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Consciencia


Traducción de Teresa - teresa_0001@hotmail.com

Vivir de modo consciente presupone que, en cada momento de la vida, tengas muy claro quién exactamente eres tú. Esto significa saber qué te gusta y qué necesitas para ser feliz.

A primera vista puede parecer extraño afirmar que alguien pueda no saber quién es. Sin embargo, no se trata de la identidad social, aquella que todos recibimos al nacer, o sea, un nombre, una familia a la cual pertenecemos.

La verdadera identidad de un ser humano proviene de su naturaleza interior, de su ser más profundo, que siempre se revela en los momentos de aislamiento y soledad, aunque se insista en ignorar su voz.

Cuanto más conscientes deseamos vivir, mayor será la atención que hemos de dedicar a nuestra interioridad, pues ésta es lo que revelará quién de hecho somos y cuáles son los sentimientos que constituyen nuestra verdadera esencia.

La mayoría de las veces, la realidad interior difiere completamente de la personalidad que mostramos al mundo, pues ésta se ha formado a partir de aquello que nos han hecho creer que es lo acertado, lo adecuado, lo conveniente para ser aceptados por el resto del mundo.

Quedamos de tal modo condicionados a vivir de acuerdo a estos valores, que acabamos creyendo que esta sea la única forma de existir. El primer paso en el desenvolvimiento de la consciencia es cuestionar, a cada momento, si estamos siguiendo nuestros sentimientos o tan sólo reaccionando de forma automática a los valores impuestos por la sociedad.

Cuanto más ejercitemos esta práctica, mayor será el conocimiento que alcanzaremos acerca de quiénes de veras somos. Vivir en sintonía con la verdad de nuestro corazón es el camino más fácil para alcanzar una vida plena de poder interior, alegría y paz.

“Una antigua parábola en Oriente cuenta que una leona estaba saltando de un monte para otro y, precisamente en medio, dio nacimiento a un cachorro. El cachorro cayó en el camino por donde pasaba un rebaño de ovejas.
Naturalmente él se mezcló con las ovejas, vivió con ellas, se comportó como una oveja. Él no tenía la menor idea, ni siquiera en sueños, de que era un león.
¿Cómo podría tenerla? Todos al su alrededor eran ovejas y más ovejas. Él nunca había gruñido como un león; una oveja no gruñe. Él nunca había estado solo como un león; una oveja nunca está sola.

Ella está siempre en rebaño; el rebaño es protector, seguro, cierto. Si ves ovejas caminando, ellas caminan tan juntas que casi tropiezan unas con otras. Tienen tanto miedo de estar solas.
Pero el león comenzó a crecer. Era un fenómeno extraño. Él estaba mentalmente identificado como siendo una oveja, pero la biología no quiere saber de tus identificaciones; la naturaleza no va a seguirte.
Él se convirtió en un bello joven león, pero como las cosas ocurrían tan lentamente, las ovejas se acostumbraron al león, mientras que él también se acostumbraba a ellas.

Ellas, naturalmente, consideraban que él estaba un poco loco. Él se comporta extrañamente; y continúa creciendo. Esto no debiera ser así.
Y fingiendo ser un león… Pero él no es un león. Ellas lo han visto desde su nacimiento, ellas lo han criado, lo amamantaron. Y ningún león puede ser vegetariano, pero ese león era vegetariano, porque las ovejas son vegetarianas. Él solía comer hierba con gran alegría.

Ellas habían aceptado esa pequeña diferencia, la de que él era un poco grande y se parecía a un león. Una oveja muy sabia dijo: es tan sólo un accidente natural. De vez en cuando esto sucede.
Y él mismo también aceptó esto como verdadero. Su color era diferente, su cuerpo era diferente; él debe ser un accidente, una anormalidad. ¡Pero la idea de que él fuese un león era inadmisible! Él estaba rodeado por todas esas ovejas, y las ovejas psicoanalistas le habían dado explicaciones; tú eres solamente un accidente de la naturaleza. No te preocupes. Estamos aquí para cuidar de ti.

Pero un día un viejo león pasaba y vio a ese joven león entre el rebaño de ovejas. No pudo dar crédito a lo que estaba viendo! Él nunca había visto tal cosa, ni nunca había oído en toda la historia pasada que había un león en medio de un rebaño de ovejas y ninguna de ellas estaba asustada. Y el león estaba caminando exactamente como una oveja, paciendo en la hierba.
El viejo león no podía creer en sus ojos. Olvidó que se dirigía a pillar una oveja para su comida. Olvidó completamente la comida. Era algo tan extraño, que intentó acercarse al joven león.
Sin embargo él era viejo y el joven león era lozano – se le escapaba. Aunque se consideraba una oveja, cuando había peligro la identificación se le olvidaba. Corría como un león, y el viejo león tenía mucha dificultad en alcanzarlo.
Pero finalmente el viejo león lo agarró y él se puso a llorar y a decir: perdóname, soy una pobre oveja. El viejo león dijo: ¡idiota! Déjate de eso y ven conmigo hasta el lago.

Muy cerca había un lago. Él llevó al joven león hasta allí. El joven león no iba de buen grado. Él iba contra su voluntad, ¿pero qué puedes hacer frente a un león cuando tú eres tan sólo una oveja? Él puede matarte si no le sigues, así que se fue con el león.
El lago estaba silencioso, sin ninguna ondulación, casi como un espejo. Y el viejo león dijo al joven: tan sólo mira. Observa mi faz y observa tu faz. Mira mi cuerpo y mira tu cuerpo reflejado en el agua.
De pronto ocurrió un gran gruñido, que resonó por todos los montes. La oveja desapareció; él era un ser totalmente diferente – él se reconoció a si mismo. La identificación con la oveja no era una realidad, era solamente un concepto mental. Ahora él había visto la realidad. Y el viejo león dijo: ahora ya no necesito decir nada más. Has comprendido.
El joven león podía sentir una extraña energía que nunca había sentido… Como si ese algo estuviese adormecido. Él podía sentir un tremendo poder, cuando había sido siempre una oveja débil, humilde. Toda aquella humildad, toda aquella debilidad, simplemente se habían evaporado.

Esa es una antigua parábola sobre el maestro y el discípulo. La función del maestro es tan sólo traer al discípulo, para que él vea quién realmente es, y que aquello en lo cual él continúa creyendo no es verdadero…”


Osho, extraído de: The Path of the Mystic


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Elisabeth Cavalcante é Taróloga, Astróloga, Consultora de I Ching e Terapeuta Floral.
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