueño era muy intranquilo, pues eran frecuentes las pesadillas constantes (de estar en un lugar oscuro y escuchar gritos). Despertaba asustada.

En la 1ª sesión de regresión, al estar muy ansiosa y tensa, no se relajó lo suficiente y con eso no logró traer nada de su pasado.
En la sesión siguiente, al hacer regresión, vio a sus padres y a sus dos hermanos en una vida pasada, con mucho miedo, acorralados, sin comprender lo que estaba pasando.
Así me lo describió:
“Dr. Osvaldo, veo soldados gritando y mandándonos poner en fila y en silencio, pues no podíamos conversar unos con otros. Estamos fatigados, hambrientos y siempre que alguien tropieza o se sienta, extenuado, oímos estampidos de tiros. (Pausa). Veo un crío llorando, sentado en el suelo… ¡Dios mío! ¡Un soldado le ha dado un tiro en la cabeza!” (La paciente relata esto llorando copiosamente).
- Avanza más adelante en esa escena – ruego a la paciente.
“Después de una larga marcha llegamos a un campo de concentración, todo cercado de alambre de espino. Veo una placa donde está escrito “Auschwitz”… Mi familia en esa vida pasada es judía. Veo también soldados con las iniciales SS en el brazo izquierdo. Son los soldados de Hitler.
Mi madre y yo hemos sido separadas de mi padre y hermanos; mi padre y mis hermanos se han ido directamente a la cámara de gas. Antes, mi padre nos abrazó y nos dijo que tuviésemos fe. Él era un hombre calmo y devoto de Dios. No los he vuelto a ver nunca más (habla llorando).
Mi madre trabajó durante algún tiempo en casa del general: lavaba sus ropas y limpiaba su casa, y yo le ayudaba.
Vi a mi madre marchitarse, pues no había comida suficiente para nosotros. Ella no duró mucho, acabó por morirse. Me quedé sola. Las muertes no tenían fin. Cuando no se moría en la cámara de gas, se moría de hambre, de enfermedades o incluso por un soldado irascible al que no agradaba el aspecto de la persona y le pegaba un tiro en la cabeza. Vivía en pánico, con mucho miedo.”

- Avanza en esa escena – ruego nuevamente a la paciente.
“Siento opresión en el pecho, ya que he sido llamada, con otras mujeres. Es de noche, un soldado nos lleva a cierto lugar; siento mucho frío y fatiga. Ruego a Dios para que esto se termine pronto, quería morir. Por el camino observo montañas humanas, apiladas. Veo que no somos nada, que no tenemos valor alguno. Llegamos al lugar, hay mucha gente, oigo gritos de mujeres y de críos. Pedimos socorro, misericordia, pero nada conmueve a los soldados. (Pausa). Del techo veo salir humo… Es gas (la paciente habla tosiendo mucho). El gas está quemándome la garganta (tose intensamente). No lucho por sobrevivir… Acabo muriendo pronto. Era lo que más quería.”

Al final de esta sesión, la paciente llora copiosamente pidiendo perdón a Dios, al marido y a los hijos por no estar valorando su vida actual, pues le fue dada una nueva oportunidad de vivir. Ella tomó conciencia de que era feliz, pues tenía todo cuanto necesitaba en la vida presente. Identificó también, en esa sesión, a los dos hermanos que también murieron en la cámara de gas, que volvieron con ella en la encarnación actual como hijos suyos.
Ella pone fin a nuestro trabajo diciendo: “Todo está bien. He tenido que revivir sintiendo en esa sesión de regresión el dolor de esa vida pasada, viendo morir a mis padres y hermanos para dar valor a mi existencia actual y a todo lo que tengo hoy.
Dios, ¡muchas gracias!

“El hombre es la criatura que inventó la cámara de gas; pero, al mismo tiempo, es la criatura que fue a la cámara de gas de cabeza erguida, rezando el Padrenuestro o con la plegaria fúnebre de los judíos en los labios.”
Víctor Frankl – Renombrado psiquiatra austriaco, creador de la Logoterapia y superviviente de los campos de concentración nazis.


Sobre o autor
Shimoda
Osvaldo Shimoda é terapeuta especializado em Terapia de Regressão TRE, com foco em autoconhecimento, transformação emocional e integração de experiências de vida. Atende em seu consultório em São Paulo.
Site: www.osvaldoshimoda.com.br
Tel.: (11) 99286-4497 (agendamentos)
Email: [email protected]
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