¿Encontrar a tu alma gemela?
¿Ser madre? ¿Salud plena? ¿Un matrimonio feliz? ¿Armonía familiar? ¿Reconquistar a la persona amada?
¿Éxito financiero y profesional? ¿Equilibrio, paz interior?
En fin, ¿qué es lo que más deseas de corazón, desde el fondo de tu alma?
Has de saber que, para lograr lo que quieres, es imprescindible responder a cuatro cuestiones fundamentales:
1) ¿Qué necesito cambiar, o de qué tengo que abrir mano?
En la vida nada viene de regalo, todo tiene su contrapartida, su sacrificio para conseguir lo que se anhela;
2) ¿Qué precio tendré que satisfacer con ese cambio?
3) ¿Estoy dispuesto a pagar ese precio?
4) ¿Voy realmente a pagar ese precio?
En la TRE (Terapia Regresiva Evolutiva) – La Terapia del Mentor Espiritual – Abordaje psicológico y espiritual breve, creado por mí, al conducir más de 7000 sesiones de regresión de memoria, he aprendido (y sigo aprendiendo) con las sabias orientaciones del mentor espiritual (ser desencarnado directamente responsable por nuestra evolución espiritual) de cada paciente acerca del origen de sus problemas y su resolución. En esta terapia el paciente, al comunicarse con su mentor espiritual, descubre la perfección de la vida y la manera limitadora en como la veía. Pero ¿a qué se debe que tengamos esa visión tan restricta de ella, de su funcionamiento? La respuesta está en el velo del olvido del pasado (barrera de la memoria que se manifiesta en todos nosotros bajo la forma de amnesia), que nos vuelve ignorantes, inconscientes acerca de nuestras vidas anteriores. Debido a eso hay muchas indagaciones y pocas respuestas en relación a lo que nos aflige, nos angustia. Muchos quieren entender la vida bajo un prisma cartesiano, lógico, lineal, considerando que ella es una ciencia exacta.
Jung, el gran psicoanalista suizo, gigante de la psicología, discípulo de Freud, decía que: El consciente es una pequeña isla localizada en el mar inmenso del inconsciente. Realmente, somos más inconscientes que conscientes debido a ese velo que encubre el pasado, principalmente el de otras encarnaciones, el cual nos impide saber la causa de nuestros problemas y miserias. Pero si la sabiduría de la vida ha extendido ese velo sobre nuestro pasado, debemos respetarlo.
Por eso, en la TRE, es siempre el mentor espiritual del paciente quien va a descortinar – o no – el velo de su pasado, pues es él quien sabe si aquél está preparado para la regresión de memoria. Lo mismo sucede también en relación a la progresión de memoria (revelación futura) cuando el mentor espiritual así lo crea necesario.
En cierta ocasión un paciente indagó a su mentor espiritual por qué motivo – pese a sus esfuerzos, dedicación y competencia profesional – no triunfaba profesional y financieramente...
El mentor espiritual le respondió:
Para triunfar no basta tener competencia profesional, esfuerzo y dedicación; es preciso exponerse, mostrar a las personas nuestra competencia, nuestro talento. Si deseas triunfar, tienes que abrir mano de tu vanidad, pues temes al juicio ajeno, a lo que vayan a pensar de ti. Recuerda: quien triunfa sobresale, se hace ver y, con eso, se le observa. Siendo así, las críticas y opiniones contrarias se producirán inevitablemente. Cuando abras mano de tu vanidad y te expongas sin temor a defender tus ideas, actuando de acuerdo con tus convicciones, mostrándote tal como verdaderamente eres, puedes estar seguro de que triunfarás en tu emprendimiento.
En otro caso, una paciente quería entender el por qué de sus reiterados fracasos amorosos. Al conversar con su mentor espiritual en una de las sesiones de regresión, éste le reveló: lo que denominas fracaso en tus relaciones afectivas, no lo consideres de esa forma, pues te está siendo reservada la persona adecuada. Ésta sí es el ser destinado para ti. No obstante, para que eso ocurra, es necesario que ambos estéis maduros para que se produzca el encuentro. Para eso, tú tienes que abrir mano de tu intolerancia, de tu individualismo, tienes que desear verdaderamente compartir tu vida con él. No es el caso de él, pues ya se encuentra preparado para ello. Que sepas que él solo está aguardando a que se produzca el cambio en ti para que ambos estén listos para ese encuentro, o mejor dicho, reencuentro, pues él ya ha sido tu esposo en una vida pretérita.
Caso Clínico:
¿Por qué tuve que ser adoptada y separada de mi familia biológica?
Mujer de 30 años, soltera
La paciente acudió a mi consultorio tratando de comprender por qué tuvo que pasar por la experiencia de adopción.
Benjamina de una familia de seis hermanos, a la edad de 6 años la paciente fue adoptada por la familia en la que su hermana mayor cuidaba al bebé de la señora. Nunca aceptó ser retirada de su familia biológica para vivir en una familia extraña. Pese a que fue bien acogida y tratada con todo respeto y cariño por la familia adoptiva, siempre la incomodó el hecho de no ser hija de sangre de esa familia. Se sentía abandonada por la ausencia de sus padres biológicos (la madre vino a fallecer cuando la paciente tenía 2 años y no se sabía el paradero del padre, pues éste había abandonado a los hijos).
Sentía además una carencia profunda, un vacío que no lograba llenar. Debido a ese sentimiento de abandono, cuando rompía un noviazgo quedaba reforzaba su creencia de que no era digna o merecedora de ser amada verdaderamente. No creía, por tanto, que un día pudiese constituir su familia y tener una relación estable en el matrimonio.
Pese a ser querida y amada por su familia adoptiva, era frecuente sentirse triste, quieta, y recogerse, aislándose. Se sentía trabada, bloqueada, no conseguía abrirse, compartir su íntimo con esa familia, pues se sentía muy cohibida al exponerse. El otro motivo que la llevó a mi consultorio era su depresión, debida a que no conseguía atar ni desatar con su compañero actual, con numerosas idas y venidas en esa relación. Vivían juntos, pero tenían que buscar nueva vivienda, pues ambos habían roto nuevamente la relación.
Después de la relajación inicial (era la segunda sesión de regresión, siendo que en la primera la paciente no había conseguido hacerla) le rogué que atravesase el portón – recurso técnico que utilizo en esta terapia, y que funciona como un portal que separa el presente del pasado, el mundo terreno del mundo espiritual –, así me relató:
“No me veo atravesando el portón, permanezco parada, no consigo atravesarlo... La impresión que tengo es de resistencia por mi parte. Es miedo y resistencia.”- ¿Miedo a qué? – Pregunto a la paciente.
“Siento miedo a saber la verdad, a que si atravieso ese portón voy a enterarme de cosas dolorosas, o sea, de lo que hice en vidas pasadas... Ahora el portón se ha esfumado, ya no veo nada más. Estoy totalmente ligada aquí en su consultorio, me he desconcentrado.”
Es importante aclarar al lector que en algunos casos el paciente no consigue atravesar el portón, y con ello hacer regresión a su pasado, debido a dos tipos de bloqueo: a) Bloqueo interno (psicológico): Creado por el propio paciente, resultado de experiencias dolorosas, traumáticas de su pasado, en esta vida (infancia, nacimiento, útero materno) o de vidas pasadas.
Por tanto no hace regresión por miedo a volver a vivenciar esas experiencias.
b) Bloqueo externo (interferencia espiritual externa): Es el espíritu obsesor – desafecto de su pasado, de esta o de otras vidas – quien frena, sabotea, no dejando que el paciente se concentre en la sesión de regresión para “atravesar el portón”.
En estos casos, cuando el paciente no consigue hacer regresión o tampoco conversar con su mentor espiritual para recibir sus orientaciones acerca de la causa de su(s) problema(s) y su resolución, pido auxilio a la médium Ana Claudia, a fin de que, en estado de trance, acceda al campo de energía del paciente y sirva de puente para que éste pueda comunicarse con su mentor espiritual. Si fuese necesario, la sensitiva también lo incorpora.
Voy a transcribir en su integridad lo que la mentora espiritual de la paciente transmitió a Ana Claudia en relación a la causa de sus problemas, resolución, y revelaciones de la vida futura (cuando es necesario, el mentor espiritual hace una progresión, es decir, revelación de acontecimientos futuros de la vida del paciente):
“La paciente en una vida pasada se llamaba Lucía; era una mujer que nunca estaba satisfecha con lo que tenía. Se casó con un hombre llamado Olavo y tuvieron 13 hijos. La familia biológica de hoy está formada por sus hijos de esa vida pasada; todos fueron vendidos o cambiados por algo de que ella y su marido necesitaban, como: un buey, un caballo, gallinas, etc. Olavo no quería, no estaba de acuerdo con esa permuta, pero ella era muy autoritaria y acabó imponiendo su voluntad. Su madre biológica de la vida actual, ya fallecida, se encuentra bien allá, en el plano espiritual, esperando la oportunidad de reencarnarse nuevamente como hija suya. En verdad, su familia adoptiva fue un bálsamo para que la paciente no sufriese tanto (pausa). Quien está aquí en el consultorio, muy resentido, obsediéndola y haciéndola sufrir mucho es Olavo, su marido de esa vida pasada. Lo veo triste, mirada perdida, llora mucho. Está muy arrepentido por haber vendido a sus hijos en aquella vida pasada, dice que quería tener la oportunidad de volver atrás y remediar su error, pero sabe que eso ya no es posible. El nombre de la mentora espiritual de la paciente es Anita y me dice:
“Ella ya ha aprendido la lección en la vida presente, pues ha pasado por todos los percances con mucha resignación. Ahora, deberá encontrar la mujer maravillosa que es, cultivando el sentimiento de gratitud por haber sido adoptada en la vida actual por esa familia que la ha acogido con mucho cariño. En relación a su familia biológica, todos han perdonado ya, no queda más que ella, que aún se mortifica mucho. Anita revela además que la persona con la cual la paciente va a constituir una familia ya está preparada. No obstante, para que esto ocurra, solo falta que ella se perdone y no vuelva a sentirse como víctima, como pobrecita.
A pesar de lo que hizo en aquella vida pasada, ella tuvo su ((Dharma, que en sánscrito significa “Ley natural”, crédito a recibir, fruto de buenas obras practicadas, tanto en vidas pasadas como en la vida actual)) Dharma(*), pues ha aprendido – mediante el dolor – a dar valor a la familia.
Olavo ya no será un problema, ya no volverá a obsederla, pues será conducido a la luz, y quién sabe tendrá la oportunidad de reencarnarse, volviendo como hijo suyo también.”
- ¿Encontraré mi lugar, mi rincón para vivir? – Pregunta la paciente a su mentora espiritual.
Ana Claudia, la sensitiva, responde: “Tu mentora dice que sí, pero para eso te ruega que agradezcas de corazón a tu familia adoptiva, dejando a un lado tu orgullo, sin sentirte encogida para abrirte y pedirles ayuda y orientación. También pide que seas más firme con tu actual compañero, no envolviéndote más con él, ya que te hará desviar de tu verdadero camino, al no ser el hombre conveniente para ti. El hombre apropiado, según ha revelado anteriormente tu mentora espiritual, solo espera tu cambio interior para acercarse a ti.
Ella reitera que lo que has venido a aprender en la vida actual es a dar valor a la familia, lo cual no habías hecho en la vida pasada.
Finaliza agradeciendo a usted, Dr. Osvaldo, y a mi, y afirma que, gracias a esta terapia, ella ha tenido la oportunidad de manifestarse y conversar con la paciente para orientarla mejor acerca de sus problemas e igualmente en su evolución espiritual”.
Sobre o autor
Osvaldo Shimoda é terapeuta especializado em Terapia de Regressão TRE, com foco em autoconhecimento, transformação emocional e integração de experiências de vida.
Atende em seu consultório em São Paulo.
Site: www.osvaldoshimoda.com.br
Tel.: (11) 99286-4497 (agendamentos) Email: [email protected] Visite o Site do Autor