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¡Deja a Dios fuera de eso!

por Graziella Marraccini
Publicado dia 24/07/2008 14:11:38 em STUM WORLD

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Traducción de Teresa - [email protected]

Oí esa frase esta semana en una entrevista en la radio. “Deja a Dios fuera de eso y resuelve tus problemas solo”, decía el entrevistado. ¿Cómo dejar a Dios fuera de mi vida? Yo tengo fe, oro todos los días, me siento conectado con Dios y cuando tengo alguna dificultad, pido ayuda a Dios. ¿Cómo dejarle a Él fuera?

Esa frase resonó en mi mente durante algunos días y me hizo reflexionar mucho. ¡La fe, a mi entender, es una cosa inexplicable! Y, como afirma el dicho popular: la fe mueve montañas. Quien no cree en Dios, quien no tiene fe, no puede explicar lo que siente dentro de sí. No obstante, veo que muchas veces la gente cree que la fe le va a resolver todos los problemas y por eso permanecen allí, inertes, sentados en el sofá de casa con el rosario o la estampita del santo en la mano ¡esperando que el maná caiga del cielo! Y Dios por aquí, Dios por allá ¡y nada de levantarse del sofá! Esperan que todo se resuelva en un pase de magia y que el gran viraje ocurra sin su participación, ¡sin que hagan el mínimo esfuerzo! ¡Venga, chicos, Dios no tiene tiempo para resolver nuestros problemas! Si la noción que tenemos de Dios es aquella del viejo barbudo, sentado en su trono en el cielo, a la espera de recibir nuestras peticiones, como un Gran Padre capaz de quitarnos las castañas del fuego, entonces estamos muy equivocados. Dios no es nada de eso. ¡Dios es el Todo! (sabed más acerca de las Leyes Herméticas en este Sitio Web). ¡Él está dentro y fuera de nosotros, pues todo cuanto existe es Dios! Nosotros y Él Somos UNO. Por tanto, busquemos dentro de nosotros la solución para nuestros problemas.

La actitud de aquellos que basan la solución de sus problemas solamente en su fe demuestra, como mínimo, cierta puerilidad. El niño, cuando es pequeño, cree que el padre es la solución para todo lo que él necesita en la vida. Aquella mano grande del padre es con lo que cuenta el niño para guiarlo, y cuenta con aquellos hombros anchos para ampararlo. El Padre es sustento, es puntal, es guía.
No obstante, el crío debería aprender mientras crece que ha de tener responsabilidad y asumir la consecuencia de sus actos, e igualmente los valores morales y esos otros tantos valores y costumbres que sustentan nuestra sociedad. Solamente así llegará a estar apto para enfrentarse a las dificultades de la vida y a apreciar además sus victorias, sus conquistas.

El paternalismo sólo hace daño a las personas, pues las acostumbra a pedir limosnas y a no hacer nada para lograr algo por esfuerzo propio. El paternalismo está muy presente en nuestra sociedad en las actitudes de algunos políticos, pero, al mismo tiempo que sirve para amparar a los menos favorecidos en las carencias más urgentes, podemos llegar a la conclusión de que produce inercia y acomodación. ¡De nada sirve dar el pescado si no enseñamos a pescar! Luego se acaba el pescado y el hambre vuelve y, entonces, se extiende la mano nuevamente, esperando recibir más pescado. ¡Por eso, no esperéis de Dios el pescado, sino el anzuelo que os ayudará a pescar!

Muchas personas tienen esa noción paternalista de Dios. Extienden la mano, llenan las iglesias y los templos, postrados en oraciones, pero no perciben que esa ayuda que esperan de Dios vendrá solamente de su propio interior. No se dan cuenta de que el pescado está a su disposición, basta aprender a echar el anzuelo.
Veo constantemente en mi consultorio personas que se quejan y se lamentan y tienen dificultades para percibir que es su enfoque paternalista lo que no les está ayudando.
Es verdad que, a veces, algunos mapas me muestran claramente que la persona tiene una encarnación difícil. Llego a tener pena de ciertos seres encarnados que han venido con misiones especialmente arduas y procuro orientarlos en su tarea dentro de mis humildes posibilidades. Pero Dios manda el frío según sea el cobertor ¿no es cierto? Por tanto, tenemos el frío que merecemos o que hemos pedido y este ‘frío’ es lo que nos hará evolucionar espiritualmente, lo que habrá de ayudarnos en nuestra andadura en este cuerpo terreno.

Hemos nacido en un determinado momento astral y, por consiguiente, tendremos un determinado carácter, que será como un ADN del alma, predeterminando nuestra forma de contemplar la vida. Siempre hemos de tener esto en mente para orientar nuestras peticiones a Dios. “¡Dios, mándame lo que sea mejor para mí!” Esta debería ser la petición. Aun cuando no comprendemos el motivo de una dificultad que enfrentamos, hemos de tener la certidumbre de que ella nos ha sido enviada por una razón muy precisa: nuestra evolución espiritual. Frente a una dificultad cualquiera, las personas reaccionan de distinta manera: el nativo de Aries tendrá una actitud más agresiva y activa que otro de Piscis, el cual puede entrar en depresión ante un problema que no logra resolver. Pero esto no quiere decir que uno sea mejor que el otro. Solamente que uno es ‘diferente’ del otro y que ambos contemplarán el problema bajo prismas diferentes. Ese prisma está determinado principalmente por el signo solar, por el signo lunar, por el ascendente, por los planetas regentes, por los planetas en las casas y sus aspectos, en fin, por todo cuanto está allí, retratado en vuestro mapa natal, pudiendo ser interpretado por un astrólogo competente.

Tened la seguridad, apreciados lectores, de que las opciones que elegimos son lo que determina nuestro destino. La astrología, como verdadera ciencia milenaria que es, nos ayuda a descifrar cuál es este destino y nos indica cuándo tendrán lugar los acontecimientos señalados en nuestro mapa. Por eso podemos decir que la astrología es el reloj del destino.
¡Con esto no quiero decir que la fe no promueva milagros! Yo creo profundamente que la oración y la fe pueden ayudarnos a vencer nuestras dificultades, nos ayudan a superar un dolor, una pérdida, nos ayudan a enfrentarnos a un abandono, a una desgracia, pues la fe, con la fuerza de la oración, pone en movimiento una enorme cantidad de energía, que por el poder de la atracción nos alcanzará las cosas positivas.Quien es optimista y encara las dificultades con coraje y buen humor tiene más posibilidades de superarlas. Quien, ante un altar, una imagen de santo, o en íntimos momentos de meditación, logra alejar la negatividad de su cerebro, tiene más probabilidades de salir victorioso de la batalla.
Por esa razón, no debemos dejarnos abatir por pensamientos negativos que normalmente son fruto de condicionamientos recibidos en la primera infancia. La actitud positiva de los padres (no la actitud paternalista) ayuda al niño a tener confianza en sí y actitudes positivas frente a la vida.
Recordemos que el Amor es el gran ‘imán’ capaz de atraer hacia nosotros todas las bendiciones que merecemos. El universo es un gran acto de AMOR.
Y si el Amor es algo recíproco, debemos también sentir ese enorme amor dentro de nosotros para atraer el amor que proviene del universo. Hay que hacer un esfuerzo diario, insistir, no desistir nunca, no desmayar, pedir, pedir, pedir, sí, ¡pero también remangarse y salir a la lucha! Y por último, debemos agradecer, agradecer, agradecer por el Amor que recibimos de Dios todos los días.

Esta semana vamos a conectarnos con esa Luz divina expandiendo nuestro Amor por Dios y por su Creación en todas las formas y pedir la iluminación para conseguir vislumbrar la solución para nuestras dificultades. Seamos agradecidos a Dios por todo cuanto ya poseemos. Agradezcamos el don de la vida como el bien más precioso de todos, pues nos ofrece la posibilidad de evolucionar espiritualmente.



El Genio Cabalístico que nos ayudará en esta tarea es la 63ª manifestación de Dios: ANUHEL cuyo nombre significa “Dios Infinitamente Bueno”. El salmo de oración es el 2. Haced vuestra oración con fe y con amor, ¡pero no olvidéis hacer vuestra parte!

¡Una semana llena de Luz Divina!
São Paulo, 17 de junio de 2008


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Sobre o autor
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Graziella Marraccini é astróloga, taróloga, cabalista e estudiosa de ciências ocultas e dirige a Sirius Astrology. grabnn Atende em seu consultório em SP com hora marcada no horário comercial.
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