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El reino de los semi-dioses

El reino de los semi-dioses
Publicado dia 9/8/2005 6:56:01 PM em STUM WORLD

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Traducido por Melissa Park [email protected]

Cuando nos atrapa la envidia perdemos la capacidad de dar y recibir

Durante las últimas semanas estudiamos la visión psicológica de la rueda de la vida según el budismo tibetano, esto es, los padrones emocionales de los seis reinos de la existencia presos al sufrimiento. La visión psicológica de esos reinos es la manifestación de nuestra psiquis de acuerdo con los padrones bajo los cuales interpretamos lo que vemos del mundo a nuestro alrededor.

Reflexionar sobre estos padrones de dolor y constante sufrimiento, nos ayuda a comprender la naturaleza del sufrimiento: como él surge, se sustenta y puede ser transmutado.

Los semi-dioses, también llamados Asuras, son seres que les gustaría ser dioses (Devas), pero en realidad, no lo son. Así como dice la expresión en italiano “Vorrei, ma non posso” (me gustaría, pero no puedo), ellos están presos de la sensación de estar casi allá, y luego se dan cuenta que no llegaron a ningún lugar. Hasta parece aquel maíz colgado delante del burro que lo hace seguir adelante, pero el pobre infeliz jamás lo degusta.

Deva viene de la raíz sánscrita div, que significa resplandecer, brillar. Devas son seres de luz, son dioses. Sura, significa también ser de luz, ser que brilla, dios. El prefijo “a” colocado al frente de la palabra sura indica “ausencia de”: aquel que puede hasta tener el poder, pero no sabe usarlo adecuadamente.

El reino de los semi-dioses se localiza enseguida debajo del reino de los dioses. En la iconografía de la rueda de la vida, estos dos reinos son representados como uno sólo, dividido apenas por un gran árbol - el árbol que concede la realización de todos los deseos. Los semi-dioses pasan el día ocupados en cuidar de este árbol, que, por ironía, sólo da sus flores y frutos a la altura del reino de los dioses!
Entonces, todos sus esfuerzos son diariamente desperdiciados. Por eso, ellos sufren de mucha envidia al presenciar los privilegios de la vida de los dioses. Cabe aquí recordar que aquel que sufre de envidia, ni imagina cuánto sufre también, el envidiado...

Además de eso, cuando los dioses comen los frutos del árbol de los deseos, ellos escupen los carozos al aire, que terminan por alcanzar a los semi-dioses como balas perdidas que los hieren. Eso les desencadena aún más rabia. Pero ellos simplemente no desisten: creyendo que un día vencerán a los dioses. Por eso viven en guerra permanente con ellos, pero siempre pierden.

Los semi-dioses son aquellos que se sienten más fuertes delante de los débiles y más débiles delante de los fuertes. Por eso están movidos siempre por una fuerza destructiva. Quieren saber siempre más que los otros. Al percibir que alguien sabe más que ellos procuran rápido colocarlo en una situación comprometedora para que puedan encontrar una forma de despreciarlo.

En este sentido, la visión psicológica del reino de los semi-dioses está contaminada por la sospecha que desencadena un sentimiento de paranoia creciente. Debido al miedo de perder el reconocimiento social, el poder y la fama, desconfían de todo y de todos.

Los textos budistas describen a los asuras masculinos como seres extremamente feos. Ellos son crueles y furiosos. Son tan orgullosos de sí mismos que rehúsan aprender y practicar las enseñanzas que los ayudaría a salir del sufrimiento. Al final, ellos adoran luchar, pues son viciosos del espíritu de competición. Por eso, no les interesa librarse de la rabia.

Los semi-dioses pueden hasta ser tan ricos como los dioses, pero como están siempre comparándose con ellos, enfocan sus mentes apenas en lo que aún "no poseen" y en lo que "no son". De modo semejante, la envidia les impide gozar su propia riqueza. Obcecados por la competición, viven un estado de lucha constante para alcanzar la perfección de un dios. Así, se convierten en víctimas de sus propias evaluaciones inalcanzables, pues reconocen su progreso apenas por medio de la comparación con los otros seres superiores a ellos. La preocupación de ser siempre el mejor, de ser siempre dueños de la situación, hace que ellos sean cada vez más inseguros y ansiosos.

Así como escribe Martin Lowenthal en El corazón Compasivo (Ed. Pensamento): “lo más paradójico en la competición es que queremos evaluar nuestro valor personal encima de cualquier comparación, pero comparándonos con los otros”!

La competencia nos distancia de los otros, pues ella es una acción contraria a la empatía, al entendimiento, al deseo de generar armonía en las relaciones.

Así como escribe Heloisa Gioia en su libro Un camino Iluminado (Ed. Cone Sul): “La ética en un asura es dudosa. Cuando no puede luchar de frente, ataca por la espalda, pues para él cualquier medio es válido, mientras que se libre del enemigo. Su espiritualidad y su buen corazón están amenazados. Se torna cada vez más difícil el intercambio energético de ayuda mutua entre las personas. Diminuye la facilidad de dar y recibir. Aunque reciba ayuda, ella queda comprometida, pues es recibida con desconfianza sobre las reales intenciones que envuelve. Desconfía que allí, en aquella ayuda, haya veladas intenciones para invadirle el territorio. En compensación, si no recibe, utiliza este hecho para rotular al mundo de egoísta, justificando su propia actitud de egoísmo”.

Para salir de este padrón de paranoia y desconfianza generado por el espíritu de competición, precisamos recuperar la lucidez: mirar de frente para cada situación, sin dejarse llevar por el deseo inmediato de manipular la situación para protegerse anticipadamente de lo que sea que pueda venir.

Al paso que, tomamos conciencia de cuánto estamos presos en el padrón emocional de desconfianza del reino de los asuras, podremos tomar coraje y bajar nuestras defensas en pro de relaciones basados en el intercambio y en el compañerismo.Izabel Telles cierta vez me pasó un ejercicio de imágenes mentales para limpiar el sentimiento de desconfianza, de manera que una reprogramación positiva sea gravada en su inconsciente.

Siéntese en un ambiente calmo y tranquilo. Los pies deben estar firmes en el suelo, las manos colocadas sobre las piernas y los ojos cerrados de comienzo a fin. Respire tres veces lentamente para conseguir un estado de tranquilidad y ponga su atención en la intención de este ejercicio: reconciliarse con el universo externo.
Izabel Telles aconseja: repetir el ejercicio por 3 ciclos de 21 días, respetando un intervalo obligatorio de 7 días entre cada ciclo.


Y ahora... vea, sienta o imagine una niña en una calle que tiene en las manos un objeto: su juguete o una mascota. Lo que a su imaginación quiera.

Observe a esta niña: ella está inocentemente recostada en un muro de la calle cargando su objeto o mascota mientras observa dulcemente al mundo a su alrededor.

Respire una vez y vea que se aproxima a ella un adulto y ella le entrega su objeto preciado.

Respire una vez más y vea, sienta e imagine que este adulto acepta amorosamente el objeto que ella le ofreció.

Él se agacha para quedar a la misma altura y saca del bolsillo derecho de su pantalón alguna cosa que ella gusta mucho y le da algo a cambio del objeto de preciado que recibió.

Ella percibe, entonces, que lo que hizo no fue dar, y sí hacer un trueque. Y se siente inmensamente feliz con lo que recibe de este hombre.

Ellos se miran uno al otro y sienten que hay un pacto entre ellos: una profunda ligación de intercambio y amor.

Respire una vez más y vea, sienta e imagine que ellos se aproximan de la manera más confortable para ella.

Respire otra vez y vuelva a observar a la niña con el objeto que recibió de regalo entre las manos y ahora vea la mirada de satisfacción que ella da para usted.

Sintiendo esta satisfacción y reconexión con el entendimiento, respire y abra los ojos.

por Bel Cesar

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Sobre o autor
bel
Bel Cesar é psicóloga, pratica a psicoterapia sob a perspectiva do Budismo Tibetano desde 1990. Dedica-se ao tratamento do estresse traumático com os métodos de S.E.® - Somatic Experiencing (Experiência Somática) e de EMDR (Dessensibilização e Reprocessamento através de Movimentos Oculares). Desde 1991, dedica-se ao acompanhamento daqueles que enfrentam a morte. É também autora dos livros `Viagem Interior ao Tibete´ e `Morrer não se improvisa´, `O livro das Emoções´, `Mania de Sofrer´, `O sutil desequilíbrio do estresse´ em parceria com o psiquiatra Dr. Sergio Klepacz e `O Grande Amor - um objetivo de vida´ em parceria com Lama Michel Rinpoche. Todos editados pela Editora Gaia.
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