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¿Qué hacer con la vida en la edad madura?


Traducción de Teresa - [email protected]

La edad de la madurez, más precisamente después de alcanzar los cincuenta, es el momento en que más comúnmente nos llega el postrer impacto en la consciencia de que no es posible juzgar. En el universo personal, por ejemplo, no existe lo que está bien o lo que está mal, lo perfecto o lo imperfecto, sino lo que nos hace bien y lo que no nos lo hace, sin obstaculizar la vida del otro.

Pasamos entonces a ser más observadores de la naturaleza humana y menos quisquillosos con todo lo que no está conforme a los sistemas de verdades absolutas que siempre hemos transitado. A partir de esa percepción, la idea es, literalmente, deconstruir todo y cualquier auto-juzgamiento que nos limite la posibilidad de ser quienes realmente somos. Esa es la fase en que la urgencia de la vida nos toca de modo avasallador. Una invitación a poner definitivamente rumbo hacia el lugar sagrado que representa el todo en nuestro existir.

Hasta aquí, de algún modo, todos nosotros hemos luchado ciegamente por todo aquello que creíamos importante. A partir de ahora, en cambio, la invitación pasa a ser de otro orden. A ocupar un asiento diferente en los escenarios donde siempre hemos existido y a observar las mismas escenas desde otras perspectivas. También a estar abiertos para encontrarnos en situaciones nuevas, nunca antes experimentadas.

Aunque esas percepciones no les ocurran a todos, en el tiempo de la madurez empezamos a tener más clareza sobre la finitud de la vida y sobre el plazo de caducidad que tenemos en el planeta. Un momento bastante grave y generador de crisis, que puede irrumpir en la posibilidad del auto-rescate y de una nueva significación existencial. El objetivo y la urgencia son que la vida tenga un sentido real y diferente de todo aquello que ha quedado en el vacuo y se echa de menos. La búsqueda ahora frenética es la de alcanzar la sensación de que todo vale, y ha valido la pena, en esa aventura de la consciencia.
Siempre podemos dar un paso más para expandirnos, en cualquier área que fuese. Hay mil y una maneras para experimentarnos en el sentido de no traicionarnos a nosotros mismos. El problema es que la mayoría de nosotros sólo nos sentimos concernidos respecto de estos términos en los momentos en que, con un susto, tomamos conciencia de la brevedad de la vida. La edad madura es implacable para pillarnos de sorpresa, provocando toda esa postrera percepción.

Si nos contemplamos de modo más trascendente, en cambio, podremos percibirnos de modo muy diferente de aquel que se nos ha enseñado: estamos compuestos por energía, desde la más ínfima parte de nuestra materialidad, hasta lo máximo que podemos imaginar del cosmos. Todo en nosotros se expande en nosotros, todo es constante creación y nada es estático.

Cada vez que nos prendemos a sistemas rígidos, aparte de cegarnos, estamos matando algo en nosotros. Si acaso entendemos estar dentro de tales sistemas, con dificultades para hacer modificaciones que puedan aportarnos más placer y calidad en nuestras vidas, lo mejor que podemos hacer es buscar un auxilio externo eficiente. Como psicóloga que soy, siempre indico terapia competente para ello.

Tengo historias fantásticas de varios pacientes que ya se habían tratado en cuestiones sobre la estructura de su personalidad, dinámicas relacionales subjetivas e intersubjetivas, hasta que en un determinado instante, incluso antes de llegar a los 50, pudieron pasar por la crisis de la madurez existencial y literalmente apostaron por cambios profundos, con el propósito de ir hacia un sentido mayor y más real para su existencia. De hecho, la madurez puede promover ese estado inexorable de percepción gracias a la noción de la línea del tiempo ya vivida, pero no sólo eso.

En ese tipo de crisis existenciales del bien, uno de los posibles dolores, o incluso sensación de perplejidad, ocurre cuando se tiene consciencia de todo lo que significa vivir a lo largo de una vida de modo ciego en medio de creencias atenazadoras.
Tomando conciencia de esos factores, o la persona se deprime, o cae en pánico o bien empieza definitivamente a hacer todo aquello que de verdad tiene sentido, que es apostar por lo mejor de nuestra historia, en nuestra gran aventura del existir.

Tener la noción de que ya se ha pasado del mediodía existencial – y recibir el impacto de la percepción de lo que nuestra vida ha venido siendo, en medio de situaciones que no promueven una vida con calidad – puede originar una crisis personal apabullante, pero altamente beneficiosa.

En la época de la urgencia de la vida, la cuestión del autoconocimiento funciona como un gran soporte y auxilio en la ruptura con cualesquiera amarras que puedan estar sirviendo de impedimento para que el flujo de la vida se produzca en su expresión mayor. Principalmente porque es ahí donde tenemos la oportunidad de saber cómo somos, pudiendo dar nuevo significado a patrones de funcionamiento que ya no nos valen. Y esto es de máxima y fundamental importancia. Sólo así tendremos la capacidad de cambiar lo que no está a satisfacción, hacia una calidad de vida deseada.

Muchos nos pasamos la vida construyendo castillos de arena, esperando un tiempo en el cual suponemos que todo va a estar más tranquilo, cuando por fin podremos aprovechar nuestra vida.
En la mediana edad se percibe que el tiempo restante es escaso y extremadamente acelerado. El dejarlo para mañana se queda para ayer y la consciencia de lo sagrado que reside en el ahora se convierte en la mayor de las fortunas que una persona puede tener.
Si estás con la consciencia en este lugar, no esperes a llegar a la mediana edad para hacer valer tu existencia. Valídala ya. Absolutamente nadie tiene tiempo que perder. Y si acaso estás en la mediana edad, has de saber que tu vida comienza ininterrumpidamente en el ahora y en todos tus ahora que vendrán.
Deseo que puedas disfrutar juzgando menos a ti mismo y al otro, siendo libre y pudiendo apreciar la libertad del otro, y por fin, el colorido de la vida, formando parte intensamente de ella y siendo Todo Lo Que Existe.

Y como sugerencia, una oración diaria en nombre de la alegría de vivir: ¡yo amo la vida y la vida me ama!


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silvia
Silvia Malamud é colaboradora do Site desde 2000. Psicóloga Clínica, Terapias Breves, Terapeuta Certificada em EMDR pelo EMDR Institute/EUA e Terapeuta em Brainspotting - David Grand PhD/EUA.
Terapia de Abordagem direta a memórias do inconsciente.
Tel. (11) 99938.3142 - deixar recado.
Autora dos Livros: Sequestradores de almas - Guia de Sobrevivência e Projeto Secreto Universos

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