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Sexo, Amor, Erotismo y Pornografía - Parte 5

por Flávio Gikovate
Publicado dia 12/06/2008 15:20:29 em STUM WORLD

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Traducción de Teresa - [email protected]

PORNOGRAFIA y SOCIEDAD

Una de las características de la producción erótica o pornográfica es que trata claramente al sexo fuera de los límites del amor. Espero haber logrado demostrar que sexo y amor son cosas bastante distintas, que existe amor sin sexo – amor entre padres e hijos, por ejemplo – del mismo modo que existe sexo sin amor, además, claro, de la unión de sexo y amor, como ocurre en las relaciones afectivas entre personas adultas.

El amor es un impulso fuerte, relacionado con nuestras primeras experiencias como seres vivos, cuando todavía estábamos pegados a nuestra madre. Queda cierta nostalgia de esa simbiosis, y el deseo de rehacerla con figuras especiales con las que nos cruzamos a lo largo de la vida adulta. En cambio el sexo es impulso instintivo que no tiene un objeto de deseo tan definido como en el caso del amor, siendo, gracias a eso, difícil de “domesticar” y bastante anarquista por naturaleza. La vida real nos muestra que los que predican el recato y la ponderación no siempre emplean ese patrón de conducta en su vida personal.

Es muy importante que se perciba que el sexo es un proceso aislado del amor tanto en los hombres como en las mujeres. Nuestra cultura siempre ha reconocido a la sexualidad masculina como independiente del amor. Ahora bien, a las mujeres siempre se les dijo que el sexo va unido al amor. Pese a la complejidad de la cuestión, me parece que se puede afirmar que esa asociación fuerte propuesta a las mujeres estaba a servicio de reprimir en ellas el ejercicio de la plena y libre sexualidad. Hasta hace muy poco tiempo, a las mujeres no les gustaba siquiera asistir a las películas pornográficas que siempre han agradado mucho a los hombres. Hoy, constatamos que la producción erótica de todo tipo cuenta con un creciente número de adeptas, que, al menos en fantasía, se deleitan con la posibilidad del sexo libre del amor.

La posición de una sociedad como la nuestra en relación a la pornografía es contradictoria, como ocurre respecto de tantas otras cuestiones importantes. Es como si viviésemos sometidos a dos códigos de valores al mismo tiempo. Uno nos dice que seamos comedidos, ponderados, recatados, honestos, dignos. El otro nos enseña que las personas triunfadoras tienen que ser listas, llevar ventaja sobre las demás, ser exageradas, no tan recatadas y tener una honestidad relativa. Los dos códigos nos llegan diariamente a través de varios medios de comunicación. En el cine, hay personajes de los dos tipos; lo mismo ocurre en las novelas, donde siempre el galán se conduce por el código más riguroso. Y la vida real nos muestra que los que predican el recato y la ponderación no siempre emplean ese patrón de conducta en su vida personal.
Es muy importante que se perciba que el sexo es un proceso aislado del amor tanto en los hombres como en las mujeres.

Oficialmente, la pornografía está vista como inadecuada, estimuladora de malos hábitos sexuales, justamente porque no vincula el sexo al amor. Además, la producción erótica no establece límites entre lo que se debe y lo que no se debe hacer en las relaciones íntimas, lo cual todavía ofende los principios de un buen grupo de personas. Pese a ello, a la industria pornográfica le va muy bien, y el número de personas que gustan de entretenerse con ese tipo de películas, libros, novelas, etc. va en aumento. Aún hoy, sin embargo, el prejuicio contra la pornografía es mayor cuando se trata del sexo femenino. O sea, los padres se incomodan muy poco si su hijo está asistiendo a películas eróticas. Pero si es la hija…

Observando el fenómeno desde otro ángulo, podemos apreciar un aspecto interesante que, en general, no es citado. La producción pornográfica puede estar a servicio de una actitud conservadora, a servicio de preservar las relaciones afectivas y familiares, a servicio de la monogamia. ¿Cómo? Ya he dicho que las fantasías son uno de los caminos para el desagüe de la energía sexual, que, en nuestra especie, es bastante intensa. A medida que los individuos y también las parejas echan mano de los recursos producidos por la industria del erotismo, encuentran, vía imaginación, una salida para los deseos sexuales que desbordan los límites de las relaciones afectivas que desean preservar. La pornografía puede ayudar a las personas a reducir la energía sexual sin tener que recurrir a la práctica de actos que puedan constituir amenaza para los vínculos afectivos y conyugales.


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Sobre o autor
flavio
Flávio Gikovate é um eterno amigo e colaborador do STUM.
Foi médico psicoterapeuta, pioneiro da terapia sexual no Brasil.
Conheça o Instituto de Psicoterapia de São Paulo.
Faleceu em 13 de outubro de 2016, aos 73 anos em SP.
Email: [email protected]
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