Anorexia Nerviosa

Anorexia Nerviosa
Publicado dia 4/11/2010 11:44:13 AM em STUM WORLD

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Traducción de Teresa - [email protected]

Es una disfunción psiquiátrica caracterizada por la reducción drástica de la ingesta de alimentos. Es, por tanto, un trastorno alimentario grave, que compromete física y psíquicamente, y afecta casi exclusivamente a mujeres. La anoréxica tiene una gran obsesión con el cuerpo y pasa a tomar actitudes drásticas para no engordar, pues tiene una visión distorsionada de su propio cuerpo, se ve gorda y siempre le parece que necesita adelgazar más. Al comienzo, la paciente con anorexia expresa una preocupación excesiva por el peso corporal y empieza a interesarse por dietas, siempre observando el número de calorías de cada alimento.

Progresivamente el régimen se va volviendo más radical y algunos alimentos son desterrados totalmente del menú. Visiblemente más delgada, la anoréxica solo come alimentos light y dietéticos y empieza a llevar ropa floja. El ayuno también es frecuente, y muchas veces hasta se evitan los líquidos. Las anoréxicas suelen esconder los alimentos, comen lentamente y cortan la comida en trozos pequeños .

Una persona que padece anorexia nerviosa puede además desarrollar bulimia (práctica habitual en que la paciente, tras ingerir un alimento, provoca el vómito con los dedos, con el mango de la cuchara, con alambres, contracciones abdominales, etc.). Son frecuentes también la destrucción del esmalte dental a causa de los vómitos, la piel seca y amarillenta, cabellos finos, secos y quebradizos debido a la desnutrición.
¿Qué es lo que lleva a una persona a desarrollar ese grave trastorno alimentario?

Sin duda alguna, la dictadura de la belleza impuesta por la sociedad occidental, o sea, el culto a la belleza física (en que solo se valora y admira a las personas que cumplen los cánones de belleza del mundo occidental que son, las mujeres delgadas, de cuerpo bien torneado, los hombres macizos, de cuerpo escultural, etc.) hace que la autoestima, el valor de una persona, quede supeditado al aspecto físico, principalmente, entre la población más joven del sexo femenino (entre los 15 y los 25 años), precisamente donde es más frecuente la anorexia.

Recientemente la Anvisa (Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria) ha divulgado un informe con datos alarmantes, o sea, en 2009 se han vendido en el país casi seis toneladas de anorexígenos y entre los años 2004 y 2006, Brasil fue el campeón mundial del consumo de psicotrópicos anorexígenos, según un informe de la Junta Internacional de Fiscalización de Narcóticos. Obviamente esto se debe a la falta de un mayor control de tales medicamentos, además de ser baratos y asequibles en las farmacias.
No obstante, son ciertamente más de una las causas que llevan a desarrollar la anorexia y éstas seguramente no solo son de orden cultural, biológico, emocional o psicológico, según defienden la psicología y la psiquiatría. El hecho de que muchos médicos, psiquiatras y psicólogos aún no tengan en cuenta que el ser humano está dotado de un alma, de un espíritu y, por tanto, lo estructuran en bases materialistas, puramente organicistas, no contemplándolo en su totalidad: mente, cuerpo y espíritu, dificulta cualquier iniciativa para un análisis más profundo del ser.

En mi práctica clínica, al haber conducido más de 8000 sesiones de regresión de memoria, a través de la TER (Terapia Regresiva Evolutiva) – La Terapia del Mentor Espiritual (ser desencarnado directamente responsable de nuestra evolución espiritual), abordaje psicológico y espiritual breve, canalizado por mí por los Espíritus Superiores del Astral, he constatado que hay tres causas que llevan a una persona a desarrollar su problema: 1) Causa psicológica – oriunda de experiencias traumáticas de esta vida (infancia, nacimiento, útero materno) o de otras existencias; 2) Causa espiritual – ocasionada por una interferencia espiritual obsesora (desafecto del pasado del paciente); 3) Causa mixta – las dos juntas, o sea, causa psicológica, y agravada por una presencia espiritual obsesora (importante esclarecer aquí que hay dos grupos de espíritus obsesores: a) los enemigos, a quienes mueve el odio y la venganza por el hecho de haberles perjudicado el paciente en el pasado, principalmente, en otras vidas y b) los iludidos, que no son enemigos, no contemplan al paciente como enemigo; por el contrario, muchas veces desean ayudarlo, pero no saben que con su presencia perjudican la vida del paciente).

Véase a continuación el caso de una paciente que padecía anorexia nerviosa, cuya causa era de orden espiritual, o sea, influencia de un espíritu obsesor iludido.

Caso Clínico:
Anorexia y baja autoestima.
Mujer de 22 años, soltera.


La paciente acudió a mi consultorio, una mujer muy guapa, pero con una mirada triste y distante. En la entrevista de evaluación (anamnesis), se desahogó diciéndome que ya no creía en ningún tratamiento, pues ya había hecho de todo para curarse de la anorexia. Se consideraba muy gorda (pesaba 35 kilos y medía 1,70m). Estaba muy delgada y flaca, tenía baja la autoestima, pues no conseguía siquiera mirarse al espejo, ni tampoco relacionarse con el sexo opuesto.
En la sesión de regresión, tan pronto hubo atravesado el portón (recurso técnico que siempre utilizo en esa terapia, que funciona como un portal, que separa el mundo terreno del mundo espiritual, el pasado del presente) me relató:

- Dr. Osvaldo, estoy viendo una silueta oscura... es un hombre, cadavérico, feo (la paciente estaba describiendo a un ser espiritual de las tinieblas).
- ¿Qué mas ves? - Pregunté a la paciente.
- Veo también una luz, una luz amarilla, no ofusca los ojos, es una luz muy agradable (era el mentor espiritual de la paciente). Me ruega que me concentre, para ver lo que me ha ocurrido en el pasado. ¿Qué hago Dr. Osvaldo? - La paciente me indaga insegura.- Sigue a la luz, confía, concéntrate, le dije.
- Veo una casa bastante grande y bien iluminada... estoy algo alejada de esa casa; ella es oscura y hay muchas personas a su alrededor, parece una vivienda de esclavos... es una vivienda de esclavos. Estoy acostada, veo que estoy encinta, tengo muchos dolores, estoy en trabajo de parto, paso horas para tener al bebé, es un niño; sin embargo él es blanco, sí eso es, blanquito, y yo soy negra, Dr. Osvaldo ¿cómo es posible? (pausa).
La luz amarilla me muestra lo ocurrido.
Yo era una niña negra en esa vida pasada, tenía 16 años cuando me enamoré de Alfonso, hijo del Coronel; él también se enamoró de mí, nos encontrábamos siempre, hasta que mi barriga empezó a crecer, yo no comprendía muy bien lo que me estaba pasando. Una señora negra me dijo que estaba embarazada. Me sentí desesperada, no podía aparecer encinta, entonces, oculté tal gravidez incluso a Alfonso.
Un día él me dijo que tendría que pasar cierto tiempo en la ciudad; me quedé aliviada, él dijo que yo estaba muy rara y un poco gordita, pero confesó que yo era el amor de su vida, y que al regresar hablaría con sus padres para casarnos. Me dio un beso y se fue...
En la casa grande solo se hablaba de ese viaje de Alfonso, él había ido a ver algunos negocios de su padre, el Coronel Albuquerque. La madre de él, Señora Clara, estaba muy orgullosa de Alfonso su único hijo, y a todos decía que había una chica en la capital, que ellos iban a conocerse, pues ya habían hablado con los padres de ella para que intercambiasen alianzas.
Me quedé desesperada, no podía estropearle la vida, ¿cómo iban sus padres a aceptar el matrimonio con una esclava negra y por si fuese poco, embarazada?
No podía hacerle eso, entonces, decidí escaparme.
Tuve el bebé y cuando todos estaban durmiendo, lo cogí y salí corriendo rumbo a la mata, corrí, corrí mucho, ni siquiera sé cuánto tiempo corrí; sentía las ramas golpearme en la cara, sentía dolores, en todo el cuerpo, pero tenía que irme lejos de allí.
Estaba muy fatigada y decidí descansar cerca de un río. Allí me dormí, desperté con una muchacha cogiendo a mi bebé, él lloraba; ella pidió ayuda a las personas que la acompañaban, me llevó a su casa y allí le conté toda mi historia. Ella me acogió, y mi hijo y yo nos quedamos en su casa.
Cuando Alfonso llegó de la capital se fue directamente a nuestro lugar de encuentro; estuvo esperándome, pero como no aparecí, me buscó en medio de los esclavos. Él sentía angustia, Dr. Osvaldo, la misma que yo siento hoy en la vida actual. Empezó a desesperarse, fue a la vivienda de los esclavos y preguntó a la vieja señora negra dónde estaba yo, qué había pasado conmigo; ella respondió que yo había huido, le dijo que había tenido un hijo, que había quedado embarazada de él, y que era un niño muy blanquito. Él quedó arrasado, volvió a su casa y se encerró en su cuarto, ya no fue capaz de comer ni beber; entonces sus padres mandaron llamar al médico de la capital, pero éste no supo diagnosticar su problema.
La señora Clara, su madre, tuvo la idea de hacer una fiesta y llamar a chicas y chicos para alegrar la hacienda, pero todo fue inútil. Alfonso se desmejoraba cada vez más, todo lo que comía o bebía no lo soportaba su estómago, vomitaba; él no comprendía por qué yo me había marchado con su hijo. Alfonso era la tristeza en persona. (Pausa).
La Luz me dice que él murió un año después de haberme escapado. Esclarece que él indirectamente se suicidó y por eso fue a parar al umbral; la Luz dice además que él me encontró en la vida actual, y es su presencia lo que hace que yo no coma, pues él murió de tristeza, de inanición en esa vida pasada.
La Luz me ruega que le pida perdón, Dr. Osvaldo (la paciente habla llorando).

- Haz, entonces, lo que la Luz te pide, dije a la paciente.
- Alfonso, amor mío, perdóname por lo que te hice pasar, tuve miedo de hacerte sufrir, de que tus padres no comprendiesen nuestros sentimientos; tú eras el único hijo y ellos deseaban un matrimonio con una chica blanca, no pensé que fueses a sufrir tanto, amor mío, perdóname, por favor; me marché con nuestro hijo para ahorrarte sufrimientos, no sabía que te pasaría todo esto, pero yo también he sufrido y ahora viéndote así, mi amor...
- Él está diciendo algo, Dr. Osvaldo, pero no lo entiendo...
- Concéntrate en lo que dice – Pido a la paciente. (Pausa)-
- Nara, mi amor, perdóname por todo el daño que te he causado, estaba triste por haberte perdido a ti y a mi hijo, mi vida ya no tenía sentido. Cuando te encontré en esa vida actual, no sabía que ibas a sentir lo mismo que yo sentí al morir; mi amor, voy a dejarte en paz, sigue tu vida, ¡sé feliz! Me voy con la Luz amarilla, que es tu mentor espiritual; te esperaré, amor mío, para que juntos podamos hacer planes para nuestro retorno. Pero recuerda: ¡Yo te amo, mi vida!
- Él se está marchando, Dr. Osvaldo, me ha dado la espalda, se va... (habla en llantos).

Un año después del tratamiento, la paciente me envió un email diciendo: - Dr. Osvaldo, estoy estupendamente, he logrado recuperar mi peso, me siento muy bien, ya no tengo tristeza, me alimento normalmente, y además estoy saliendo con un muchacho estupendo, mando en adjunto mis fotos. Un beso para usted y también para su equipo, Claudia y Joshua. ¡Muchas gracias, Dr. Osvaldo!


Sobre o autor
Shimoda
Osvaldo Shimoda é terapeuta especializado em Terapia de Regressão TRE, com foco em autoconhecimento, transformação emocional e integração de experiências de vida. Atende em seu consultório em São Paulo.
Site: www.osvaldoshimoda.com.br
Tel.: (11) 99286-4497 (agendamentos)
Email: [email protected]
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