¿Por qué tengo miedo a sufrir si me entregase en una relación amorosa?
¿Por qué solo atraigo a hombres celosos y posesivos?
¿Por qué no consigo desvincularme, no ato ni desato de ese hombre (o mujer), aunque sepa que esa relación no va a llevarme a lugar alguno?
¿Por qué mis relaciones amorosas siempre son complicadas, conturbadas, de muchos conflictos?
¿Por qué no consigo constituir una familia?
¿Por qué mis relaciones amorosas no salen bien, no consigo afirmarme con nadie?
Son las quejas más frecuentes que oigo en mi consultorio. Es común también que los pacientes me relaten que van bien en todas las áreas de su vida, pero en la esfera amorosa… Por tanto, es grande el número de pacientes que están en constante búsqueda – sin éxito – de su felicidad amorosa.
En vista de ello, hombres y mujeres llevan una vida llena de limitaciones, frustraciones y angustias, debido al infortunio amoroso.
Como psicoterapeuta y estudioso del comportamiento humano, tras conducir más de 8000 sesiones de regresión, a través de la TRE (Terapia Regresiva Evolutiva) – La Terapia del Mentor Espiritual (ser desencarnado, responsable directamente por nuestra evolución espiritual) – Abordaje psicológico y espiritual breve, canalizado por mí por los Espíritus Superiores del Astral, he constatado que el infortunio amoroso de muchos pacientes es fruto de un rescate kármico.
Siendo así, la mayoría de las veces el encuentro entre un hombre y una mujer no es algo fortuito, ocasional, sino un reencuentro. O sea, la pareja ya ha estado unida también en otras existencias y, debido a errores cometidos en el pasado, ahora se han reencontrado para resolver sus pendencias y aprendizaje mutuo.
Explica también por qué toda relación kármica suele estar plagada de conflictos – muchas veces de idas y venidas, o sea, de encuentros y desencuentros – y, por más que la pareja intenta salir de esa relación, no lo consigue, debido a la ambivalencia afectiva (amor y odio) creada. Están, por tanto, ligados por lazos psíquicos de amor y odio provenientes de una existencia pasada.
La TRE, a través del mentor espiritual del paciente, revela la causa de ese conflicto, para que la pareja pueda liberarse de los bloqueos que les atan a su pasado.
Véase seguidamente el caso de un paciente que acudió a mi consultorio para comprender por qué no lograba constituir una familia.
Caso Clínico:
¿Por qué no consigo constituir una familia?
Hombre de 39 años, soltero
En la entrevista de evaluación, al indagar el motivo de su venida a mi consultorio, el paciente me dijo de forma clara y objetiva: No comprendo por qué siempre he querido constituir una familia, pero nunca fui adelante con la idea, pues siempre ocurre algo: o las mujeres no confían en mí, o soy yo el que no confía en ellas. Por eso, doctor, lo que me ha traído aquí es la relación con mi novia: yo la amo, quiero casarme con ella, pero ella no confía en mí, aunque nunca haya hecho nada para que ella desconfíe. Ella está siempre sobre aviso, cambia de conversación cuando digo que quiero constituir una familia, contraer matrimonio, tener hijos. Compré una casa tal como ella la quería, del color que deseaba, pero cuando le hice la sorpresa, ella se quedó quieta, parada, y empezó a llorar, me dijo que no comprendía el por qué de todo aquello, que yo la estaba presionando. Eso para mí fue la gota que colmó el vaso: acabamos rompiendo el noviazgo.
Por ser muy ansioso, el paciente me dijo que su ansiedad se agravó tras la ruptura con la novia. Al terminar con ella, quedó sin rumbo, ya no tenía ánimo para nada y entró en una crisis depresiva.
Tras pasar por tres sesiones de TRE, no logró hacer regresión ni hablar con su mentor espiritual, pero perseverante y creyendo en que encontraría sus respuestas, dijo que deseaba continuar el tratamiento; entonces, en la cuarta sesión, logró hacer regresión y me describió: Es una vida pasada… Veo dos chiquillos, niño y niña jugando en el jardín… Veo una casa blanca, tiene un porche… Recuerda mucho a la casa que compré para mi novia de hoy.
- Entra en la casa – pido al paciente.
Subo los peldaños, paso por el porche, abro la puerta, es una casa bien ordenada y limpia… Voy hasta la cocina, hay una mujer de espaldas haciendo la comida.
- Aproxímate a ella y descríbeme cómo es – pido nuevamente al paciente.
Es blanca, cabellos rubios hasta los hombros, ojos verdes, es linda, pero llora…
- ¿Por qué? – le pregunté.
No consigo entender…
- Vuelve a la escena y observa lo que pasa.
Es por la noche, los críos y esa mujer están esperando a alguien, pero él no llega… Es el marido y padre de los chicos; él siempre llega tarde, nunca cumple lo que promete a la familia. Ellos acaban cenando sin el marido. La mujer lleva a los niños a dormir y se hacerca la ventana para esperarlo. Tiene la mirada distante, se parece mucho a la mirada de mi novia: distante, vaga, triste… Un hombre entra en la casa, ella lo recibe con una sonrisa triste y pregunta si quiere cenar, él responde groseramente que no, dijo que el día ha sido horrible, que ella no sabía lo que él hacía para tener aquella vida buena… Ese hombre soy yo, doctor, arrogante ¡por Dios!
- Prosigue – pido al paciente.
El día siguiente ocurre lo mismo: llego con retraso, me siento en la butaca, fumo un puro y leo mi periódico. No hablo con mis hijos, ellos sienten un amor muy grande por mí, gracias a mi esposa. Ella dice que estoy muy ocupado, pero que por la noche iré al cuarto de ellos a darles besitos de buenas noches.
A decir verdad, doctor, yo no merecía esa familia, pues traicionaba a mi esposa con todas las mujeres que podía, tuve hijos fuera del matrimonio, gastaba dinero en juergas. Ella lo sabía todo, nunca dijo nada, siempre me respetó, me amó, me aguardaba de brazos abiertos con la esperanza de que un día fuese solo de ella. Pero yo me empeñaba en llegar siempre tarde, protestaba por todo cuanto ella hacía, nunca estaba presente, y no la apreciaba como mujer, ni le daba cariño. Las personas decían que ella era muy bonita, que parecía un ángel, pero yo me empeñaba en no notarla nunca, no temía que ella se marchase; por cierto, esto ni siquiera pasaba por mi cabeza. Ahora comprendo su llanto, doctor.- Avanza en la escena – pido al paciente.
Ella prepara la comida mientras los críos juegan fuera, la casa está impecable como siempre, pero veo en un rincón, detrás de la puerta, dos maletas. Ella lo deja todo listo, toma las maletas, llama a los niños y sale rumbo al portal. Los tres se detienen, miran, dicen adiós a aquella casa que parecía ser de una familia feliz. Parece broma, doctor, esa casa recuerda mucho a aquella que compré para mi novia de la vida actual. Ella soñó con esa casa, me la describió, por eso intenté comprar una que tuviese el mayor parecido posible con aquella.
- ¡Dios mío, qué idiota he sido! (el paciente habla en llantos).
- Por la noche, cuando llegué, encontré la casa a oscuras, sentí una opresión en el pecho, un estremecimiento, entré llamando por mi esposa, por mis hijos y encontré una nota que decía así: Mi único y verdadero amor, te pido disculpas por mi actitud de marcharme, pero ya no soporto verte sufrir, sé que los niños y yo somos un fardo para ti y de manera alguna deseo prenderte. Siento que no eres feliz a nuestro lado, pues te sientes agobiado con nuestra presencia. Te echaré mucho de menos, amor mío, pero así tendrás tu vida libre como un pájaro. Nos marcharemos muy lejos, quién sabe en otra vida nos encontraremos y podremos vivir nuestro amor juntos con nuestros hijos. Y hablando de ellos, no ha sido fácil convencerlos para dejarte; desgraciadamente he tenido que mentirles, quizá no me perdonen. Giovanna y Guillermo te aman, Gigi ha dejado un besito y Gui un abrazo. ¡Bueno, amor mío, que sepas que te amo! Nos veremos en la eternidad.
Yanna
Me quedé desesperado, no podía creerlo, ella se ha marchado, se ha llevado a mis hijos, corrí para el cuarto pensando que se trataba de una broma y pude notar que faltaban algunas piezas de ropa de ella y de los críos. Fui hasta la casa de mis padres, de los padres de ella, de nuestros amigos, nadie había visto nada ni sabía nada; ella no había dicho a nadie que se marchaba, se evaporaron, simplemente se esfumaron. He gastado lo que tenía y lo que no tenía en buscarlos, pero nunca más los he visto.
- Avanza en esa escena – pido al paciente.
- Estaba en un bar cuando una joven preguntó si alguien conocía a Antonio Constantino, y el camarero gritó: -¡Antonio, aquí están buscándote!
Miré y luego reconocí a mi Gigi, a Giovanna, mi hija. Mis piernas trémulas no soportaban el caminar hasta ella, me tambaleé y caí de rodillas pidiendo perdón por todo cuanto le había hecho pasar; ella con una sonrisa extendió los brazos y dijo: - Papaíto, cuánta añoranza, y me besó – fue un beso largo y demorado.
Mi esposa nunca les había contado quién de veras era yo, el monstruo que era. Ansioso, pregunté: Y Guillermo ¿dónde está? ¿Y tu madre? Ella contestó: - ¡Calma, papaíto! Gui está casado, tiene dos hijos lindos, pero mamá falleció hace dos años. Ella me rogó que te encontrase, a fin de saber cómo estabas, y para pedirte perdón. Desesperado, lloraba como un niño, pues había perdido una familia maravillosa, una mujer que me amaba y a quien, en el fondo, yo también amaba (pausa).
Veo ahora, doctor, aquí en el consultorio, un color azul muy claro tomando forma y diciendo algo, pero no logro comprender…
- Calma, entra en sintonía, probablemente es tu mentor espiritual – pido al paciente (pausa).
- Sí, es él, dice que ahora estoy en condiciones de comprender por qué mi novia de la vida actual tiene miedo de que la haga sufrir, pues la hice sufrir en esa vida pasada con nuestros hijos, pero afirma que eso no va a suceder nuevamente. Revela también que estaremos juntos, que tendré una nueva oportunidad de ser feliz, que mis hijos vendrán nuevamente, pues están listos para venir.
- Pregúntale cómo puedes hacer para que tu novia no desconfíe más de ti y acepte sin temor el casarse y tener hijos – pido al paciente.
Dice que a partir del momento en que me ha sido revelado lo sucedido entre nosotros en aquella vida pasada, y visto que hubo arrepentimiento por mi parte, desde el fondo de mi corazón, afirma que el alma de ella lo va a sentir así, y entonces me aceptará.
Dos años después del término de la terapia, el paciente me envió un e-mail agradeciendo la ayuda recibida y dándome dos buenas noticias: se había casado con su novia y ella esperaba dos gemelos, Giovanna y Guillermo, que venían nuevamente como hijos suyos, según le había revelado su mentor espiritual en su última sesión de regresión.
Sobre o autor
Osvaldo Shimoda é terapeuta especializado em Terapia de Regressão TRE, com foco em autoconhecimento, transformação emocional e integração de experiências de vida.
Atende em seu consultório em São Paulo.
Site: www.osvaldoshimoda.com.br
Tel.: (11) 99286-4497 (agendamentos) Email: [email protected] Visite o Site do Autor