Influencia Espiritual en Terapia de Vida Passada
Autor Osvaldo Shimoda
Assunto STUM WORLDAtualizado em 05/02/2009 16:37:09
Traducción de Teresa - [email protected]
“Creemos que el psicoanálisis, unido a la reencarnación, pero adoptando los procesos educativos de la reencarnación en el espacio y el tiempo, sería para el mundo de hoy una realización ideal.”
Chico Xavier – Enero de 1977.
Antes de comenzar a trabajar con la TVP (Terapia de Vida Pasada), a través de la regresión de memoria, cuando en mi consultorio escuchaba a mi paciente diciendo en el diván: “No me voy. Esa persona tendrá que pagar por sus errores”, me parecía que era un caso de histeria y fragmentación de personalidad. Esta interpretación, en aquella época, era conforme a mi formación psicoanalítica. No creía en la reencarnación, ni en las vidas pasadas, y tampoco en espíritus obsesores.
Sin embargo, mi trabajo con los espíritus obsesores dentro de la TVP, me llevó a revisar mis propias creencias en lo tocante a la vida después de la muerte y a la supervivencia de la conciencia. En la regresión de vidas pasadas, muchos pacientes me relatan que ven a sus desafectos (obsesores espirituales) de frente, o sea, su rostro se aparece delante de ellos.
Cuando el obsesor se aparece en las sesiones de regresión, está al tanto de todo lo que está ocurriendo en la vida del paciente. Muchos manifiestan ira contra la TVP, pues saben que el tratamiento va a beneficiar a su desafecto. Llegan incluso a impedir que el paciente vaya a mi consultorio. En una ocasión, un paciente llegó con retraso en su primera consulta, pues alegó que no conseguía encontrar el número de mi consultorio, aunque éste se hallase bien visible y su localización fuese de fácil acceso.
Trabajando con los pacientes obsedidos desde 1981, percibí que ellos suelen presentar los siguientes síntomas: Cansancio constante (disminución del nivel de energía), hipertensión, dolores en el cuerpo, jaquecas, insomnio, falta de concentración, irritación, ansiedad, temores infundados, obesidad, asma, alergias, etc. Es importante resaltar aquí que cuando el paciente viene a mi consultorio con esos síntomas, o con algunos de ellos, es praxis que yo solicite una evaluación médica antes de iniciar la terapia regresiva, para descartar cualquier sospecha de que esos síntomas tengan un origen orgánico.
Quiero subrayar, por tanto, que dentro de la TVP el paciente es tratado como un ser holístico (vidas pasadas, vida presente, obsesores, mente, cuerpo y espíritu), en busca de armonización y consiguiente eliminación de los problemas.
Por otra parte, es importante decir aquí que muchos pacientes vienen a la terapia de regresión para resolver sus problemas como en un “pase de magia”. Consideran que con solo la regresión van a resolverlos. No perciben que para resolver un problema es preciso abrir mano de alguna cosa. Que después de la regresión es necesario trabajar el contenido inconsciente de su pasado.
Véase el caso de una persona depresiva. Es un individuo amargado, irritado porque la vida no ha cumplido sus deseos. No se conforma con que las cosas no hayan sucedido como él deseaba. En realidad, por detrás de todo depresivo existe un carácter prepotente. Él quiere que las cosas sucedan a su manera. Y si tal no ocurre, se pone muy irritado. De ahí su frustración, queja y desánimo.
En muchos pacientes el carácter prepotente viene de varias existencias. Ahora bien, el peor de los prepotentes es el prepotente consigo mismo, es decir, no amarse y no aceptarse de ninguna manera. Es el ser irreductible en cambiar su modo de tratarse. Es aquella persona intolerante, inflexible en su manera de ser. Se niega a mirarse con buenos ojos.
Esta persona, evidentemente, necesita hacer una reformulación íntima, comprender su pasado y sus relaciones con el presente. Muchos vienen a la terapia para curar sus dolores, pero no están dispuestos a hacer sus propios cambios, a abrir mano de su prepotencia. Y ¿qué ocurre cuando una persona quiere todo a su manera? Camina hacia la rabia. Y entonces es cuando frecuentemente entra en contacto con su desafecto (obsesor) de vidas pasadas. Esa presencia espiritual no aparece por casualidad, sino por la vibración negativa que el paciente emana, producto de sus pensamientos, sentimientos, actitudes negativas cultivadas en su cotidiano, tales como: resentimiento profundo, irritación, miedos, sentimientos de inferioridad, depresión, auto-piedad, etc.). En honor a la verdad, es importante decir aquí que las personas se unen no solo por el amor, sino también por el odio. Por tanto, hemos de ser conscientes de que la obsesión es un proceso bilateral, en que hay siempre una relación de complicidad. En este sentido, la terapia de vida pasada es una terapia que tiene por objeto ablandar el corazón de los implicados, paciente y obsesor. Pero para que esto ocurra es necesario tener humildad y saber perdonar verdaderamente. De esta forma ambos se liberan y acaban recibiendo los beneficios de la terapia.
Caso Clínico:
Hombre de 32 años, Soltero
Acudió a mi consultorio por el hecho de ser persona bastante insegura. Tenía dificultades para tomar decisiones lo cual, evidentemente, le afectaba en su vida. Entraba en pánico al tener que enfrentarse a situaciones nuevas. El miedo al error, a tomar decisiones equivocadas, lo tenía muy angustiado. De ahí la costumbre de aplazar sus decisiones. Solía ser condescendiente con los errores ajenos, y sin embargo, muy intolerante con los suyos propios. Tenía también muchas dificultades para desagradar a las personas, para decirles “no”. El sentimiento de culpa era también una constante en su vida.
Al hacer regresión, se vio atado a un árbol, con traje de soldado. Él me relata: “Siento mucho miedo a morir. Me duele mucho la espalda. El general dice que soy un traidor.”
Súbitamente, el paciente lanza un gemido: “Él ha clavado una lanza en mi abdomen y ordena a los otros hombres que me golpeen”.
Veo la cara de pavor de un señor, a quien me había parado a ayudar.
Nuestra tropa estaba cabalgando por un camino y este señor me abordó, pidiendo un plato de comida. Él es mi padre de esta vida actual.
Ellos se han ido.
Estoy todo reventado.
Ese señor está colocando mi cabeza en su regazo, pidiéndome que le perdone.
Balbuceo diciendo que la culpa no ha sido suya.
Ellos regresan y acaban por matar a ese señor. Me arrastran, tengo mucho miedo a morir. Ya no siento las piernas.Ellos sienten mucho odio, principalmente aquel que me ha clavado la lanza. Está despotricando. Dice que yo no soy un líder. Me escupe. Dice que no he sabido aprovechar todo lo que él me ha dado.
Ese hombre, el general, es mi padre en esa vida pasada. Dice que lo he decepcionado porque no he cumplido su orden de matar a aquel señor. En otra ocasión, él me mandó incendiar una aldea y yo no logré cumplir sus órdenes. No está bien matar a la gente (llora copiosamente). Mi padre no me comprende. Le tengo miedo. Él mata a la gente con mucha facilidad. Yo temo a Dios. Yo no puedo hacer eso porque Dios me castigaría. El general dice que nunca llegaré a tener paz, porque él va a perseguirme eternamente, porque yo lo he deshonrado. Dice que existen los fuertes y los débiles. Y que si no soy fuerte, no merezco vivir.
Él me ordenaba matar, castigar a quienes le desobedecían, clavándoles estacas en las manos. Siento arcadas de vómito siempre que tengo que matar a alguien. Esto lo hago porque él me obliga. Dios tiene que perdonarme. Esas personas muertas van a perseguirme eternamente. Yo me siento culpable por la muerte de esa gente. Antes de clavarme la lanza, mi padre me dijo que soy la mayor decepción de su vida.
Él me arrastra por la calle y dice a todos: “Esto es lo que se hace a los débiles, a los traidores”. Mi padre decía que los animales merecían más respeto que los hombres débiles y que Dios hizo el mundo para que nosotros lo gobernásemos y que, por tanto, tenemos que seguir la justicia divina “Ojo por ojo, diente por diente”. No hay espacio para la misericordia, porque Dios no hizo la misericordia.”
A continuación, le pide que adelante en la escena y recuerde el momento de su muerte. “Estoy siendo quemado, siento mucho odio contra mi padre. Voy a encontrarme con Dios, y Él me va a castigar. Perdóname, he sido obligado (empieza a llorar). Estoy viendo a todas las personas que maté. Todo está oscuro, tengo mucho miedo, voy a ser castigado.”
Pido que me describa lo que está vivenciando después de su muerte física. “Estoy flotando dentro del útero. No he sido castigado. Estoy seguro aquí. Todavía me duele mucho el abdomen y también la espalda. No veo mi cuerpo. Estoy en el útero de mi madre. Ahora, estoy viéndome nacer. Estoy llorando mucho.”
Le pido a continuación que recuerde cuál es su propósito de vida para esta vida actual.
“Yo solo quiero pagar por cuanto he hecho en la vida pasada. Tengo un débito muy grande. No puedo equivocarme con nadie en la vida actual (pausa). Estoy recordando ahora que cuando tenía 17 años en esta vida actual, el general vino a verme. Se sentó en mi cama por la noche, mientras yo dormía. En aquella ocasión tuve mucho miedo. Sabía que yo lo conocía. Él vino para decirme que yo no podía equivocarme. Uno de los que maté vino a mofarse de mí y dijo que yo no había cambiado en nada y que siempre que yo me equivocase, él vendría a castigarme. A cada fallo mío, él se aparecería para castigarme.
Terminada la sesión le sugerí que buscase un centro espírita idóneo para hacer el trabajo de desobsesión. A la sesión siguiente, él me dijo que había pasado por el trabajo de desobsesión y que los “Maestros de Luz” conversaron con aquellas entidades espirituales y los convencieron para marcharse con ellos. Hicimos otras 10 sesiones de regresión y trabajamos su sentimiento de culpa por sus errores pasados, haciendo una reprogramación mental para que él se perdonase. Y dimos por terminado nuestro trabajo.








in memoriam