(Respuesta de un Amparador a la Siguiente Pregunta: “¿Por qué alguien en crisis proyecta en los demás el motivo de sus dramas y, raramente, se da cuenta de que es el causante de sus propios problemas?”).
Sólo se ofende quien quiere. Sólo se exalta quien quiere.
Cuando alguien sabe lo que está haciendo, la crítica no lo irrita y el elogio no amplía el ego. Si el discernimiento es el comandante del raciocinio, lo correcto se hace bien, naturalmente.
Malicias y resentimientos son manchas que muchos acarrean dentro de si mismos. Lo más fácil es siempre echar la culpa de los propios fracasos a otro.
Muchos cambian de lugar o de centro espiritual, pero, sin cambios interiores, ¿de qué sirve ir de un lugar para otro? Los resentimientos continuarán dentro y los mismos errores serán cometidos más adelante, sólo que de maneras diferentes.
Quien quiera modificar las pruebas kármicas a que viene siendo sometido, que, simplemente, modifique sus vibraciones de irritación y observe por dónde transitan sus pensamientos y sentimientos. Cambiando la vibración psíquica, se cambian las energías y las condiciones de cada uno. Y tal modificación en la vibración acarrea nuevas condiciones, que generarán otras causas, a que se seguirán, naturalmente, los efectos correspondientes.
Muchos se rebelan frente a las dificultades, pero nada hacen para enfrentarlas con inteligencia y comprensión. Por el contrario, se rebelan contra la situación y decaen hacia climas psíquicos dañinos, que, por absoluta sintonía de vibración, atraen hacia su perímetro espiritual a diversas entidades desencarnadas desequilibradas. Muchas obsesiones de largo curso se inician así.
Es fundamental elevar la conciencia por encima de las turbulencias psíquicas, para inhalar de los planos elevados las inspiraciones bienhechoras y nuevos recursos invisibles para superación de las pruebas en curso.
La plegaria sincera, la meditación profunda, la reflexión ponderada sobre las cosas, la pulsación de la luz en los chakras y en el aura, y una actitud positiva y abierta para enfrentar las crisis son recursos a que cada cual puede recurrir.
En lugar de la rebelión, mente abierta para aprender algo con la crisis. En lugar de señalar culpables por los dramas, paciencia para lidiar contigo mismo, el verdadero causador de todas las cosas en tu universo interior. En lugar de luchar contra Dios, rendirte a Él, e invertir más en el brillo de tus ojos.
Al fin y al cabo, alguien de mirada opaca o inyectada en rebelión no conseguirá generar nada creativo como causa y, por consecuencia directa, los efectos serán negativos.
Cada efecto en la vida es engendrado por las causas puestas en acción por la propia conciencia.
Mejorar las causas, para mejorar los efectos, es lo que se tiene que hacer, nada más, nada menos.
Lo demás es consecuencia directa de esto.
- Los Iniciados -
(Recibido espiritualmente por Wagner Borges).
P.D.: Mientras yo pasaba a limpio estos renglones, surgió uno de los espíritus de la link, VAUTO, WIDTH, 350, HAUTO)" ONMOUSEOUT="nd();">Cía. del Amor, y me transmitió espiritualmente lo que sigue:
“Algunas personas son tan obtusas, que no sirve de nada darles un toque directo. Ellas siempre creen que lo que se dice nunca va con ellas. Fingen que no comprenden, camuflan incluso la atención, y además dicen:
- ¡Conozco a un montón de gente que tendría que escuchar o leer esto!
Pues sí, mientras ellas camuflan, el Dr. Karma se ríe, y avisa:
- ¡Déjalo conmigo! ¡Estoy en ello!”
- Nota:
Obs.: Mientras actualizaba estos escritos para enviarlos a una revista, me acordé de un texto inspiradísimo del gran filósofo brasileño Huberto Rohden. Lo transcribo a continuación.
INICIACIÓN TOTAL
- Por Huberto Rohden –
Mientras algo es mío,
No puede triunfar el YO.
Míos son los bienes de fortuna,
Míos son los amores de hombre o mujer,
Míos son los hijos, parientes, amigos,
Mío es el prestigio social de que gozo,
Míos son el cuerpo y el intelecto.
Nada de esto, sin embargo, soy Yo.
Yo soy el sujeto central,
Míos son los objetos periféricos.
Y esos objetos son viejos compañeros míos,
Crudelísimos tiranos,
Desde mi nacimiento,
Pocos decenios atrás.
Esos objetos son viejos compañeros,
Omnipotentes dictadores,
Del género humano,
Desde hace muchos siglos y milenios.
¿Habrá esperanza de que yo pueda
Realizar mi liberación?
¿De que yo pueda vivir, aquí en la tierra,
Sin esos objetos esclavizantes?
¿Sin esos queridos “míos”?
¿Sin esos idolatrados fetiches?...
¡No! Nadie puede deshacerse de esos ídolos
Y continuar viviendo.
He comprendido que la iniciación
No es algo que yo pueda añadir
A mi vida horizontal,
Como un bello adorno,
Como un collar de perlas.
He comprendido que la iniciación,
La muerte total de esta vida,
Algo inédito e inaudito,
Hasta ahora vivida…
Iniciación no es continuación
De algo preexistente.
¡No!
Es el final de todo lo que ha sido y es.
Y el inicio de todo lo que debe ser…
Iniciación es algo virgen,
Un nuevo “fiat lux” creador.
No es remiendo nuevo en ropa vieja,
No es vino reciente en odres gastados.
¡No!
Iniciación es muerte total
Del “hombre viejo”,
Y resurrección integral
Del “hombre nuevo”.
Ni un átomo del equipaje del ego
Pasa más allá de la frontera.
Porque el ego sólo conoce lo que es “de él”,
E ignora lo que es “él”.
Mi verdadero
Yo nada sabe
De ese mundo de los míos,
De esos pequeños y grandes nadas
Que parecen ser algo.
Iniciación es verdad suprema,
Incompatible con la menor de las ilusiones.
Álzate, pues, sobre alas levísimas,
Mi gran Yo divino,
¡Mi átomo crístico!
Y desde las excelsas alturas
Dominarás todos los “míos”,
Sin que seas por ellos dominado…
- Nota de Wagner Borges: Este texto fue seleccionado de lo que está considerado el mejor trabajo de Rohden: “Escalando el Himalaya”. En ese libro el autor se revela por entero, de corazón abierto, totalmente entregado al lector. En cada texto suyo emerge la voz de los iniciados que se han entregado integralmente al Gran Arquitecto del Universo, Señor de todas las iniciaciones, Hierofante Mayor de los hierofantes, Luz de las luces.
Más que evidenciar al Rohden filósofo, los textos de ese libro evidencian al Rohden de dentro, iniciado y alpinista del espíritu, maestro de las escaladas en el Himalaya de dentro, que, con gran inspiración conduce al lector a profundas reflexiones acerca de sí mismo y de la vida.
Aquí queda la sugerencia de lectura de ese libro del gran Huberto Rohden, verdadero bálsamo en la inteligencia y en el corazón, y perla literaria entreverada por la inspiración de los iniciados en las artes del espíritu.
Rohden, mi viejo, muchas gracias por todo cuanto vengo aprendiendo en tus libros, y también por las experiencias espirituales que me has venido propiciando a lo largo de los años. Como siempre has dicho: “Sólo quien es guiado puede guiar a alguien.”
Entonces, que Dios nos guíe, para que guiemos nuestras vidas, nuestros pensamientos, nuestros sentimientos, nuestras energías, nuestros hijos, nuestros amigos y a nosotros mismos, en la dirección de aquellas vibraciones del discernimiento y de la luz.
Sí, mi viejo, es el Gran Anónimo quien nos guía.
Que se haga la voluntad de Él, y no la de nuestro ego.
¡Valió, Rohden!