¿Conoces el lenguaje del corazón?

¿Conoces el lenguaje del corazón?
Publicado dia 6/18/2010 2:38:14 PM em STUM WORLD

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Traducción de Teresa - [email protected]

Me siento como si lo hubiese inventado todo. ¿Será que no fue imaginación, una fantasía, todo cuanto acabo de vivenciar en la regresión de memoria?
¿Cómo distinguir mi voz interior de la voz de los espíritus?
¿Cómo sé que es un espíritu el que me da informaciones y no mi propia imaginación?
Estas y otras preguntas son las que más comúnmente me hacen los pacientes después de pasar por una sesión de TRE (Terapia Regresiva Evolutiva) – La Terapia del Mentor espiritual (ser desencarnado directamente responsable por nuestra evolución espiritual) – Un abordaje psicológico y espiritual breve, canalizado por mí por los Espíritus Superiores del Astral.
Muchos pacientes quieren estar seguros de que esas experiencias que han pasado fueron reales y no creadas por su imaginación, debido a la duda, al escepticismo y la incredulidad, fruto de una cultura occidental que aún valora mucho el razonamiento lógico, cartesiano y tecnicista.
Resultado: desconocen el lenguaje del corazón, del alma, que es la intuición.
Según el diccionario Aurélio, intuición es “El acto de ver, percepción clara, directa e inmediata de verdades sin necesidad de la intervención del raciocinio. En otras palabras, intuición es la aprehensión directa e inmediata de algo, de un modo no racional. Por tanto, al intuir, tú sabes, pero no consigues explicar por qué sabes.
Los grandes descubrimientos y las soluciones para nuestros problemas, muchas veces ocurren cuando no se piensa, cuando no se usa la razón. Por eso, en las prácticas meditativas, el objetivo es anular el ego (racional) para que las informaciones vengan espontáneamente.
Lo mismo ocurre en la regresión de memoria: el hemisferio derecho del cerebro (intuitivo) es muy utilizado, exigido por el paciente, pues los recuerdos y el reconocimiento de personas que conviven con nosotros en la vida actual, que formaron parte de nuestras vidas pasadas se producen de forma intuitiva.
Así también ocurre cuando un ser espiritual se manifiesta en la sesión de regresión. O sea, en esta terapia, la comunicación con los seres espirituales se verifica siempre de forma intuitiva, telepáticamente, en pensamiento. Por eso es fundamental que los pacientes no permitan que la mente racional de la duda, del escepticismo, se interfiera en el proceso regresivo, dejando que el contenido del inconsciente aparezca espontáneamente.
En la TRE, es el espíritu, el alma del paciente, quien contesta a las preguntas del terapeuta. Siendo así, el proceso regresivo hace al paciente conectarse con lo más profundo de su Yo (alma).
Él se acuerda de sus remembranzas pasadas – de esta o de otras vidas – y también se conecta con los espíritus de luz (mentor espiritual) y de las tinieblas (seres obsesores), a través de sus cinco sentidos (vista, oído, olfato, gusto y tacto) y, principalmente, el sexto sentido (intuición).

Sin embargo, como el mundo moderno está lleno de distracciones (Internet, TV, teléfono, radio, etc.), no estamos acostumbrados a quedarnos a solas, a interiorizarnos, y debido a eso normalmente no percibimos la presencia de las energías sutiles de los espíritus en nuestro día a día. No obstante, como todo en la vida, la intuición es como cualquier otra habilidad. Cuanto más la usas, más te perfeccionas y más confianza en ti mismo adquieres.
Siendo así, para interpretar las señales del mundo espiritual, has de perfeccionar tu sensibilidad hasta el punto de poder ver con tu ojo interior y oír con tu oído interior.
En esta terapia el paciente aprende a desarrollar su habilidad intuitiva. Por eso es bastante común que al venir a mi consulta aquel paciente – que nunca ha pasado por una regresión de memoria, ni ha conversado nunca con su mentor espiritual – haga regresión a sus vidas pasadas y reciba de su mentor las orientaciones acerca de la causa de su(s) problema(s) y su resolución.

Caso Clínico:
Tristeza profunda y dolor de vivir
Mujer de 19 años, soltera


La paciente acudió a mí por no soportar más la tristeza profunda que sentía y el dolor de vivir; esto fue lo que ella me dijo en la entrevista de evaluación. Contemplé aquella “niña-mujer” y no lograba comprender cómo una persona tan joven ya no soportaba vivir. Le pedí entonces que me relatase todo lo que sentía.
Dr. Osvaldo, dijo ella: tengo 19 años, estudio en el mejor colegio de mi barrio. Soy hija única, mis padres me adoran, soy la princesa de mi padre, sé que ellos me aman; por eso, no quiero que ellos sigan sufriendo.
Mi vida se resume en dormir, beber e incluso drogarme. Permanezco en mi cuarto durante días y noches, no salgo para nada. Mis padres son médicos, y percibo su decepción al no poder ayudarme.

- ¿Cuándo comenzó esa tristeza? – Pregunté a la paciente.
Desde pequeña, dice ella, es un dolor, una aflicción que no consigo describir. Siento que hay como un puñal, algo aquí en mi pecho. Tengo además un sueño recurrente: escucho siempre un ruido muy fuerte, gritos, entonces despierto asustada, es un estruendo, como si algo chocase, no sé explicar.
Decidí no extenderme mucho en la entrevista y fuimos a la regresión:
Cuando ella bajaba las escaleras (recurso técnico que utilizo en esta terapia para que el paciente profundice en su relajación), me dijo:
Veo a una mujer, se parece mucho a mí, creo que soy yo.

- Acércate a ella y pregúntale quién es y qué hace aquí – pido a la paciente.
Ella llora y se esconde de mí, corre para lejos…
La paciente, entonces, empezó a estar agitada y también a llorar. Le rogué que se calmase, que respirase profundamente para continuar.

- La mujer me está mirando, hay bondad en su mirada, dijo la paciente.
Sin embargo, no trajo demasiado en la primera sesión. A la semana siguiente, cuando volvió a mi consulta, venía decidida y me dijo: - Hoy lo conseguiré. Una vez lograda la relajación inicial, me relató:

- Veo varias luces pasando por mí muy rápido, parece que voy en un coche. Veo también un hombre, parece que es mi padre conduciendo, y una mujer, que debe ser mi madre, a su lado. En el banco trasero veo otra mujer y un bebé… En realidad son dos bebés y uno de ellos soy yo; son dos niñas, somos hermanas. No lo entiendo, Dr. Osvaldo, no me parece que sea otra vida, es esta misma, pero estos padres no son los mismos de hoy, ¿comprende?
Le pedí entonces que prosiguiese en esa escena.“Parece que volvemos de una fiesta, es de noche. Escucho entonces una frenada brusca, oigo gritar a todos. El coche choca contra alguna cosa y después da varias vueltas de campana; empiezo a llorar, oigo mucho ruido… Se oyen sirenas (pausa).
Ahora estoy en un lugar, parece un hospital, debo tener alrededor de 4 meses, estoy muy herida, no veo a mi hermana ni a mis padres, no veo a nadie”.

- Sigue, pido a la paciente.
“Veo a una mujer de blanco, ella me toma en los brazos, acaricia mi cara, me siento cómoda con ella; es mi madre de hoy, que es médica, pero no lo entiendo… y la otra mujer que estaba sentada al lado del conductor, ¿quién era?”

- Calma, vamos a entender qué está pasando. ¿Ves alguna luz, oyes que alguien te habla aquí en el consultorio?
“Sí, dice que es mi mentor espiritual (la paciente lo intuye, le viene en forma de impresión, en pensamiento).

- ¿Qué te dice? – Pregunto a la paciente.
“Él está con aquella mujer que he visto al comienzo de esta sesión, la misma que estaba en el coche, al lado del conductor. Él dice: ‘Ha llegado la hora de saber la verdad, hija mía; por eso estás aquí en este consultorio.
Cuando tenías la edad de 4 meses, tú y tu familia sufristeis un accidente de coche. Tus padres y tu tía, hermana de tu madre, murieron en ese accidente. Fuiste llevada a un hospital, y tu hermana a otro. Nadie de la familia se presentó. Tu padre era hijo único y tus abuelos paternos ya habían fallecido. Y la familia de tu madre también estaba compuesta solamente por ella y su hermana, tu tía, muertas en ese accidente. En verdad, tus padres de hoy te han adoptado; tu madre adoptiva, que era la médica que estaba de guardia el día del accidente, se enamoró de ti tan pronto como te vio en el hospital. Como ellos no podían tener hijos, decidieron adoptarte, pero nadie les dijo que había otro bebé en el coche; por tanto, ellos no sabían de la existencia de tu hermana...’

- Dr. Osvaldo, esto no puede ser verdad, por amor de Dios ¿tengo una hermana? Entonces, ¿mis verdaderos padres murieron en ese accidente? Dios mío… (la paciente llora copiosamente).
Mi mentor espiritual me está diciendo que la tristeza profunda que siento desde niña y el dolor de vivir vienen de lo mucho que echo de menos a esa hermana; a decir verdad, es la saudade que mi alma siente por ella, y dice que mi hermana también siente lo mismo por mí. (Pausa).
Mi verdadera madre está con mi mentor espiritual aquí en el consultorio, y él dice que es ella quien está haciendo que mi hermana y yo nos reencontremos”. (Pausa).

Pregunta a tu mentor espiritual si tiene algo más que decirte – Pido a la paciente.
“Dice que esto solo me ha sido revelado porque sabía que yo jamás me enfadaría con mis padres adoptivos, y que tengo condiciones y merecimiento para encontrar a mi hermana. Dice además que mis padres adoptivos me darán ayuda y apoyo. Pide que tenga calma, que va a decirme dónde encontrar a mi hermana. Revela que ella ha tenido un bebé recientemente, y que entró en crisis, en una depresión posparto, porque también siente saudades de mí.
Mi fallecida madre ahora está despidiéndose de mí, es guapa, siento su calor en mi cuerpo. Mi mentor dice que ella estará a mi lado cuando reencuentre a mi hermana.”
La paciente salió del consultorio, fue para el hotel donde se hospedaban ella y sus padres (viven en Brasilia), les contó toda la historia con detalle. Sus padres quedaron atónitos, resolvieron entonces ir con la hija a la ciudad donde vivía la hermana (la paciente me dijo en la sesión siguiente que, tras salir del consultorio, tomó un taxi y por el camino su mentor espiritual le reveló el nombre completo de la hermana, la ciudad, la dirección donde vivía, y que ella estaba casada).
Llegaron entonces a la ciudad, Belo Horizonte, y su corazón no cabía en el pecho de felicidad. Era un barrio humilde y una casa sencilla. Tocó palmas, después de un tiempo salió una joven con una sonrisa en los labios y un bebé en brazos.
La paciente preguntó: ¿Tú eres Luisa?

- Sí, soy yo. Tú ¿quién eres?
Hola, soy Melisa. Soy tu hermana… somos gemelas… ¡tardé pero te encontré, hermana!
Sorprendida y asombrada, su hermana le contestó: ¡¿Cómo es eso, toda mi familia murió en un accidente de coche?! No puede ser, no lo creo, pero veo que somos muy parecidas (la paciente y su hermana eran gemelas idénticas); pensé que era sola en este mundo, que ya no tenía a nadie a no ser mi hijo y mi marido. Seguidamente nos abrazamos largo tiempo, pues queríamos recuperar todo el tiempo perdido.
Al final del tratamiento, pedí autorización a la paciente para publicar en mi Website su linda historia de vida, que también me ha dejado muy conmovido.

Ella me contestó: Dr. Osvaldo pongo empeño en que usted publique mi caso, en su integridad, sin tener que omitir nada. Quiero compartir con todos mi alegría, agradecer desde el fondo de mi corazón a Dios, a mi mentor espiritual, a mi fallecida madre y a usted, por haberme ayudado a reencontrar a mi hermana y a liberarnos de aquella tristeza profunda. Estoy profundamente agradecida.


Sobre o autor
Shimoda
Osvaldo Shimoda é terapeuta especializado em Terapia de Regressão TRE, com foco em autoconhecimento, transformação emocional e integração de experiências de vida. Atende em seu consultório em São Paulo.
Site: www.osvaldoshimoda.com.br
Tel.: (11) 99286-4497 (agendamentos)
Email: [email protected]
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