La Vida es un juego de rompecabezas

La Vida es un juego de rompecabezas
Publicado dia 6/14/2010 12:06:05 PM em STUM WORLD

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Traducción de Teresa - [email protected]

Entender la vida en su plenitud es algo bastante complejo, pues la vislumbramos a través de la rendija de una cerradura. Sin embargo, las personas racionales, cartesianas, quieren entenderla de una forma lógica, racional, como si fuese una ciencia exacta.
Reconozco que yo era una de esas personas, pues como psicólogo de formación, había sido entrenado en la Universidad en buscar respuestas lógicas para la causa de los problemas que afligen al ser humano, ayudándole en su proceso de auto-conocimiento y cambio interior.

Los años de estudios académicos me habían convertido en un ser humano más sofisticado intelectualmente, pero me hice más obtuso espiritualmente, pues los temas relativos a la espiritualidad, como reencarnación, vidas pasadas, karma, evolución espiritual, plano espiritual de luz (astral superior) y de las tinieblas (astral inferior), obsesión espiritual, mediumnidad, comunicación con los espíritus, etc., no formaban parte del temario de enseñanza del curso de psicología (por cierto, eso aún ocurre hoy).
Los profesores justificaban que eran temas considerados como de ámbito religioso, por tanto no científico, sin comprobación científica, pertinentes a la religión.

Así, me convertí en un psicólogo científico, racional, lógico, me sentía auto-suficiente. Tras haberme especializado en psicoanálisis y análisis transaccional, descalificaba las creencias religiosas de mis pacientes, adoptando una postura de apóstol de la ciencia que combatía las supersticiones, las debilidades y la ignorancia del ser humano.

Pero la vida me ha doblegado, pues sus vicisitudes me llevaron a entrar en una profunda crisis existencial, obligándome a bajar del pedestal y revisar mis pensamientos, creencias, valores y prejuicios.

Sabemos que la evolución humana se verifica por dos caminos: el dolor o el amor y, como la mayoría de los seres humanos, elegí el camino del dolor.
En la condición de ser espiritual en evolución, como aprendiz en el proceso evolutivo, hoy me considero profesor y alumno en relación a mis pacientes, pues en la TRE (Terapia Regresiva Evolutiva) – La Terapia del Mentor Espiritual – Abordaje psicológico y espiritual breve, canalizado por mí por los Espíritus Superiores del Astral, estoy siempre aprendiendo con ellos y, principalmente, con sus mentores espirituales, que son seres de profundo amor y sabiduría, responsables por nuestra evolución espiritual.

Así, en esta terapia, me considero un cojo (un lisiado) intentando ayudar a un ciego (el paciente) a atravesar la calle. Pese a mis imperfecciones, malos hábitos, rescates kármicos que arrastro de otras existencias, eso no me invalida como terapeuta para ser un facilitador de la apertura de comunicación entre mi paciente y su mentor espiritual, a fin de poder recibir las sabias orientaciones de éste en lo que respecta a la causa de sus problemas y su resolución.

Tras haber conducido más de 8000 sesiones de regresión, y de haber presenciado innumerables beneficios conseguidos por mis pacientes en la TRE, me considero un privilegiado, un bendecido, por estar aprendiendo siempre con las lecciones de vida, amor y sabiduría que esos seres bienhechores les transmiten.

Con las experiencias de regresión vivenciadas por mis pacientes, he aprendido también que la vida es realmente un juego de rompecabezas, a cuenta del velo del olvido – barrera de la memoria que se manifiesta en forma de amnesia, que nos impide acceder a memorias de nuestras existencias pasadas – y que nos convierte en ignorantes, inconscientes, acerca de nosotros mismos y de la vida. Por eso el gran psicoanalista C. G. Jung, discípulo de Freud, decía: El consciente es una pequeña isla situada en el mar inmenso del inconsciente.

Recuerdo cuando cursaba la enseñanza media, en el examen de Filosofía, la profesora pidió a los alumnos que explicasen lo que cada uno entendía de la máxima Conócete a ti mismo, que Sócrates (filósofo griego del siglo V a.C.) recomendaba a sus discípulos.
Resultado: saqué un cero bien redondo, pues me quedé en blanco, no conseguía escribir absolutamente nada en ese examen. Hoy, a los 54 años, aún permanezco en la duda sobre si me conozco verdaderamente.

Preguntaron a Tales de Mileto (filósofo y matemático griego, que también vivió en el siglo V a.C.) cuál era la tarea más difícil del ser humano.
Conocerse a sí mismo, respondió el filósofo.
¿De dónde he venido? ¿Cuál es mi verdadero propósito de vida? ¿A dónde iré tras mi muerte física? Son preguntas que muchas personas no saben responder, debido al velo que las convierte en amnésicas, inconscientes acerca de su pasado y de sus vidas. Pero ciertamente los mentores espirituales sí saben.

¿Por qué siento angustia, vacío, que la vida no tiene sentido?
Mujer de 50 años, casada, dos hijos.

La paciente vino a mi consultorio quejándose de sentir una angustia, una opresión en el pecho (desde los 12 años), un vacío, sensación de la que la vida no tenía sentido. Por eso tenía que hacer un gran esfuerzo para vivir.
Padecía claustrofobia (horror a los espacios cerrados), síndrome de pánico (cuando estaba lejos de su familia), agorafobia, (terror a andar por la calle, debido al miedo de sufrir una crisis de pánico y no ser socorrida).
Sufría también dolores constantes en la espalda, vértigo, no se sentía buena madre, pese a su preocupación excesiva por perder al hijo mayor y, por último, quería saber cuál era su verdadero camino profesional.

Al hacer regresión la paciente me relató:
Veo un señor mayor, con barba y cabellos grises, lleva túnica blanca... Me dice que su nombre es Horacio, y que es mi mentor espiritual.
Veo también a su lado, aquí en el consultorio, siluetas oscuras... una de ellas parece un muchacho y me llama madre (la paciente habla llorando).
Éste me dice: 'Fue muy triste perderla a usted, madre. Usted se fue... y ya no volvió'. (Pausa).- Pregunta a ese ser espiritual qué ha pasado para que no volvieses más – pido a la paciente.
“Usted, en esa vida pasada, trabajaba como criada en una casa grande y rica, y solo volvía a nuestro hogar cada veinte días. No teníamos papá porque había fallecido de pulmonía.
Entonces usted tuvo que trabajar para mantenernos, pues éramos cinco hijos, todos pequeños y yo era el mayor, tenía 9 años.
La añoro mucho a usted, pues fuimos a parar a un orfanato y más tarde fuimos separados. Usted ya no regresó más a casa, estuvimos esperando, esperando... y nos quedamos sin comida. Usted decía que no saliésemos, pues tenía miedo de que nos pasara algo malo.
Hacía mucho frío, acabé saliendo a la calle y hablé con una señora que nos ayudó, dándonos comida, pero ella llamó a la policía. Fuimos para un orfanato, fuera de la ciudad.
Nunca más la vimos a usted, solo la encontramos ahora en esta vida actual. Nos hemos enterado, tras nuestro desencarne, que usted se había puesto enferma y que su amo la ingresó en el hospital porque había contraído pulmonía. Usted no murió, debido a que era muy fuerte y cuando volvió para casa no nos encontró, y se vio desesperada. No teníamos recursos, pues éramos pobres, todo era muy difícil en esa vida. (Pausa).
Mi mentor espiritual me dice que debido a esa existencia pasada he venido en la actual sin alegría, angustiada, triste, con un vacío interior porque nunca más he visto a mis hijos (la paciente habla llorando)”. Pausa.

- Pregunta a tu hijo mayor de esa vida pasada si le gustaría decirte algo más – pido a la paciente.
“Dice que quería que yo recordase esa historia, pues ellos ya no quieren verme triste. Saben que no dejé de regresar a casa a propósito, sino que fue una fatalidad del destino. Quieren que yo sonría, que esté alegre, para que ellos puedan ir a la luz. Me piden que vuelva a sonreír, pues ya no quieren verme triste (la paciente habla llorando mucho).
Mi mentor espiritual me revela que yo siempre he sido una madre dedicada en esa existencia pasada y también en la actual, y que esa idea de que no soy buena madre viene de esa vida, en la cual me sentía muy culpable por la desaparición de esos hijos; esto explica también por qué en la vida actual tengo tanto terror a perder a mi hijo mayor, pues he transferido el sentimiento de pérdida de ese hijo mayor de la vida pasada, ya que estaba muy apegada a él.
Horacio, mi mentor espiritual, revela también que mis hijos de esa vida pretérita vendrán como nietos míos, y que habré de reconocerlos.
Mi claustrofobia, el dolor de espalda, las crisis de vértigo y de pánico, dice él que vienen de otra vida distinta, en que estuve presa como esclava, encadenada. Revela que esa vida fue después de aquella en que perdí a mis hijos y que acabé por enloquecer, llegando a morir.
Horacio dice que por eso cuando vienen las crisis de pánico y agorafobia tengo miedo de enloquecer y llegar a morirme sola, desamparada, pues esa fue la forma de morirme en aquella vida.
Dice además que él es mi fallecido marido que murió de pulmonía, y que me dejó viuda con cinco hijos (la paciente habla llorando).
Pero dice que ahora mi camino profesional se abrirá, y que como terapeuta, si puedo asociar el lado espiritual con la práctica del Reiki, será un buen camino.
Termina diciendo que, tras haber entrado en contacto con la verdad de mi pasado (el maestro Jesús decía: “Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres”), voy a perdonarme, pues no tuve culpa por la pérdida de nuestros hijos.
Ahora él está despidiéndose, juntamente con mis hijos, yendo en dirección a una Luz mayor”.


Sobre o autor
Shimoda
Osvaldo Shimoda é terapeuta especializado em Terapia de Regressão TRE, com foco em autoconhecimento, transformação emocional e integração de experiências de vida. Atende em seu consultório em São Paulo.
Site: www.osvaldoshimoda.com.br
Tel.: (11) 99286-4497 (agendamentos)
Email: [email protected]
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