auravide auravide

Del otro lado - Capítulo 16


por Satyananda - [email protected]

Traducción de Teresa - [email protected]

Tras la experiencia de haber visualizado una apertura entre mundos, y empezar a percibir que existía la posibilidad de ver las vidas pasadas no como pasadas, sino como paralelas o estando en un universo paralelo, empecé a sentir sonidos internos, impresiones sobre la realidad y sensaciones que no formaban parte del cotidiano común.

Parecía que la esencia se había desplazado hacia fuera, y que el término "fuera" había perdido todos los adjetivos. Parecía que yo caminaba sobre la misma sensación, una sensación de paz. El cuerpo físico se reducía a los ojos... se reducía a ver. La audición y los otros sentidos ya no tenían tanta importancia, solamente el ver. Ahora era una visión que parecía cubrir 180 grados, ya no había la necesidad de enfocar objeto alguno, pues no existía la sensación de bonito y feo, valor y no valor. Había solamente la sensación de contemplación, de observación.

Aquel día en particular, a continuación de la apertura del portal, de la sensación de muerte, de mirarme al espejo y ya no reconocer la imagen reflejada, fui al ashram. Recuerdo bajar del coche y sentarme en la plazoleta situada inmediatamente al lado de la cuesta y quedarme mirando hacia arriba. Sin motivo alguno, recordé las formas de las dakinis (del tibetano, andariegas del cielo), la forma de los ángeles, las formas que aparecían en los libros, que los mostraban a todos ellos dejando rastros de viento y luces coloridas. Las dakinis, representadas por fajas de cintas, volando conducidas por el viento. Y dentro de esa forma de pensamiento, dentro de ese modelo mental, imaginé bendiciones y frases coloridas escritas en el aire. Permanecí sentado en el banquito de la plaza imaginando a esas formas, acabadas de crear por mi imaginación, saliendo de mi corazón y caminando directamente para el ashram. Visualicé que ellas subían en dirección a la sala de meditación, dando vueltas por encima del ashram, girando en todos los sentidos, y eso quedó como un juego de la imaginación.

Nunca había hecho esto, nunca había imaginado ese tipo de alegorías. Fue cuando, de repente, percibí a nuestro Maestro subiendo por la lateral del ashram mirando hacia arriba como si realmente estuviese viendo todo lo que estaba sucediendo en mi visualización. Durante algunos minutos aquella proyección dejó de ser proyección para convertirse en realidad, porque yo veía y nuestro Maestro también veía y sentía, acompañando con los ojos cada detalle, el vuelo de las fajas de luz, los mantras, las bendiciones y la gratitud que estaban siendo emitidos. Lo acompañaba con tanta intensidad como si realmente estuviese viendo y sintiendo todo aquello. Fue cuando, de repente, él miró en dirección a la plaza y me vio sentado. Lo miré muy sorprendido también, él lanzó una mirada bastante seria y yo detuve la visualización en el mismo momento. Entonces él volvió la espalda y se retiró.

Me dio mucha vergüenza, sin saber qué había ocurrido. No hubo conversaciones sobre este acontecimiento en los años que siguieron, y yo solo he podido entender la importancia de ello en los templos de budismo tibetano, donde cada práctica en su secuencia mantenía un ritual de visualización, y esa visualización era una proyección de nuestra voluntad pura y de nuestra intención pura, cuando se lograba proyectar universos de consciencia.

Desde ese día empecé a tener más cuidado todavía con cualquier tipo de pensamientos, tanto los que salían de mí como los que entraban, y empecé a acoger cada pensamiento que llegaba emitiendo sentimientos en su dirección, como si se tratase de visitantes. A veces llegaban 'visitantes' maleducados y había que calmarlos, pacificarlos e intentar comprender el motivo, comprender porqué aquellas personas tenían tales sentimientos, tales juicios.

A partir de entonces el significado de la palabra perdón fue desvaneciéndose, porque he comprendido que no existía el perdón, sino la comprensión. Cuando se advierte la intención de las personas, uno se pone en su lugar, y con ello el tiempo de altera, porque nosotros andamos siempre un paso más adelante, y con eso empieza la comprensión de que hay la posibilidad de que nuestra consciencia se halle en varios cuerpos al mismo tiempo.


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