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Comunicar no es lo que uno dice, sino lo que el otro entiende


Traducción de Teresa - teresa_0001@hotmail.com

Esta noche he tenido un sueño, para mí muy significativo. Un sueño que me hace pensar sobre el arte de la comunicación.
He soñado que estaba con un grupo de gente frente a una facultad y que nadie aparecía para dar las clases.
Estábamos muy indignados y me ofrecí para ir hasta la secretaría de la facultad a fin de saber qué estaba pasando.
Encontré a algunos funcionarios y pregunté dónde estaban los profesores. Nadie sabía de nada. Pregunté si no había un folleto explicativo de los cursos, horarios, clases y nombres de los profesores – nadie sabía de nada. Me fui sintiendo indignada contra aquella falta de responsabilidad y pedí un micrófono para anunciar a todo el grupo que habíamos sido engañados. Cuando empecé a hablar sentí que sobre mi lengua había una capa espesa de chicle rosa que me atascaba la garganta y yo no conseguía hablar.

Desperté sudando, sofocada. Me senté en la cama y me pregunté en voz alta a mí misma:
-¿Qué es lo que no estás consiguiendo comunicar?
Y comencé inmediatamente a buscar dónde estaba sintiéndome yo tan sofocada. No fue difícil de encontrar.
Con casi 60 años y una vida vivida intensamente, con el privilegio de hablar todos los días con personas acerca de sus emociones y sentimientos, creo que ya tengo un pequeño equipaje de lo que puede pasarle al ser humano cuando se ve sometido a algunos condicionamientos en su infancia y en su vida, en general.

La experiencia acaba por mostrarnos que es casi matemático: un niño criado bajo la intolerancia, el desamor, la violencia y la inseguridad de los padres, va – casi siempre – a desembocar en un adulto sin energía, sin fuerza para luchar y conquistar su espacio en el mundo. Un adulto lleno de miedos y baja autoestima, que acaba necesitando de uno, o de otros, para sentirse seguro e integrado. Un ser dependiente de sustancias, de afecto, de amor, necesitando siempre saber qué piensan los otros de él o qué puede hacer para sentirse aceptado y amado.
Puede ser una de las raíces de personas que aman demasiado, comen demasiado, beben demasiado, fuman demasiado, trabajan demasiado, maníacos del orden, del sexo, en fin, la gama enorme de desarmonías que pueblan este planeta.

Por la organización de las cosas, como regla general, estas personas o algunas de ellas, acaban sentadas frente a los terapeutas cuando son adultas y ya se han cansado de tanto sufrir y de intentar mil y una cosas para verse libres de sus tormentos emocionales.
Claro que dan ganas de llorar con ellas el tiempo de la infancia en que han sido el blanco de un verdadero laboratorio de “cómo no se educa”, pero eso ya no es posible y tan sólo resta perseguir al perjuicio.

Mi conclusión, tal vez simplista, es que, cuando comunicamos, educamos, influenciamos o formamos a alguien, siempre debemos preguntarnos:
- ¿Qué es lo que esta persona está entendiendo, sintiendo o memorizando de esta manera mía de transmitir las cosas?
- ¿Lo que estoy comunicando está en el nivel correcto de lo que este ser puede comprender?
- ¿Qué consecuencias podría causar mi comunicación a este individuo que está bajo mi responsabilidad?
- ¿Estoy respetando el sistema de creencias y la religiosidad de esta persona?
- ¿Veo a esta persona como una faz de Dios que está a mi lado para intercambiar experiencias conmigo?
- ¿Siento profundamente que lo que yo haga a este ser, lo estoy haciendo a todo el planeta?
- ¿Considero que quien está cerca de mí es un espejo que refleja quien soy yo en mi profundidad?
- ¿Sé honrar y respetar a mis semejantes al establecer un proceso de comunicación, para lo que quiera que sea?
- ¿Digo siempre lo que siento o lo que quiero que el otro sienta?

Piensa en eso. Piensa también en que comunicar no es aquello que decimos y sí lo que el otro comprende, siente, decodifica.
¡Buenos sueños!


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Izabel Telles é terapeuta holística e sensitiva formada pelo American Institute for Mental Imagery de Nova Iorque. Tem três livros publicados: “O outro lado da alma”, pela Axis Mundi, “Feche os olhos e veja” e “O livro das transformações” pela Editora Agora.
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