Como psicoterapeuta y estudioso del comportamiento humano, siempre tuve interés en saber como se procesan los cambios efectivos en el comportamiento de las personas y, en especial, de las que presentan problemas en la esfera amorosa, inclusive porque es grande el número de pacientes que me buscan por este motivo en mi consultorio.
La dificultad que muchos encuentran en lidiar con esa área de la vida se refleja también en los romances, novelas, canciones populares, donde comúnmente se habla de amor, traición, celos, rechazo, amor no correspondido, incomprensión, etc. Por lo tanto, es grande el número de personas que está en constante búsqueda –sin éxito-, de una relación amorosa. Esta es una dificultad que parece afectar más frecuentemente a las mujeres que a los hombres (la clientela que me busca por este motivo es predominantemente femenina), probablemente porque las mujeres son más sensibles a sus necesidades de amor (no que los hombres no lo sean) y, por lo tanto, menos capaces de adaptarse a la falta de amor.
De esta forma, las que viven solas justifican que sólo aparecen en sus vidas hombres problemáticos, complicados, casados ó que no quieren involucrarse y no están disponibles. En vista de esto, es común que muchos seres humanos lleven una vida llena de limitaciones, frustraciones y angustias, cultivando el sentimiento de no ser amado y/ó nunca llegar a sentirlo, es más común todavía que la persona salte de una relación amorosa a otra, ó que esté en constante crisis por la incapacidad de resolver sus problemas afectivos.
Siendo así, las quejas e indagaciones más frecuentes que escucho en mi consultorio son: “¿Por qué mis relaciones amorosas no funcionan?”, “¿Por qué nunca amé ni fui amada?”, “¿Por qué mis relaciones amorosas son tan complicadas?”, “¿Por qué solo atraigo a hombres que son agresivos, violentos, posesivos, celosos, mezquinos de afecto, que me desvalorizan?”, “Por qué no consigo gustar de alguien, vincularme afectivamente?”, “¿Por qué no consigo desvincularme de ese hombre, aunque sepa que esa relación no me va a llevar a ningún lugar?”.
Freud, el padre del psicoanálisis, definió la felicidad como “sexualidad y sociabilidad naturales, espontánea satisfacción por el trabajo y capacidad de amar”. El fracaso amoroso, en muchos casos, es decurrente de la incapacidad de amar, o sea, del miedo a la intimidad (miedo de involucrarse y acabar sufriendo una nueva desilusión amorosa). Por causa de ese temor, inconscientemente hombres y mujeres “seleccionan” pares no disponibles, ó también con miedo a involucrarse. No obstante, en la mayoría de los casos, el encuentro entre un hombre y una mujer no es fortuito, accidental, como muchos creen, sino el fruto de un rescate, de un conflicto kármico. Es lo que constato en mi trabajo con la TRE (Terapia Regresiva Evolutiva) – La Terapia del Mentor Espiritual, abordaje psicológico y espiritual breve, creada por mí.
Al conducir más de 7000 sesiones de regresión, donde millares de hombres y mujeres pasaron por esa terapia para resolver sus problemas afectivos, apenas en algunos casos no conseguí establecer un eslabón de vidas pasadas. Siendo así, no tengo dudas en afirmar que muchas parejas en esta vida actual ya estuvieron juntas también en existencias pasadas. Y, por lo tanto, es un rescate kármico.
Observo también en mi práctica clínica, que toda relación kármica acostumbra tener muchos conflictos, es truncada, difícil, dolorosa, no “ata” ni “desata”, con idas y vueltas, o sea, de encuentros y desencuentros. Y, por más que la pareja intente salir de esa relación, no lo consigue, por causa del vínculo de amor y odio que se creó.
Destaco aquí, que los seres humanos –encarnados y desencarnados- se unen no sólo por el amor, sino también por el odio. Están, por lo tanto, ligados por lazos psíquicos, energéticos advenidos de vidas pasadas. En estas relaciones conturbadas, frecuentemente la TRE, a través del mentor espiritual del paciencia (ser desencarnado directamente responsable por nuestra evolución espiritual), revela la causa de ese conflicto, para que la pareja pueda liberar las amarras (bloqueos) de su pasado. Vea a seguir el caso de una paciente que me buscó porque tenía mucho miedo a la intimidad, o sea, a entregarse afectivamente en su relacionamiento con su novio.
Caso Clínico: Miedo a la Intimidad
Mujer de 28 años, soltera.
La paciente vino a mi consultorio queriendo entender el por qué de su inseguridad, miedo de ser abandonada por su novio en caso de contrariarlo. Por causa de ese temor, no conseguía verbalizar, expresar clara y directamente su insatisfacción ó desacuerdo delante de determinadas actitudes de su novio. De esta forma, se cerraba en un mutismo ó explotaba llorando pero sin expresar verbalmente lo que la incomodaba. Aunque sintiera afecto, amor por el novio, tenía también mucha dificultad para entregarse a esa relación, de demostrar el amor que sentía por él, porque creía que si hiciera eso se sentiría vulnerable, frágil, y correría el riesgo de que él se aproveche de esa “debilidad” y la abandone.
Desde niña siempre fue muy cerrada, introspectiva, sentía tristeza, melancolía profunda, un vacío y falta de motivación por la vida sin encontrar un motivo real que justifique ese sentimiento. En reuniones sociales, prefería aislarse –permanecía observando y escuchando a las personas-, y hablaba poco. Reservada, no se abría ni con sus familiares. En la regresión me dijo: “Veo tres niños –una niña y dos niños– llevándome para un portón (es un artificio técnico que utilizo en la regresión de memoria para que el paciente lo atraviese como un portal que separa el pasado del presente, el mundo espiritual del mundo físico. En verdad, ese portón simboliza la barrera de la memoria, el “velo del olvido del pasado” de Allan Kardec). Reconozco a la niña, es la misma que aparece en mis sueños desde mis 15 años de edad (pausa). Ellos ahora me están ayudando a atravesar el portón. Esos niños son entidades espirituales desencarnadas, están vestidos con ropas blancas hasta los pies. Siento también la presencia de mi mentor espiritual, aunque no lo vea, sé que él está cerca de ese portón (muchos pacientes suelen visualizar a su mentor espiritual, mientras que otros no lo ven, pero intuitivamente sienten su presencia). Pasé el portón y ahora estoy viendo neblina. El lugar parece ser Londres. Veo hombres y mujeres caminando en una calle de paralelepípedos. Yo soy mujer, estoy caminando por esa calle. Llevo un vestido negro, pesado, largo y armado, típico de aquella época antigua (la paciente no supo precisar que época). Me siento perdida, confundida, fui abandonada por mi marido. Siento que él es mi novio en la vida actual (la paciente comienza a llorar). No entiendo por que ocurrió ese abandono”…
- Vaya hacia un momento anterior a esa escena, retroceda para ver lo que pasó para ser abandonada – pido a la paciente.
“Siento ahora que mi mentor espiritual me arrastra de esa escena –de la calle donde estaba en esa vida pasada– para ser telespectadora. Él me pide que apenas observe las escenas de mi pasado; insiste en recordarme que esas escenas no existen más y que esos sentimientos de dolor y falta de voluntad de vivir que sentí en esa vida no me pertenecen más.
Ahora veo que mi marido y yo vivíamos una vida de muchas privaciones, de mucha pobreza, aunque no teníamos hijos. Nos amábamos, pero él se fue en búsqueda de ganar dinero fácil y me abandonó sin explicarme nada, simplemente salió de casa para ir a vivir con una mujer más vieja que yo. Era una mujer de dinero, y yo acabé sola (la paciente llora copiosamente)”.
- Avance un poco más para adelante en la escena, prosiga – pido a la paciente.
“Yo salgo caminando por las calles y nunca más vuelvo a donde vivía. Ando sin rumbo, sin perspectiva, caigo en el auto-abandono, enloquezco”.
- ¿Cómo se siente? – Le pregunto.
“¡Él no pudo haber hecho esto! Ando por las calles deambulando” (Pausa).
- Avance más adelante en esa escena, años después – Le pido nuevamente.
“Perdí la alegría, la voluntad de vivir, porque no acepté esa separación. Nunca más volví a verlo…Mi mentor espiritual me está diciendo que en esa vida pasada yo debía desapegarme y aprender a amarlo de forma real, sin cobranzas. Dejé de aprovechar y de aprender lecciones importantes. Dice que es una vida en la que aprendí muy poco porque sentí mucha tristeza y un rechazo profundo. Me dice además que yo tenía que aprender a renunciar a los sentimientos de posesión, de apego y dejar al ser amado seguir otros rumbos. Pero yo quise que él permanezca a mi lado. Ahora, él vuelve a mostrar la escena de aquella vida pasada. Estoy caminando por la calle, sin destino, sin objetivo. Me veo sucia, con ropa andrajosa, sufriendo después de ese abandono, sin la menor preocupación de desvincularme del amor no correspondido. Mi mentor también me está diciendo que yo podría haber hecho muchas cosas diferentes. Podría haber ejercitado el verdadero amor por el prójimo trabajando en comunidades con personas que como yo estaban pasando por los mismos problemas. Aclara que si hubiera hecho eso, en lugar de enclaustrarme en la amargura, habría un reencuentro entre mi marido de esa vida y yo para ajustes y estaríamos viviendo el amor que sentimos de forma diferente, sin una carga ilusoria no alimentada. Siendo así, viviríamos situaciones que nos llevarían a la evolución, maduración”.
- Vaya para el momento de su muerte en esa vida – le pido a la paciente.
“En mi desencarnación, llevé sentimientos de tristeza y melancolía muy profundos. Son los mismos sentimientos que traigo en mi periespíritu (cuerpo espiritual) en la vida actual. Queda en claro porque desde niña siento un vacío, tristeza y melancolía tan profundos. Después del abandono en esa vida pasada, no me veo relacionándome con nadie. Yo me cerré, no conversaba con las personas, me volví una indigente, vivía en la calle. La impresión que me viene es que permanecí totalmente enajenada de mí y de la realidad que me cercaba. Vivía alejada de todo, sobrevivía comiendo restos de comida de la basura. La vida no tenía importancia. Todavía traigo en esta vida actual este encierro, aislamiento y melancolía. También traigo el miedo a la pérdida, a ser abandonada. Con el abandono en aquella existencia, me aislé, enclaustré, sin compartir con nadie mi dolor. Esto explica también el porque de hoy sentir miedo de expresar mi amor por mi novio.
En la vida actual, todavía creo que si expreso verbalmente mis verdaderos sentimientos por él, voy a volverme vulnerable, frágil, porque en mi vida pasada yo me entregué totalmente y él me abandonó. Mi mentor me está diciendo que aquella vivencia pasada era lo máximo que mi novio de la vida actual podría haber hecho. O sea, dentro de su conciencia y evolución espiritual en esa época, por el sufrimiento por la falta de dinero, él optó por quedarse con una mujer de dinero. Sin embargo, después de que yo desencarné, él supo que me convertí en una indigente. Eso hizo que se sintiera muy culpable y, luego de fallecer, llevó consigo el peso de la culpa. Él todavía carga en esta vida actual ese sentimiento, aunque no tenga conciencia de eso (la barrera de la memoria no lo deja recordar). Además, mi mentor aclara que tanto mi novio como yo somos el reflejo de nuestras vivencias, de los estudios y esclarecimientos que tuvimos en el plano astral (mundo espiritual) y en otras vidas pasadas. Pero el miedo de él de equivocarse nuevamente conmigo todavía es muy grande, aunque el lazo que nos une sea de amor. Dice además que hay muchos desafíos que tienen que ser superados entre nosotros. Además, dice que una vida harmoniosa nos espera porque existe un compromiso que aceptamos antes de re-encarnar en la vida actual, de traer seres de luz (hijos) de nuestra unión. Sin embargo, el libre-arbitrio existe en nuestras actitudes y será determinante para que eso suceda. Él afirma que cada cual es responsable por aquello que decide hacer y que nosotros no pertenecemos unos a otros, sino que compartimos la existencia uno al lado del otro.
Mi mentor espiritual aclara:
“Todas las personas con las cuales ya convivimos, estamos conviviendo y conviviremos, son en realidad compañeros de un mismo viaje, de una misma jornada. La verdad nos enseña que nadie se realiza ni camina hacia la realización sin los otros. Pero, para que eso suceda, nadie puede exigir que los otros (padres, hijos, marido, mujer, amigos, etc.) carguen con la existencia de uno, o sea, que caminen por uno las calles de la vida. Los otros serán nuestros cooperadores, socios y compañeros, mientras eso sea necesario, sucediendo lo mismo con nosotros en relación a ellos. En vista de eso, ama a las personas sin sujetarlas. Es posible que un día tanto vos como las otras personas no consigan continuar permaneciendo juntas por causa de nuevas tareas que la vida les reserva. Acéptalos como se muestran sin querer modificarlos. Recuerda: Las personas no nos pertenecen. Déjelas vivir y siga adelante en la construcción de una vida mejor en si misma. Cuando una relación se termina – cualquier tipo de relación – debes agradecer a la vida por haber tenido la oportunidad de haber tenido esa relación. Las personas vienen, se van y llevan un poquito de vos. Si permaneces apegado por el hecho de tu relación amorosa no haber funcionado, impedirás tu crecimiento, tu evolución. Mientras duró, ambos aprendieron. Las personas son pasajeras en nuestras vidas. Mientras vivas en función del pasado, mirando para atrás, te transformarás en una estatua. El apego de mirar hacia atrás es lo que le hace mal a tu vida, la paraliza, te impide de vivirla. Permítete ser feliz, déjate ser feliz, no te apegues a aquella vida del pasado. Abre tus ojos, deja salir esa niña maravillosa que hay dentro de ti. Saca todo el peso de tu espalda, relájate, no te tenses tanto. Ten un rostro más alegre, sonriente. En verdad, la felicidad es todo lo que está a tu alrededor. Si comienzas a gustar realmente de vos misma, a tener auto-estima, todo va a mejorar en tu vida. Vive él hoy. Haz tu parte que el Universo hace el resto. Visto desde este ángulo, es posible el aprendizaje pleno: la madurez de tu novio y la sanación de lo que ocurrió en el pasado. Pero esto será fruto del merecimiento de cada uno.
Mi mentor resalta que la propia vida se encargará de providenciar los encuentros necesarios ya que los frutos de mis miedos y de mi inseguridad aún bloquean ese camino.
Pero dice que basta que yo esté atenta para no dejar que esos sentimientos me afecten, y con el corazón lleno de serenidad y amor todo se resolverá felizmente en breve. Estoy sintiendo aquí en el consultorio la presencia de mi mentor y de aquella niña que junto con aquellos dos niños me ayudaron a atravesar aquél portón en el inicio de la regresión. Esa niña aparece en mis sueños en la vida actual hace muchos años. Él dice que esa niña puede ser mi hija en la encarnación actual”.
Luego de pasar por dos sesiones más de regresión, la paciente estaba sintiéndose más suelta, más expansiva con las personas. No sentía más aquél vacío, tristeza sin fin ni melancolía profunda.
Estaba más motivada por la vida porque ya no sentía más el miedo de ser abandonada por el novio. En lugar de entrar en un mutismo ó explotar en llantos cuando él la desagradaba, ahora estaba consiguiendo dialogar, verbalizar su insatisfacción, así como demostrar afecto por su novio.
Sobre o autor
Osvaldo Shimoda é terapeuta especializado em Terapia de Regressão TRE, com foco em autoconhecimento, transformação emocional e integração de experiências de vida.
Atende em seu consultório em São Paulo.
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Tel.: (11) 99286-4497 (agendamentos) Email: [email protected] Visite o Site do Autor