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Breve Historia de la Astrología - Parte 1

por Graziella Marraccini
Publicado dia 20/09/2011 12:40:40 em STUM WORLD

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Traducción de Teresa - [email protected]

Desde las épocas más remotas el hombre siempre ha escrutado los cielos en busca de los misterios de la existencia humana, pues la sentía estrechamente ligada al cosmos. Los babilonios ya tenían mapas del Cielo con las órbitas de los dos luminares, el Sol y la Luna.

Los sacerdotes caldeos tenían un método astrológico rudimentario, y hacían adivinaciones estudiando las doce constelaciones, pese a que no utilizaban el horóscopo individual, condenándolo abiertamente, en especial si se hacía con fines lucrativos. Las estrellas indicaban los acontecimientos de la colectividad.

Pese a todo, su legado llegó a egipcios, griegos, persas e incluso a la India. Y todos estos pueblos estudiaron a su modo el cielo, dándole las características de sus propias civilizaciones. Fueron necesarios casi tres mil años para que la astrología pasase desde el plano impersonal al individual, y en ese momento fue cuando astronomía y astrología, aunque hermanas, se separaron. Con todo, la astrología se basa en la astronomía para sus deducciones, y la astronomía continúa utilizando conceptos y símbolos heredados de la astrología.
La tradición egipcia nos enseña que “lo que está arriba es como lo que está abajo y lo que está abajo es como lo que está arriba” (El Caibalión). En Grecia, Pitágoras afirmaba una reciprocidad entre el Todo y el Cosmos y, por consiguiente, entre el Todo y el Hombre. Los pitagóricos desarrollaron un pensamiento que afirmaba la existencia de una relación íntima entre las matemáticas y la música (la música de las esferas). Este pensamiento, adaptado a la astrología, serviría para conciliar el principio de los opuestos de Heráclito con una ley de movimiento cíclico y con una relación entre macrocosmos y microcosmos.

Sobre esta base se formó la idea de la afinidad absoluta entre la vida en el cosmos y el hombre, (expresión de la verdadera armonía universal), que es en sí una expresión de la idea del ritmo universal, esta música de las esferas que de alguna forma resuena en el espacio ilimitado de la vida individual.

Durante algunos siglos la astrología fue enriqueciéndose del pensamiento de varios filósofos, como Pitágoras y Heráclito, y asimismo con los de Platón y Aristóteles. En el siglo II a.C. Hiparco contribuyó a la astrología constatando la precesión de los equinoccios, la oblicuidad de la elíptica, la excentricidad de la órbita solar, el para-eje horizontal de la luna, etc. Él fue quien, con sus descubrimientos astronómicos y, conforme al pensamiento de Platón según el cual cada fenómeno en la Tierra estaba en relación a los acontecimientos celestes y el físico del hombre constituía una reproducción de los modelos celestes, elaboró una tabla con el orden de correspondencia entre los sectores zodiacales y las partes del cuerpo humano. Podemos decir que aquí se encuentran las ideas básicas de la antroposofía y de la cosmopatología.

Sus contemporáneos profundizaron en estas consideraciones, elaborando así por primera vez los análisis individuales de temas astrales para los individuos. Aquellos primeros conceptos de los caldeos se encontraban entonces enriquecidos y ampliados: los judíos los aprovecharon en la Kabalah y los árabes los profundizaron cada vez más, dando origen a una gran escuela de astrología.

No pocos peligros se ocultaban en las leyes astrológicas que parecían ir hacia un total determinismo de los fenómenos, haciendo de la astrología una ‘ley matemática’, con poco espacio para el libre albedrío individual. Aparte de esto, ya en aquel tiempo la astrología atraía a personas poco escrupulosas, y tanto en el mundo árabe como en la Roma cristiana, empezaron a aparecer muchos espabilados que engañaban a los ingenuos sin pudor alguno.

Pero fue también en aquel tiempo cuando surgieron estudiosos serios, deseosos de ampliar el conocimiento astrológico para dejar un legado a la posteridad. Entre ellos hemos de destacar a Claudio Tolomeo. El Tetrabiblos que escribió puede considerarse, de hecho, como el primer tratado científico de astrología publicado en Occidente. Tolomeo reunió en él de forma ordenada y sistemática todas las teorías y conceptos, y también las experiencias astrológicas de Babilonia, Egipto y Grecia. Él fue quien elaboró por primera vez la noción de los ‘Regentes’ de los signos astrológicos. También reconoció la importancia del horóscopo individual, dando el empuje inicial a la astrología tal como nosotros la conocemos.

La obra de Tolomeo trae consigo las características de aquella unidad entre el espíritu y la naturaleza, que fue el fundamento de la filosofía griega y que solo después de la muerte de Alejandro Magno (323 a.C.) empezó a desintegrarse. El sincretismo filosófico y religioso, especialmente el de la escuela alejandrina, preparó el terreno para una antigua filosofía que tuvo gran importancia para el espíritu humano: el neoplatonismo.

Entre los exponentes de esta filosofía, destacaremos a Plotino (205-270 d.C.) y a Porfirio (233-304 d.C.), discípulo suyo. Plotino, al profundizar en el sincretismo filosófico-religioso, presintió la armonía del universo y reconoció la correspondencia entre “lo que está arriba y lo que está abajo”, una ley universal entre el cielo y la tierra, indispensable para toda la comprensión de la existencia humana. Al rescatar la astrología, estos filósofos simplemente mantuvieron la herencia del pensamiento griego, impidiendo la decadencia de la astrología e integrándola con el pensamiento cristiano reinante en el mundo de aquella época.

Con todo, la astrología ha sufrido varias amenazas a lo largo de los siglos, siempre resurgiendo fortalecida cuando la humanidad pasa por momentos de grandes revoluciones sociales. Hemos de reconocer el valor de esta gran ciencia al verificar que, a lo largo de los milenios, ella resurge siempre, evolucionando con el pensamiento de la humanidad, como si quisiese demostrar el valor indestructible de esta experiencia milenaria que forma parte de la propia conciencia y de la existencia de un cuerpo espiritual atemporal.


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Sobre o autor
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Graziella Marraccini é astróloga, taróloga, cabalista e estudiosa de ciências ocultas e dirige a Sirius Astrology. grabnn Atende em seu consultório em SP com hora marcada no horário comercial.
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