El guerrero de la luz conoce la importancia de la intuición. En medio de la batalla, no tiene tiempo para pensar en los golpes del enemigo – entonces, se sirve de su instinto, y obedece al ángel. En los tiempos de paz, descifra los signos que Dios le envía. La gente dice: ‘está loco’. O entonces: ‘vive en un mundo de fantasía’. O bien: ‘¿cómo puede confiar en cosas que no tienen lógica?’. Pero el guerrero sabe que la intuición es el alfabeto de Dios, y continúa escuchando al viento y hablando con las estrellas.
Manual del Guerrero de la Luz – Paulo Coelho.
Es muy común que vengan pacientes a mi consultorio tratando de conocer su real propósito de vida, su verdadera vocación, su camino profesional; en fin, su misión de vida. Por no encontrarla se sienten confusos, perdidos, insatisfechos e inquietos, porque el alma es despiadada, implacable, nos lo reclama siempre que no estamos dando lo mejor de nosotros o si nos desviamos de nuestro verdadero propósito de vida, a lo que hemos venido en la encarnación actual.
Pero ¿qué hace que la mayoría de las personas no sepa a ciencia cierta qué es lo que han venido a hacer en esta existencia, desviándose o incluso perdiéndose de los reales motivos que las han traído a la encarnación actual?
La respuesta está en la barrera de la memoria – término empleado por Freud, el padre del psicoanálisis, que se manifiesta en forma de amnesia – y nos impide recordar, acceder a los recuerdos de nuestras vidas pasadas, así como a nuestro programa reencarnatorio (y es lo que en la encarnación actual necesitamos aprender, a qué personas tenemos que ayudar, con quién tenemos que reconciliarnos, los rescates kármicos con padres, hijos, hermanos, parientes, amigos, las malas costumbres e imperfecciones, rasgos de personalidad que tenemos que cambiar, experiencias de vida que es preciso que pasemos, con quién nos casaremos y constituiremos una familia, etc.)
El programa reencarnatorio está registrado en el Libro de la Vida que elaboramos en el Astral antes de reencarnarnos, de común acuerdo con nuestro mentor espiritual, que es un Espíritu superior, responsable directamente por nuestra evolución espiritual.
Sin embargo, después de reencarnar lo olvidamos, porque el planeta Tierra está constituido por una estrecha franja de fuerte magnetismo, que nos impide acceder a nuestra memoria extra-cerebral (las experiencias de nuestras existencias pasadas están todas grabadas en nuestro periespíritu, que es nuestro cuerpo espiritual). Siendo así, al reencarnar olvidamos automáticamente nuestras encarnaciones pasadas. Por tanto, como habitantes de este planeta, estamos todos en la condición de seres amnésicos, sujetos a la Ley del olvido, una de las leyes universales. Así como estamos subordinados a la Ley de la gravedad, una de las leyes de la física que todo lo atrae hacia el centro de la Tierra, y nos impide levitar, lo mismo ocurre con la Ley del olvido, que nos impide recordar las existencias pasadas y el propósito de esta encarnación.
La Ley del olvido explica por qué hay personas (quizá la gran mayoría) que consideran que están aquí por primera vez en esta vida terrena, y con ello, no creen en la teoría de la reencarnación.
Freud llamaba barrera de la memoria a esa amnesia; los sabios sacerdotes del antiguo Egipto la llamaban el velo de Isis, y Kardec, el codificador del Espiritismo, velo del olvido. Por tanto, todos se referían a lo mismo, pero sirviéndose de términos diferentes.
Kardec se refería además a ese velo como una bendición divina, un regalo de Dios, pues sería insoportable vivir en esta encarnación si no hubiese tal velo.
Sin duda alguna, sin su existencia recordaríamos espontáneamente todos nuestros errores y atrocidades cometidas en vidas pasadas debido a nuestras imperfecciones como espíritus en evolución, y debido a eso estaríamos muy perturbados o enloqueceríamos.
Aunque, si por una parte ese velo nos protege, preserva nuestra integridad psicológica, por otra nos hace ignorantes, inconscientes, y puede llevarnos a abandonar nuestro propósito de vida y los aprendizajes necesarios, desperdiciando así toda una encarnación.
En cierta ocasión, un médico ginecólogo y obstetra acudió a mí, insatisfecho con su profesión por no tener vida propia, pues su esposa se quejaba mucho de que él no participaba en la vida familiar debido a su trabajo. Él se desahogaba contando que había tenido que salir a toda prisa del cumpleaños de su hijita, que cumplía tres años, al tener que atender a un trabajo de parto. Por tanto, estaba en conflicto si debía o no continuar ejerciendo su profesión. No obstante, aunque optase por no continuar, alegaba que no lograba imaginarse en alguna otra profesión.
Al hacer regresión el paciente se vio en una vida anterior a la actual como partera, una mujer obesa, que también practicaba innumerables abortos como medio de subsistencia.
Tras esa regresión, llegó a comprender el por qué de haber venido en la vida actual como obstetra: era un rescate kármico, o sea, como en aquella vida pasada había practicado tantos abortos, segando vidas, vino en la encarnación actual para ayudar, esta vez, a generar vidas. Salió de la terapia con la certidumbre de que estaba en la profesión adecuada, y que debía seguir ejerciéndola.
En La TRE (Terapia Regresiva Evolutiva) – La Terapia del Mentor Espiritual – Abordaje psicológico y espiritual breve, canalizado por mí por los Espíritus Superiores del Astral, por el hecho de que el mentor espiritual del paciente lo conoce profundamente, va directamente al punto, mostrándole la causa verdadera de su(s) problema(s). En muchos casos, si lo entiende necesario o benéfico para el paciente, además le hará una progresión, es decir, una revelación futura en relación a su vida.
Véase a continuación el caso de una paciente que acudió a mi consultorio sufriendo una inquietud e insatisfacción muy grandes, por no saber cuál era su verdadera vocación, su misión de vida. Sabía que tenía que hacer algo, pero no sabía el qué.
Caso Clínico:
¿Cuál es mi misión de vida?
Mujer de 22 años, soltera.La paciente acudió a mí porque sentía una inquietud e insatisfacción muy fuertes a causa de no saber cuál era su misión de vida, su verdadero propósito de vida.
Esto la angustiaba mucho, pues su alma le exigía hacer algo, pero no sabía él qué; en fin, quería saber de qué forma podía servir a Dios.
Católica practicante, debido a los valores defendidos por su religión se sentía además en conflicto, al envolverse con un hombre casado.
Sin embargo, sentía que no era una relación cualquiera, pues había un lazo muy fuerte que les unía. Por eso, quería además comprender por qué fue a envolverse y a enamorarse precisamente de un hombre casado, ya que esto iba en contra de sus principios.
Al hacer regresión, me relató: Veo un hombre alto, lleva ropa clara, holgada. Él me está mirando. (Pausa).
- Pregunta quién es – Pido a la paciente.
“Es mi mentor espiritual, dice que quiere ayudarme a seguir el camino que me ha sido preparado” (la paciente habla llorando).
- Pregunta cuál es ese camino – Pido a la paciente.
“Él levanta la mano, señalando con el índice hacia arriba, y dice que es el camino de Dios. Pero para eso, he de seguir escuchando más a mi corazón. (Pausa).
Pregunté a mi mentor espiritual si debo o no seguir el camino de la consagración, haciendo el sacrificio a Dios, metiéndome monja.
Él contesta que sí, que mi camino es hacerme clarisa (Orden religiosa de la Iglesia Católica, en la cual la monja hace votos de castidad, pobreza y obediencia, permaneciendo en total clausura).
Mi mentor espiritual afirma que mi profesión es el arte (la paciente cursaba teatro), que habré de realizarme caso llegue a ejercerla, pero que esto no me completaría en plenitud. Revela que la felicidad plena solo la lograré sirviendo a Dios, renunciando a todo en total clausura.
Pero deja bien claro que la elección es mía. Reitera que si yo sigo el camino del arte, no voy a sentirme completa, saciada. Esto solamente lo conseguiré haciéndome clarisa.”
- Pregunta a tu mentor espiritual por qué solamente te sentirías completa siendo clarisa – Pido a la paciente.
“Porque es un saciarme espiritual, por tanto, de mi alma. Aclara que el arte es una expresión y también un don de Dios, pero como clarisa lograré dedicarme más a hacer obras en nombre de Dios y, siendo una persona común, sería más difícil”.
- Pregunta si tienes vocación para ser clarisa” – Pido a la paciente.
“Dice que sí, pero es una cuestión de tiempo, de maduración. Por eso me pide que termine mis estudios, y después de eso, aún tendré que esperar porque el ser clarisa, el ingresar en esa Orden, solo será posible cuando esté más madura para adaptarme a esa nueva vida.”
- Pregunta a tu mentor espiritual por qué te has envuelto con un hombre casado, enamorándote de él – Pido a la paciente.
“Dice que todo cuenta con permiso y propósito de Dios. Afirma que ese encuentro ha sido necesario para decidir en el futuro si continúo con él para el resto de la vida, o si renuncio para ser monja. Afirma además que esa experiencia amorosa va a servirme para no tomar el camino de la clausura por impulso o falta de otra opción, como muchas hacen.
Teniendo esa relación amorosa, porque ambos se aprecian verdaderamente, (la paciente nunca ha tenido una experiencia amorosa tan intensa como esa), si yo elijo el camino de la clausura, no podré luego quejarme o culpar a la vida por nunca haber tenido una experiencia amorosa. Él explica además que si yo no tengo esa experiencia, podría considerar la clausura como una fuga”.
- Pregunta a tu mentor espiritual cómo queda la relación con ese hombre, puesto que él está casado – Pido a la paciente.
“Dice que poco a poco Dios pondrá las cosas en su lugar; por ello, me ruega que no me sienta culpable – caso él se separe – porque todo está en los planes de Dios.
Forma parte de mi aprendizaje, aunque parezca un error, pero no es como yo pienso, porque las cosas suceden como tienen que ser para que yo madure.
La experiencia con ese hombre también forma parte de mi misión porque es un paso muy difícil para mí aceptar a una persona casada. Revela asimismo que ese hombre está angustiado porque no sabe qué hacer. Está en conflicto, pues su esposa es una buena persona, pero no lo hace feliz.
Pero dice que de cualquier forma voy a pasar por la experiencia casándome con él, pues Dios sabe que voy a tener que pasar por eso para posteriormente tomar la decisión de forma madura para ser monja.
Dice además que esa decisión se producirá en torno a los 40 años; por tanto, siendo más madura. Reitera que, tanto en la profesión de actriz, como en el matrimonio, no encontraré la plenitud que anhelo porque será un sacrificio conciliar la profesión y el matrimonio con mi verdadera misión.
Dice que cada persona nace para servir a Dios de una forma, y que en el caso de mi hermana, ésta tiene vocación para el matrimonio, y por eso ella se siente plena y feliz estando casada. Pero conmigo puede que esa felicidad no se produzca, pues en mi caso, no he venido con ese propósito como misión principal en esta encarnación. (Pausa).
Es muy difícil oír esto de él porque he tenido de mis padres toda una educación católica para casarme y constituir una familia (la Iglesia Católica desconsidera la misión particular de cada persona, pues no todas las mujeres han venido en la encarnación actual para casarse y constituir una familia, o sea, para ejercer la maternidad).
En relación a nuestro tratamiento, afirma que puede ocurrir que necesite volver a la terapia dentro de algunos años; si eso es necesario, él me lo intuirá.
Mi mentor espiritual está despidiéndose, le agradece a usted el haber sido un canal entre nosotros”.
Sobre o autor
Osvaldo Shimoda é terapeuta especializado em Terapia de Regressão TRE, com foco em autoconhecimento, transformação emocional e integração de experiências de vida.
Atende em seu consultório em São Paulo.
Site: www.osvaldoshimoda.com.br
Tel.: (11) 99286-4497 (agendamentos) Email: [email protected] Visite o Site do Autor