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El Camino - Parte 3

por Elisabeth Cavalcante
Publicado dia 20/08/2008 14:49:38 em STUM WORLD

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Traducción de Teresa - [email protected]

Esta semana vamos a conocer qué dice Osho acerca del tercer valle que el buscador habrá de atravesar en el camino hacia la unidad.
“El tercer valle es el llamado valle de las piedras de tropiezo.

Una vez surgida la conciencia, ahora estarás apto para ver las piedras de tropiezo que hay. Tendrás ojos para ver cuántos obstáculos existen. Hay paredes sobre paredes. Hay puertas también, pero son pocas y lejanas unas de otras. Estarás apto para ver todas las piedras de tropiezo.

Al-Ghazzali dice que éstas son cuatro: en primer lugar, el mundo seductor – el mundo de las cosas. Éstas son muy fascinantes. Se crea la ambición. ¿Por qué todas las religiones vienen diciendo que es preciso ir más allá de las tentaciones mundanas? Porque si estás tentado por las cosas del mundo y sientes demasiado deseo por las cosas mundanas, no tendrás energía suficiente para desear a Dios. Tu deseo se perderá en cosas.

Un hombre que desea una gran casa, una gran cuenta bancaria, gran poder en el mundo y prestigio, pone todo su deseo, sus energías, en el mundo. Nada deja para buscar a Dios.

Las cosas, en si mismas, no son malas. Los sufíes no están en contra de las cosas, recuerda. Los sufíes dicen que las cosas son buenas en si mismas, pero quien ha empezado a buscar a Dios y a la verdad definitiva no puede tener recursos para ellas. Tienes una determinada cualidad y cierta cantidad de energía. Toda la energía ha de encaminarse a un deseo. Todos tus deseos tienen que convertirse en uno, sólo así puedes llegar a Dios, sólo así puedes superar este tercer valle.

Comúnmente, tenemos muchos deseos. La persona religiosa es aquella que tiene un único deseo, es aquella en que todos los otros deseos desembocan en un único deseo inmenso – tal como pequeños ríos que desaguan formando el Ganges – de ese modo. Una persona religiosa es aquella en que todos los otros deseos se han convertido en uno: ella desea apenas a Dios, ella desea apenas la trascendencia. Así, la primera es el mundo de las tentaciones; la segunda es la gente – la fijación, la atracción por las personas.

Nuevamente, recuerda, los sufíes no están en contra de las personas, pero dicen que no se puede permanecer ligado a las personas. De otro modo, la propia fijación se transforma en un obstáculo, una piedra en el camino de Dios. Permanece con tu mujer, con tu hombre, con tus hijos, con tus amigos, pero recuerda que somos todos extraños aquí y que nuestra cercanía es accidental. Somos viajeros y nos hemos encontrado en el camino. Durante algunos días tal vez permanezcamos juntos – agradece esto – pero, tarde o temprano los caminos se separan. Tu esposa muere, ella se va por su propio camino y tú no sabes a dónde. O bien tu esposa se enamora de otra persona y vuestros caminos se separan. O tú te enamoras de otra persona. O tu hijo crece y asume la dirección de su propia vida y se aleja de ti – todo hijo necesita moverse para lejos de los padres.
Nosotros estamos juntos en este trayecto apenas durante unos pocos días y nuestro estar juntos es accidental. No hay nada eterno. Permanece con las personas, sé afectuoso, ten compasión con las personas, pero no te vuelvas apegado – de otro modo, el apego ya no te permitirá libertad suficiente para ir más allá.
Luego, el segundo son las personas, los vínculos. Al tercero Al-Ghazzali le llama satán y al cuarto, ego.

Por satán se sobrentiende la mente – la mente que has acumulado en el pasado. Aunque haya surgido la conciencia, aunque te hayas vuelto más consciente que nunca, el mecanismo de la mente aún existe, al acecho. Ella aún permanecerá al acecho durante algún tiempo. Ha estado contigo tanto tiempo que no puede dejarte repentinamente. Esto lleva tiempo. Y la mente espera y vigila – si surgiese alguna oportunidad, saltará inmediatamente y tomará posesión de ti. Ella ha venido siendo tu maestro, tú vienes procediendo como un esclavo. La mente no puede aceptar que te hayas convertido en un maestro tan de repente. Le lleva tiempo.
La mente es un mecanismo, existe siempre. Para el buscador, la mente es el demonio. Todas las historias sobre el demonio no son más que historias sobre la mente. El demonio – o satán, como llaman los sufíes al demonio – es tan sólo un nombre mitológico para la mente.

Cuando el demonio tienta a Jesús, ¿te crees que algún demonio está allí, en algún lugar? ¡No seas necio! No hay demonio alguno por el lado de fuera. La tentación provenía de la propia mente de Jesús. La mente dice: “Ahora que te has vuelto tan miraculosamente poderoso, ¿por qué preocuparte con las demás cosas? ¿Por qué no tener el reino de todo el mundo? ¡Tú puedes tenerlo! Está dentro de tus propósitos. Puedes poseer el mundo entero, tienes mucho poder. Estás muy alto espiritualmente. Tus siddhis están rescatados. Puedes tener todo el dinero y todo el prestigio que quieras. ¿Por qué preocuparte con Dios y con la religión? Aprovecha esta oportunidad. La mente lo está tentando.

Y cuando Jesús dice: “¡No vengas en dirección a mí! ¡Márchate!”, él no se lo está diciendo a ningún demonio externo. Está simplemente diciéndole a la mente: “por favor, no te acerques a mi camino. Ya no me preocupan tus deseos, no me preocupan tus proyectos, estoy en una jornada totalmente diferente. Tú no sabes nada respecto de ella, ¡estate quieta!”

Y el cuarto es el ego – una de las mayores piedras de tropiezo en el camino de los buscadores. Cuando te vuelves un poco consciente, cuando surge tu conciencia, y empiezas a ver las piedras de tropiezo, un gran ego – no se sabe de dónde – de repente, se adueña de ti: “¡yo me he convertido en un santo, en un hombre muy sabio! ¡Ya no soy común, soy extraordinario!” ¡Y el problema es que sí, tú eres extraordinario! ¡Es verdad! El ego puede demostrarlo. Este es el gran problema, porque el ego no está diciendo cosas sin sentido. Él es sensible. ¡Es exactamente así!
Sin embargo, es necesario estar alerta, porque si te enredas con el ego, con la idea de que “¡Yo soy extraordinario!”, entonces te quedarás siempre en el tercer valle. Nunca serás capaz de llegar al cuarto, y el cuarto traerá más flores y más cumbres, cimas más altas y grandes alegrías – y perderás.
Este es el lugar donde los siddhis – fuerzas espirituales – se convierten en la cosa más obstaculizadora.

La parte negativa es empezar a luchar con esas piedras de tropiezo. Si empiezas a luchar, estarás perdido en el valle. No hay necesidad de luchar. No crees enemistades. Comprender, tan sólo, es suficiente.

Luchar significa represión. Puedes reprimir el ego, puedes reprimir tu vínculo con las personas, puedes reprimir tu avidez por las cosas, puedes reprimir tu satán, pero lo que quede reprimido permanecerá, y no serás capaz de entrar en el cuarto valle.Tan sólo aquellos que no tienen represiones entrarán en el cuarto valle. Entonces, no empieces reprimiendo.
La parte positiva es: acepta el desafío – el ego te está desafiando. No lo tomes como una enemistad, en vez de eso, tómalo como un desafío para ir más allá. No luches contra él; compréndelo. Mira profundamente dentro de él. Mira su mecanismo: cómo funciona, cómo este nuevo ego va surgiendo en ti, cómo la mente sigue jugando contigo, cómo te vas ligando a las personas, cómo te vas ligando a las cosas. Mira de qué modo es él, con fría observación, sin antagonismos. Si te vuelves antagónico, has sido pillado. Si te vuelves indulgente, has sido pillado. Y estas son las dos cosas más fáciles. Las personas conocen tan sólo dos cosas: o saben cómo se han hecho amigas, o cómo se han vuelto enemigas. Esta es la única comprensión común posible.

Lo tercero te ayudará. Permanece vigilante, sé un testigo; ni amigo, ni enemigo. Sé indiferente. Percibe tan sólo que ellos existen, porque si adoptas cualquier actitud sentimental – en contra o a favor – los sentimientos se convertirán en cadenas. Sentimiento quiere decir que te has atado. Recuerda, estás tan atado a tus enemigos cuanto a tus amigos. Si tu enemigo muere, sentirás tanta añoranza cuanta sentirías de tu amigo – a veces incluso más, porque él estaba dando algún sentido a tu vida. Luchando contra él aprovechabas al máximo un viaje. Ahora él ya no existe. El ego que se satisfacía con la lucha nunca más será colmado nuevamente. Tendrás que hallar un nuevo enemigo.
Entonces, no hagas enemigos y tampoco hagas amigos. Solamente mira. Sé muy científico en el observar. Esta es la cosa positiva que has de hacer. Explora lo que es el ego, y explóralo alegremente.”
OSHO - The people of the Path.


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Sobre o autor
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Elisabeth Cavalcante é Taróloga, Astróloga, Consultora de I Ching e Terapeuta Floral.
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