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De Regreso a Casa


Traducido por Melissa Park - meishiman@hotmail.com

La adorable sensación de estar en casa al lado de la familia, de los hijos, de los nietos, de los amigos, de la pitangueira (planta mirtácea) que creció en el jardín indiferente a nuestra nostalgia, no tiene precio.
Nostalgia que no tiene remedio, por más que la gente crezca en dirección al éter, a la nada, a la página en blanco que está disponible todos los días para que la gente re-escriba la historia de la vida.

Estar lejos de nuestras referencias físicas y familiares es a veces extraño porque, por más que tengamos amigos y clientes en las tierras por donde andamos, nada aplaca el sentido de pertenecer.
Somos seres gregarios, nacemos en tribus y precisamos de nuestro clan para reconocernos y ser reconocidos.
Como brasileros hemos pasado buenos apuros con las policías de frontera del extranjero. Nos miran a nosotras las mujeres, como si fuésemos seres extraños que estamos entrando al país para amenazar la estabilidad de las familias. Hacen muchas preguntas, miran nuestro equipaje, piden ver si tenemos pasaje de regreso, dinero, conocidos, amigos, direcciones, etc.
Sé que ellos están apenas intentando cumplir ordenes, pero la sensación que una persona siente al ser espiado de esta forma es bien dolorosa.
Yo intento abstraerme e imagino que ya estoy entre amigos y que todos saben quien soy y conocen mis intenciones. De esta forma aparto el malestar de estar siendo confundida con un sospechoso.

Que pena que el mundo quedó así!
Que pena que, como hermanos en el Universo, nos desconocemos unos a los otros, nos acusamos, nos perseguimos, nos odiamos tanto!
Estaba en Lisboa el día 11 de marzo y seguí, por la TV, los acontecimientos del atentado a los trenes en Madrid. Fue tan triste ver aquellas personas, en su mayoría trabajadores yendo para sus empleos, cruzando sus destinos crueles en una mañana aún fría de invierno.
Más triste aún fue ver, en las calles, la angustia de los portugueses. Estaba explícito en sus rostros el miedo de ser ellos los próximos.
Quien podía evitó salir de casa o usar transportes públicos. Y yo, una vez más, pensé que quería estar en casa. Sentí un fuerte deseo de estar al lado de mis hijos y nietos compartiendo la felicidad de no tener guerras.
Pero mi sentimiento duró algunos segundos, porque recordé inmediatamente que sí, tenemos guerras y muchas.
Estamos hace tanto tiempo amenazados que tal vez eso sea parte de nuestra rutina y no pensamos más que vivir sobre el dominio de fuerzas de las sombras que viven cerca allí al doblar de la esquina o aún dentro de nuestras propias casas. Quien sabe?

Que pena que las personas ya no se reconocen más como semejantes.
Que está aconteciendo con nosotros? Que estamos haciendo con nuestro plan de vida aquí en la tierra? Donde está la fuerza de nuestro corazón? Porque aguantamos todo eso amedrentados, callados, encogidos como si nos hubiesen sacado el poder?
Hasta donde va la maldad del ser humano? Hasta cuándo seremos capaces de azotar a nuestro Cristo interno, de reír de su dolor, de sentir poder al verlo sangrar hasta su última gota de sangre?
Dios, por que el Señor nos abandonó? Por que, el Señor que crea todos los días las maravillas sobre la tierra, hace a las criaturas crecer perfectas dentro del útero de las mujeres, hace que las células no se olviden de reproducir detalles ínfimos de nuestro sistema biológico; hace que las rosas rojas inunden de perfume nuestros ojos; hace que genios humanos encuentren salidas para tantos dilemas: por que, MI DIOS, el Señor nos pide para mirar a los seres de las sombras y nos enseña a comprenderlos, amarlos y a perdonarlos como si ellos fuesen nosotros mismos. Por que, Dios? Por que es cada día más difícil amar a todos nuestros semejantes?

Yo sé que somos todos uno. Ya sé eso. Pero como hacer para que todos los seres del Universo comprendan que este planeta llamado Tierra nos fue prestado para nuestro crecimiento por algunos pocos años. Me siento minúscula cuando intento viajar por el filo de la historia hasta encontrar el día en que nos dimos la espalda los unos para los otros y comenzamos a combatir nuestras diferencias en un movimiento de falta de respeto y amargura que parece no tener fin.
Ten pena de todos nosotros, mi Dios. Tome, por favor, Su inmenso borrador y borre las tinieblas para que podamos comenzar de nuevo.
Dénos un chance más. Precisamos regresar para Su casa. Precisamos volver a ver a nuestros hermanos e hijos. Precisamos re-crear las tribus, la vida, el mundo.
Queremos sentir nuevamente la felicidad de estar de regreso a la paz.


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izabel
Izabel Telles é terapeuta holística e sensitiva formada pelo American Institute for Mental Imagery de Nova Iorque. Tem três livros publicados: "O outro lado da alma", pela Axis Mundi, "Feche os olhos e veja" e "O livro das transformações" pela Editora Agora.
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