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Inmediatismo & Desamparo

Inmediatismo & Desamparo
Publicado dia 2/24/2009 1:06:46 PM em STUM WORLD

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Traducción de Teresa - [email protected]

El texto en cursiva fue extraído de un artículo de las psicoanalistas Marisa Schargel Maia y Andréa Albuquerque, a quienes aplaudo de pie.

Ciertamente este texto no será leído por personas identificadas al 100% con el Inmediatismo, sino por aquellos:
- que en alguna instancia (amor o dolor) ya no se identifican con esa fantasía;
- padres y educadores que desean hijos/alumnos preparados para ser adultos saludables;
- que, aunque inconscientemente, sean formadores de opinión; y
- profesionales “buscadores” que trabajan con las víctimas y los problemas generados por esta sociedad.

La sociedad contemporánea está marcada por una cultura de la imagen, en que lo instantáneo y la búsqueda de la satisfacción inmediata y continua son valores predominantes.

Lo que se nos presenta como paradójico en la cultura contemporánea es la promesa/exigencia de conquista de satisfacción de manera inmediata. Los medios de comunicación y la cultura parecen estar siempre afirmando mediante simulacros que tú puedes – y puedes inmediatamente. En definitiva, el proceso de constitución del sujeto no está marcado ni por lo instantáneo ni por lo inmediato. Es preciso un largo “aprendizaje” para que se instaure el sujeto social. Atrapados en la red de fascinación de los medios de comunicación y la cultura vivimos un timo, ya que están imbricados mecanismos psíquicos complejos en la posibilidad de alcanzar el estado de placer-satisfacción.

Según el diccionario Aurélio, inmediato quiere decir rápido, instantáneo; además, el término se emplea en Filosofía para designar toda relación en que dos términos se relacionan sin que haya un tercero que se interponga como intermediario. En el sentido común, el término inmediato se aproxima más a lo instantáneo que a lo rápido. Pero ¿por qué asociar la cultura contemporánea a la idea de inmediatez? Aspectos aparentemente aislados de la vida cotidiana tienen esa idea como rasgo común. De forma subliminal, los medios de comunicación de masas la difunden en términos de consumo: adquiere determinado producto y realiza tus sueños de inmediato. En el ámbito de la clínica, crece la presión por la obtención de resultados rápidos; con frecuencia, al buscar tratamiento psicoterápico, los (im)pacientes relatan tentativas anteriores de alivio de sus sufrimientos a través de recursos que prometen solución inmediata, como auto-medicación o recursos esotéricos.


Leyendo un texto sobre el cariño conquistado por el Dalai Lama en Occidente, salta a la vista el hecho de que esta sociedad inmediatista está buscando AMPARO en líderes espirituales, medicinas orientales y terapias esotéricas. No obstante, se empeñan en traer a una cultura existencial, enseñanzas y prácticas espirituales, sus anteojos viciados por la ilusión del Inmediatismo.

Lo que se pone en circulación y ha quedado impregnado, tal como un lavado cerebral (pues el individuo pierde la capacidad de ponerlo en cuestión) es la satisfacción inmediata: ese es el bien mayor.

Una expresión común: estoy tomando los zumos desintoxicantes desde hace un mes y no ha bajado mi colesterol. ¿En cuánto tiempo va a bajar? Del tipo de: ¿cuánto tiempo hay que emplear este tipo de alimentación natural? ¿Cuándo podré volver a los malos hábitos alimentarios?

En lo que se refiere al uso del cuerpo, los efectos de tal exigencia de Inmediatismo son particularmente significativos: en la búsqueda de la sensación de placer y autoestima, se recurre a soluciones milagrosas cuyas consecuencias, a medio y largo plazo, no son tenidas en consideración. En ese sentido, el uso de anabolizantes acelera el lento proceso de preparación física en gimnasios; cremas, masajes y píldoras garantizan el moldeado del cuerpo de modo rápido, eficiente y sin sacrificios; excesos alimentarios se neutralizan con medicamentos – píldoras para eliminar la grasa, píldoras para la acidez, etc.; la Viagra garantiza el buen desempeño con el mínimo de interferencia del “contingente”. La industria farmacéutica gradualmente ha sustituido el delicado auto-control del cuerpo. Los signos corporales, indicadores de su saciedad y de sus límites, son silenciados por sustancias químicas. De modo análogo, estados de ansiedad, angustia, tristeza – experiencias de dolor que señalan el modo en cómo el hombre se coloca en ciertas situaciones, preparándolo para ellas – son también aplacados por medicaciones. Se busca permanecer en el estado de placer y alegría, al precio de eliminar parte de la experiencia humana. Es como si, socialmente, ya no se reconociese al dolor y la frustración como constitutivos del recorrido rumbo a los ideales de placer y alegría. Dolor y frustración pasan a ser indicadores, no de límites inherentes a la experiencia humana, sino de insuficiencia de aquel sujeto singular. O sea, se pone en circulación la idea de que esa imagen ideal de pleno placer está disponible para todos con un mínimo esfuerzo y que la no concretización de ese modelo resulta de problemas particulares de aquel sujeto.

Principalmente a través de los medios de comunicación de masas, con privilegio de la televisión, lo Inmediato se difunde y se consolida como valor. En una primera ojeada, éste es difundido explícitamente a través de los anuncios comerciales; la mejor calidad de un producto se traduce por su rápida eficacia. En una segunda observación, más atenta, percibimos una aplicación más sutil y estructural de esta categoría. Esto es divulgado, en los medios de comunicación, no solamente en el contenido de noticias y piezas publicitarias, sino principalmente por la forma en cómo se estructura la programación televisiva. En el noticiero, por ejemplo, noticias malas son intercaladas con noticias buenas y amenidades; el lenguaje es el más sencillo posible; los contenidos más complejos son depurados y presentados de modo panorámico. Con esos recursos, al espectador se le ahorra el trabajo de pensar, de procesar las informaciones recibidas; el mundo el flashes se deglute fácilmente, minimizándose así la posibilidad de apropiación crítica y selectiva del contenido puesto en circulación.

Enfaticemos, sin embargo, que en ese proceso lo que se pierde es la posibilidad reflexiva del pensamiento, haciéndonos prisioneros de la fascinación de las imágenes.


Y en este punto tengo que recordar al filósofo Sócrates, que fue condenado a muerte, acusado de influenciar a los jóvenes atenienses para poner en cuestión de las decisiones sociales y políticas de aquella época. Sus credos eran: “Una vida sin cuestionamiento no vale la pena de ser vivida”, “Conócete a ti mismo” y “La sabiduría no viene solamente de la observación, sino también de la introspección”.

Dos cuestiones, íntimamente entrelazadas, se destacan en esa mirada panorámica sobre la cultura contemporánea. La primera se refiere a los valores puestos en circulación en esa cultura – ideales de placer y bienestar inmediatos y continuos. La segunda, al modo en cómo esos valores son difundidos y aprehendidos prioritariamente a través de imágenes. En el horizonte de esas cuestiones se sitúa la problemática de la producción de nuevas formas de subjetivación.

A nuestro modo de ver, la consolidación de lo Inmediato como valor es uno de los desdoblamientos de la lógica de la sociedad de consumo. En ésta el ser es definido por el tener: para ser alguien, hay que tener… un cuerpo bien modelado, posición, dinero, bienes. En los anuncios comerciales, cada producto se asocia a un estilo de vida, a un status social, a un ideal subjetivo, a una “tribu”; como contrapartida, la expectativa del consumidor es que con la adquisición de aquel producto adquirirá también aquel patrón corporal, la filiación a aquella tribu, aquel status.

Sin embargo, observamos hoy un cambio sutil pero significativo, referido al tiempo del proceso: predomina ahora la orden de lo Inmediato, con la exigencia de alcanzar, ayer, el modelo ideal. Con esa urgencia, el proceso, antes que constituirse en una trayectoria para alcanzar una meta, se vive como un obstáculo a superar. Se experimenta, casi como del orden de lo insoportable, el aplazamiento de la satisfacción que sería alcanzada al llegar a la meta idealizada. Todos los medios para alcanzar resultados favorables inmediatos parecen válidos. En esta medida, entendemos que la cultura del consumo tuvo como uno de sus desdoblamientos la cultura de la imagen, y que el paso de una a otra ha estado marcado por la tendencia a la supresión del tiempo de proceso. En esa misma perspectiva, se hace preciso establecer una distinción entre tener una imagen (en la cual está presente la idea de tiempo de proceso) y ser una imagen (en la cual la instantaneidad es marca fundamental).

Hemos destacado, hasta aquí, dos puntos fundamentales:
1) La dimensión de cambio en la experiencia temporal, en la medida en que la imagen se asocia a la aprehensión instantánea de contenidos, como hemos ejemplificado antes con relación a las noticias periodísticas.
2) Con la utilización de los medios de comunicación de masas como principal vehículo de reproducción de la sociedad de consumo, los ideales de subjetividad han pasado a ser el mayor producto a consumir. Cuando se vende un bikini de marca, no está en juego solamente la adquisición del producto, sino que lo que se vende subliminalmente es el patrón corporal.

Nos resta todavía un tercer punto fundamental, a saber, el papel desempeñado por los medios de comunicación de masas, en especial, la televisión, en la configuración de la subjetividad contemporánea. En una primera aproximación, los programas televisivos parecen constituir importante fuente de modelos de identificación, en la medida en que críos, adolescentes y adultos buscan imitar, en su modo de vestir y en sus ademanes, a los personajes más difundidos de los medios de comunicación. Sin embargo, es preciso considerar cómo el sujeto se apropia esos modelos; a nuestro modo de ver, esa apropiación es, con frecuencia, mediada por la fascinación, lo cual nos permite establecer, en ese caso, una distinción con el proceso de identificación propiamente dicho. La diferenciación que queremos delinear aquí es entre el proceso de estructuración del sujeto y los mecanismos de modelado subjetivo de masas.

Veamos.
La configuración de la subjetividad resulta de los juegos de identificación vividos por el sujeto a lo largo de su existencia. Frente a la vivencia del desamparo, el primer movimiento del bebé es intentar dar un destino a esta angustia a través de la vía alucinatoria, una descarga mágica e inmediata. La quiebra de esta tentativa lo lleva a buscar otras salidas psíquicas, más elaboradas, para lidiar con la angustia, siendo éstas articuladas a partir de la mediación de otro. O sea, el movimiento del sujeto hacia fuera de su redoma narcisista autosuficiente rumbo a los objetos del mundo está provocado por la experiencia de insuficiencia de sus recursos mágicos inmediatistas. Constitutivamente prematuro, el sujeto humano depende, para su supervivencia y estructuración, de otro que le proporcione lo que le falta. Mediante la relación con esos otros significativos, apropiándose de lo que le es ofrecido y transformándolo en algo propio, el sujeto gradualmente se singulariza y adquiere autonomía, al mismo tiempo que permanece vinculado por lazos de dependencia.

En el proceso de socialización de la psiquis, habrá un progresivo aplazamiento de la satisfacción, resultante de la “negociación” del sujeto con la cultura y un incremento de la complejidad en la búsqueda del placer. Gradualmente se producirá el paso del placer inmediato encaminado al auto-erotismo, lugar narcisista o del yo ideal, para formas postergadas de placer – o formas de placer mediato. O sea, el proceso de socialización implica reconocimiento, por el sujeto, de que algo le falta, por lo cual deberá hacerse trabajar.

En el proceso de modelado subjetivo de masas, por la vía de la fascinación, se tiende a suprimir la dimensión de singularidad del sujeto. El objeto elegido como ideal es incluido en el yo por entero, y es como si ocupase el lugar del yo, produciéndose una debilitación de la voluntad e iniciativa propias y tendiéndose a la sujeción humilde a los dictámenes de ese ideal. En “Psicología de grupo y análisis de las masas” Freud traza una distinción interesante entre el proceso de identificación y el de fascinación: En el primer caso el ego se ha enriquecido con las propiedades del objeto, “introyectó” el objeto en sí mismo. En el segundo caso, se ha empobrecido, se ha entregado al objeto, ha sustituido su componente más importante por el objeto.

Para Ferenczi, la introyección constituye el instrumento psíquico fundamental para que los mecanismos identificadores puedan establecerse. A través de la introyección es como se produce la relación inaugural del yo con el medio, en un proceso por el cual el yo atrae hacia sí parte significativa del medio exterior. Es la inclusión en el interior del yo de los objetos del mundo exterior, movimiento ese desencadenado por la angustia de desamparo vivida frente a la pérdida originaria del objeto.


El concepto de incorporación es introducido por Freud en 1915, en lo que concierne a la noción de oralidad, por ello algunos comentadores apuntan a la posibilidad de entender el mecanismo de incorporación como el modelo corporal de la introyección. Rigurosamente, el proceso de introyección abre camino a la posibilidad de un aparato psíquico centrado en la representación, en la medida en que al introyectar el objeto, el yo también introyecta la dimensión de sentido que comporta el objeto. En el proceso de incorporación, en cambio, existe un “haz de cuenta”, pues el objeto es apropiado pero sin esa dimensión de sentido. Según Torok, uno de los elementos fundamentales en la distinción entre introyección e incorporación es la dimensión de proceso inherente a la introyección, mientras que la incorporación tendría un carácter mágico, instantáneo, cercano a la alucinación. Nos parece que esa dimensión de proceso es lo que garantiza la posibilidad de introyección efectiva del objeto, mientras que en la incorporación el objeto es apropiado por entero, sin que sea ‘procesado’ o ‘digerido’. Aquí el objeto no alcanzó la dimensión de mediación entre el yo y el mundo. Mientras que la introyección posibilita el enriquecimiento del yo, en la incorporación el yo queda como disminuido frente a la grandeza del objeto incorporado, que de alguna forma asume el lugar del propio yo.
Y aquí tenemos una buena explicación para el tanto de obesidad y problemas digestivos existentes en nuestra ciudad. Se engulle todo por la vía de todos los 5 sentidos, pero, si va a ser digerido (reflexionado, filtrado, cuestionado) o no, es otra historia. Sea en el estómago, en la mente o en el corazón.
Es urgente
- no dejarse seducir/iludir/engañar por los mensajes de consumo;
- mantenerse lo más lúcido y despierto posible frente a las propuestas diarias;
- preguntarse, ante todo estímulo: ¿necesito esto de veras? ¿Seré más feliz o saludable al adquirir esto?
- hacer la digestión diaria de todo lo que ya ha entrado y de lo que llegue a entrar;
- valorar lo simple, integral y natural. Y más, lo que es local. ¿Industrializado? Desconfía.

Vídeo indicado: A história das coisas
por Conceição Trucom

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Sobre o autor
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Conceição Trucom é química, cientista e escritora sobre Alimentação Baseada em Plantas, considerada como Alimentação do Futuro: vitalizante e regenerativa.
Portal: www.docelimao.com.br
Email: [email protected]
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