Mentor espiritual, tu verdadero amigo

Mentor espiritual, tu verdadero amigo
Publicado dia 1/14/2010 4:28:15 PM em STUM WORLD

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Traducción de Teresa - [email protected]

Los lectores asiduos de mis artículos en este Website ya se han acostumbrado con los relatos de mis pacientes que han pasado por la TRE (Terapia Regresiva Evolutiva) – La Terapia del Mentor Espiritual – Abordaje psicológico y espiritual breve, canalizado por mí por los Espíritus Superiores del Astral, y han logrado curarse, transformarse profundamente tras entrar en contacto con su mentor espiritual (ser desencarnado directamente responsable por nuestra evolución espiritual) y recibir sus orientaciones acerca de la causa de su(s) problema(s) y su resolución.
Siendo así, quiero en este artículo profundizar más hablando sobre ese ser espiritual bienhechor, nuestro verdadero escudero, maestro y amigo fiel, que nunca nos abandona – aunque muchas personas desconozcan su existencia –, principalmente en los peores momentos de nuestras vidas.

De esta forma, hago aquí un homenaje a los mentores espirituales de los pacientes, agradeciendo de corazón su presencia y ayuda en esta terapia, pues sin su colaboración, seguramente mis pacientes no conseguirían alcanzar el triunfo, el éxito en su tratamiento. Por conocerlo profundamente, pues vienen acompañándolo en varias encarnaciones, el mentor espiritual del paciente en esta terapia va derecho al punto, sin perder tiempo, mostrándole la causa verdadera de su(s) problema(s). De ahí la brevedad, la seguridad y la efectividad que caracteriza a la TRE.

Sin duda alguna, el mentor espiritual es un gran maestro, un ser espiritual experimentado que ha alcanzado un nivel de evolución espiritual más elevado. Hay pacientes que tienen como mentor espiritual, por ejemplo, a los maestros ascendidos como el maestro Saint Germain (7º rayo – Llama violeta: transmutación, purificación y magnetización), el maestro Hilarion (5º rayo: Llama verde: verdad, abundancia y cura), maestro Seraphis Bay (4º rayo – Llama blanca: armonía, pureza y ascensión), etc.
En cierta ocasión, en una sesión de regresión, rogué a la paciente que preguntase a su mentor espiritual en qué encarnación él se había convertido en su protector y orientador.
- Desde siempre soy tu mentor espiritual, así contestó él a la paciente.
Ahora bien, sabemos que nosotros, seres espirituales en evolución, somos eternos, inmortales, pues la vida en sí no muere, no desaparece.
Otros afirman que vienen acompañando al paciente desde hace seis encarnaciones, ya han estado encarnados con él en otras vidas como padre, madre, abuelo, hermano, hermana, amigo, etc.
Están además aquellos que dicen que nunca han estado encarnados en la vida terrena con el paciente, sino tan solo en el plano espiritual.
Cuando el paciente le pregunta por qué motivo lo ha elegido para ser su mentor espiritual, las respuestas son de lo más diverso, desde por sentir un profundo amor por ti, por ser tu alma gemela, o incluso por afinidad y, con eso, le rogué a Dios poder ayudarte en tu evolución, etc.

El mentor espiritual está siempre ayudándonos, orientando, aconsejando – normalmente él nos intuye por medio de nuestros pensamientos – aun cuando no notemos su presencia en nuestro cotidiano.
Por eso es difícil para una persona de mente cerrada, que no sea abierta y receptiva, distinguir sus verdaderos pensamientos de aquellos que le son influenciados por su mentor espiritual. Cuando estás pensando en algo no muy virtuoso y, de repente, cambias de idea y haces lo que es correcto, puedes estar seguro de que tu mentor espiritual te ha influido en ese cambio de pensamiento.
De esta forma, somos todos médiums, o sea, canales de las fuerzas superiores, de los espíritus superiores de luz o de los seres inferiores de las tinieblas, conforme a nuestra frecuencia vibratoria, es decir, la de nuestros patrones de pensamientos, sentimientos y actitudes. En otras palabras, conforme a la Ley de la afinidad: Los semejantes se atraen.

Por tanto, si deseas tener compañía tan solo de buenos espíritus, de seres elevados, entra en la misma sintonía que ellos, cultivando buenos pensamientos, sentimientos y actitudes benevolentes.

En El Libro de los Espíritus, cuestión 459, Kardec, el codificador del Espiritismo, al preguntar al Espíritu Superior si los seres desencarnados influían en nuestros pensamientos y en nuestros actos, éste así le contestó: Mucho más de lo que imagináis. Influyen hasta tal punto que, de ordinario, son ellos quienes os dirigen.
El mentor espiritual del paciente suele intercambiar ideas en el Astral con sus pares, a fin de poder ayudarlo mejor. Por lo tanto, él se entera de esta terapia, la TRE, a través de otros mentores y sirviéndose de varios recursos le intuye para que acuda a mí.
Mis pacientes suelen relatarme hechos bastante interesantes e inusitados de cómo han sabido de esta terapia. Lo que más me llamó la atención de cómo los mentores espirituales trabajan entre bastidores para traer a sus pupilos a mi consultorio, ha sido la de una paciente que me dijo que supo de la TRE cuando mi artículo surgió en la pantalla de su computador sin hacer la búsqueda, o sea, sin entrar en mi sitio web (ella ni siquiera sabía de la existencia de mi sitio). Al leer el caso clínico de una paciente a quien atendí, se sintió sorprendida e intrigada por el problema presentado, pues era lo mismo que el suyo. En la narración del caso, parecía que se refería a ella, al problema por el que estaba pasando. Sin duda alguna, esa fue la forma que su mentor espiritual encontró para que ella viniese a mi consultorio.

Caso Clínico:
¿Por qué mi madre siempre me ha rechazado, humillado y maltratado?
Mujer de 50 años, divorciada.


La paciente acudió a mi consultorio tratando de comprender por qué desde pequeña su madre la descalificaba, humillaba, golpeaba y le decía que no servía. Aunque fallecida, guardaba todavía mucho resentimiento contra la madre.
Su madre le llamaba resto, basura, hija del demonio. Cuando se enojaba le escupía al rostro y decía tenerle asco. Por tanto, quería comprender por qué su madre albergaba tanto odio contra ella. Con su padre, en cambio, la relación era muy buena y armoniosa, había buen diálogo.
Al hacer regresión la paciente me relató: Estoy en un lugar lleno de murallas, de piedras... Es una prisión, una mazmorra de un castillo. Soy hombre, mi cabello es claro, largo, mis facciones son delicadas, pertenezco a una clase rica, de la nobleza.

- ¿Qué edad aparentas tener? – Pregunto a la paciente.
“Soy joven, de unos 30 años, llevo una camisa ancha, de prisionero, estoy encadenado por los pies, mis cabellos llegan a los hombros. Es en Francia esta vida pasada.”- Voy a contar de 4 a 1 y vas a retroceder antes de esa escena para saber qué es lo que ha pasado para que estés en ese calabozo – Digo a la paciente.
“Mi padre era el rey, quería cambiar, hacer un reinado diferente, pues no estaba de acuerdo con la intromisión de la Iglesia Católica en sus actos. La Iglesia quería mandar en todo, abusaba de la fe de los pobres, y yo tampoco estaba conforme con eso.
Yo, como hijo del rey, era joven, lleno de energía e ideas, pero no podía hacer nada porque era mi padre quien mandaba. Yo era además un bohemio, vivía rodeado de mujeres, me gustaba escribir, estudiar ciencia, misticismo, hacía experiencias extra-corpóreas (salidas del cuerpo), pues quería estar seguro de si realmente existía el mundo espiritual.
Quería también ayudar a mi pueblo a no ser tan sumiso a la Iglesia. Mi padre, aunque me apreciase, me consideraba débil, pues no tenía un porte físico aventajado y no me gustaban las armas, las espadas. En verdad, él hubiera deseado un hijo fuerte, que amase las batallas. Yo no creía en la guerra, en la violencia, sino en transformar el mundo por las ideas, hacer aliados y no enemigos. Pero mi padre me criticaba por eso. Yo era inteligente, perspicaz. (Pausa).

Mi padre murió y yo debía ser coronado como su sucesor, pero la Iglesia no me quería como rey. Existía también otra persona, un medio hermano, hijo bastardo de mi padre con otra mujer. Todos sabían que era hijo del rey, y él era el favorito de mi padre, pues era fuerte, un guerrero. Sin embargo, él me envidiaba mucho porque yo era hijo legítimo del rey. Contrariamente a mí, él era moreno, alto, fuerte, muy agresivo, le gustaba batallar; era realmente un guerrero. Y yo vivía rodeado de amigos, de mujeres, me gustaba charlar con la plebe. Por eso el pueblo gustaba de oírme, yo era muy querido, y eso causaba indignación y celos a mi hermano.
El rey, pese a todo, prefería que fuese yo quien le sucediese, porque me relacionaba bien con todo el mundo, sería un buen negociador para gobernar el reinado.
Mi hermano, por ser un buen guerrero, fue elegido por el rey para jefe de su ejército. Pero él quería el reinado, ser el rey. Por eso empezó a hacer intrigas. Mi padre murió porque fue envenenado por mi hermano para incriminarme, echándome la culpa del crimen. La Iglesia se alió con él para forjar las pruebas contra mí. Como yo hacía experimentos de ocultismo, me acusaron de hacer pactos con el demonio y de traición al rey. Me quitaron todo y me mandaron al exilio en una mazmorra, después fui muerto como enemigo del rey. (Pausa).

Mi hermano bastardo de esa vida es mi madre de la existencia actual (la paciente habla llorando); el rey es mi padre de hoy. Fui asesinado, guillotinado en plaza pública, después de haber sido maltratado, humillado por los soldados de mi hermano, que se convirtió en el nuevo rey.
Mi hermano entraba en la celda, gritaba conmigo diciendo que él no había tenido las mismas regalías que yo, con una buena vivienda, educación, ropas y comida. No conseguíamos relacionarnos bien, pues éramos muy diferentes; él tenía ideas completamente opuestas a las mías.
Yo era más dócil, más sensible, y él más rudo, más agresivo. Él no frecuentó las mismas escuelas que yo. Ahora comprendo por qué mi madre de la encarnación actual me humillaba, me descalificaba cuando pequeña. En realidad ella había traído aún a la vida actual el odio que alimentaba contra mí en esa vida pasada. Ella hubiera querido ser yo y ser amada por mi padre, el rey, que hoy vino como su marido. Verdaderamente, mi madre amaba a su marido como a nuestro padre de aquella existencia pasada.
Por eso ella siempre disputaba conmigo el amor de él. Ella sentía celos de mí como si yo fuese una hermana y no su hija. Explica además por qué cuando pequeña mi madre me cortó el cabello bien cortito y me llamaba “Juanito”. Yo era muy femenina, ella sentía celos de mi cabello. (Pausa).

Veo ahora en el consultorio a un hombre muy viejecito de cabello blanco. Es un ser de luz... Él dice que es mi mentor espiritual (la paciente habla llorando).
Él dice: “Hija, he sido yo quien te ha intuido para venir a este consultorio. Tenía mucha necesidad de hablar contigo, pero estabas distante. Soy yo quien se queda a tu lado y te influyo, te intuyo y te oriento. Tú hablas conmigo y te parece que estás hablando contigo misma. Pero lo más importante es mantener ese diálogo interno, porque soy yo, orientándote.
Hija, el pasado ha de quedar atrás, no importa si has hecho el bien o el mal, pues todo es experiencia. Si hoy eres lo que eres, se debe a los caminos tortuosos que has recorrido en el pasado. Pero no creas que tú eres la única en cometer errores, nadie está inmune al error. Por eso Cristo dijo: “Vigilad y orad”.
Vigila tus pensamientos, ora para tener fuerzas. Has dado un gran paso al venir a esta terapia, estoy muy feliz por ti. Hija, tú y tu madre ya habéis vivido otras existencias siempre una perjudicando a la otra. Haz la oración del perdón para que ambas podáis reconciliaros verdaderamente.

Sería bueno también practicar la meditación para percibir que estás ligada a un Poder Mayor que dirige el Universo y a la gran nave madre, la Tierra. No encares la vida como un sufrimiento. Tu victoria también es nuestra, es de toda la humanidad, pues somos todos uno. Cuando uno se levanta, todos se levantan; cuando uno cae, todos también caen. Recuerda: ¡Somos todos uno!
Cuando todos perciban esto, ya no habrá más conflictos.
Humildad es reconocerse como hija de Dios aquí y ahora. Es todo cuanto tenía para decirte hoy. Es lo bastante para acelerar tu memoria espiritual que ya había aprendido todo eso antes, si bien el aprender es eterno. ¡Aprended y practicad! Ese es el camino que Cristo y los grandes maestros han recorrido.
¡Que la paz de Cristo esté con todos vosotros!”


Sobre o autor
Shimoda
Osvaldo Shimoda é terapeuta especializado em Terapia de Regressão TRE, com foco em autoconhecimento, transformação emocional e integração de experiências de vida. Atende em seu consultório em São Paulo.
Site: www.osvaldoshimoda.com.br
Tel.: (11) 99286-4497 (agendamentos)
Email: [email protected]
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