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Esclavos de un mismo Amo


Autor Xavier Andre - [email protected]

Traducción de Teresa
[email protected]

Una de las características humanas de más peso en nuestra vida es nuestra capacidad para crear realidades puramente mentales, y a través de ellas crear relaciones personales e incluso enteras sociedades humanas. Tal como explica Yuval Noah Harari en su magnífico libro "Sapiens: A brief History of Humankind", es a través de esta capacidad tan peculiar como somos capaces de mantener la economía del dinero, que se basa en una creencia y confianza compartida en el futuro valor de las cosas (algo puramente mental), o que nos organizamos en naciones y religiones, según ciertas ideas y creencias (creaciones de la mente) en un origen, lengua, cultura, religión o destino común. Incluso cuando hablamos de una gran empresa multinacional, ésta existe únicamente porque las personas creen en la idea de esa empresa y en las ideas de la ideología capitalista. ¿Dónde está "Peugeot"?, por ejemplo, pregunta inquisitivo Harari.

Pero el problema se presenta cuando pasamos a identificarnos intensamente con las ideas y las ideologías (conjunto de ideas) y además construimos nuestra vida en torno a ellas. Ocurre esto con las religiones fundamentalistas, con los nacionalismos, incluso con el capitalismo y la doctrina del "libre mercado". Y no sólo: todos nosotros solemos identificarnos intensamente con las ideas de "verdad", "lógica" o "razón", y no raramente pensamos o queremos pensar, que ellas nos guían. De hecho, la tradición occidental, en que todos bebemos aunque no nos apercibamos de ello, está basada en esas ideas o principios. De la misma manera, los fundamentalistas islámicos siguen con rigidez parecida los principios, o valores absolutos, en que su fe está basada.

Pero tanto la "verdad" como la "omnisciencia" de un solo Dios, son realidades puramente mentales, es decir, creaciones de la mente. No existen fuera de ella, sólo existen en nuestra mente o en la de Mohamed. Incluso la idea de la "justicia", sea la dictada por la razón o la dictada por Dios o Alá, es una creación de la mente, y no un valor absoluto; porque, ¿dónde está la justicia en condenar cierta política de nuestro gobierno al mismo tiempo que trabajamos a cambio de un salario, por el sistema que lo sostiene?
¿Dónde está la justicia en matar innumerables insectos cuando caminamos sin cuidado por un parque? ¿Dónde está la justicia cuando segamos la vida de innumerables animales o vegetales para comer más de lo necesario? La justicia sólo aparece, como la idea que es, cuando percibimos un daño innecesario infligido a nosotros mismos o a un ser con el cual empatizamos. Pero ¿por qué habríamos de empatizar con una persona, con un perro, y no con una hormiga o con una lechuga? ¿No son seres vivos como nosotros, que han venido a este mundo para vivir, sin tener que sufrir la muerte al acaso por un descuido nuestro? ¿Es más justo comprar en el supermercado unos tomates recogidos por manos casi esclavas, pero en un sistema biológico de agricultura, que unos tomates que fueron tratados con fertilizantes químicos y otros contaminantes, pero por mano de obra bien pagada y bien tratada? A fin de cuentas, todo depende del punto de vista (de nuestra mente) con que abordemos las cuestiones, y del nivel de empatía con otros seres (y por tanto de conciencia) que tengamos.

Volviendo a la idea de la "verdad", cuando decimos que la afirmación "el sol nace al este" es una verdad, estamos solamente apuntando al dedo que apunta a la luna (o al sol, en este caso). El sol nace por la banda que llamamos este, sólo porque tenemos la vivencia de una realidad tridimensional, pero no sabemos cómo sería si viviésemos una realidad multidimensional, que según los recientes aportes de la física existe. Por tanto, sólo cuando pensamos de acuerdo a nuestra vivencia tridimensional es como podemos decir que el sol nace al Este, pero para decir eso hemos de pensarlo primero, y sólo cuando lo pensamos resulta "verdad", nuestra verdad tridimensional: pura creación mental.

Sin embargo, de la misma manera que un fundamentalista islámico, adoctrinado desde niño en la "verdad" del Islam (conjunto de ideas), no acaba de comprender que la vida pueda regirse por otros principios distintos de los del Islam, los grandes pensadores de nuestra tradición occidental, como Sócrates, Platón, Descartes, o incluso un científico como Richar Dawkins, no acaban de comprender que la vida, la propia existencia, pueda regirse por otros principios que no sean la "verdad", la "razón" o la "lógica". O sea, lo que dijo Descartes, "cogito, ergo sum" (pienso, luego existo), es una contradicción, porque niega la propia existencia al reducirla al simple proceso mental del pensamiento.

Las filosofías orientales, como las budistas, dan testimonio de esta contradicción, de este espejismo del pensamiento, algo que sólo somos capaces de comprender cuando rompemos la añagaza del pensamiento, de nuestra mente charlatana. Y no sólo: las tribus aborígenes, aquellas que viven en una fase anterior a la "civilizada", tienen una vivencia diferente de la nuestra, sin que el pensamiento intensivo o el exceso de actividad cerebral las domine. En tal sentido, ellos son más sabios que cualquier científico occidental, con todos sus saberes y técnicas sofisticadas.

Pero cuando entramos en el mundo de las ideas, todo es posible, nuestra mente es capaz de discurrir lo que sea, articulando una estructura sólida y perfecta. Es esa capacidad mental, según explica Harari, lo que ha permitido a los seres humanos desarrollar innumerables instrumentos de nuestra civilización, como el dinero, el crédito, el capitalismo, el comunismo, las leyes, la filosofía, las nacionalidades, las lenguas. que son constructos mentales que no obstante UNEN (aunque sea en el dominio de la mente) a personas que nunca se relacionan entre sí a nivel personal. La fase tribal del ser humano ha sido rebasada.

A estas alturas, conviene apuntar a un proceso histórico-ecológico muy reciente (en términos de la edad del ser humano) que, según el psicólogo transpersonal Steve Taylor, que sigue la tesis del biofísico y antropólogo James DeMeo, hizo que la mente charlatana se apoderase de nosotros, de modo a hacer de los humanos una raza de explotadores y despiadados homínidos, incluso con nosotros mismos. Fue un trauma ecológico, un proceso de sequía en el norte de África y en el Medio Oriente, hace unos 5000 años, lo que rompió las sociedades humanas en aquel entonces, llevándolas a luchar miserablemente por los pocos recursos que restaban. Hasta esa altura, las sociedades humanas, incluso ya sedentarias y "neolíticas", mantenían todavía un modo de vida armonioso y cooperativo. Pero es a partir de ahí, de ese cambio climático y catástrofe ecológica, cuando la mente charlatana, atizada por el miedo y la angustia de una vida durísima, se apoderó de nosotros, y pasó a ser la forma dominante de la psique del ser humano moderno. El avasallamiento de las mujeres y los niños, las guerras y la obsesión por las posesiones y por la muerte, el dogmatismo religioso comienzan ahí, como explica Steve Taylor en su libro "Back to Sanity" (traducido al gallego bajo el título "De volta à saúde" por quien esto escribe). Es, por tanto, un proceso reciente, pero con el tiempo ha dado lugar no sólo a las peores como también a las mejores cosas del hombre moderno, porque la actividad mental ha ido alcanzando un desarrollo enorme, espoleando el desarrollo tecnológico y retroalimentándose con él. Así, grandes realizaciones de la humanidad, como los computadores, los cohetes espaciales, las pirámides de Egipto y sus matemáticas, la filosofía de Kant o la música de Beethoven, van a la par con las grandes vilezas, tales como las guerras y las destrucciones de la vida natural que llevamos a cabo de forma continuada, o los abusos entre nosotros los humanos.

Y lo que tienen en común estas dos caras (la sublime y la perversa) de la vida y de las creaciones humanas, es el predominio de la psique mental-egóica, del dominio del pensamiento en nuestras vidas.

Estamos prestos a matar por la verdad, mejor dicho, a morir por ella, o incluso a pasar horas interminables frente a una pantalla de ordenador en defensa de nuestras "verdades", que para nosotros son absolutas y son todo cuanto necesitamos para un mundo mejor, y COMO DEBE SER. Y mientras los otros no vean las verdades que nosotros defendemos, ya sea la de ALÁ (fundamentalistas musulmanes) o la de la CIENCIA y la RAZÓN (Richar Dawkins), habremos de continuar defendiéndolas, y considerando como INFERIOR a quien no las comprenda y siga. Pero la mente egóica es muy lista, ella se autoalimenta, se desplaza como un parásito de mente a mente, uniéndonos en una locura mental compartida. ELLA NOS TIENE ESCLAVIZADOS.

Llegados a este punto, una vez que nos hemos identificado intensamente con nuestros pensamientos, que crean una imagen mental de nosotros mismos, que son el principio de nuestro vivir, una vez que hemos empezado a mirar a aquellos que no entienden nuestros principios como seres inferiores, se inicia el proceso de DESHUMANIZACIÓN de los otros: nos sentimos como una entidad separada de ellos, y no como las islas de un mismo archipiélago (que es una unidad en la litosfera). Perdemos empatía con ellos, y el siguiente paso es, inevitablemente, empezar a reprochar, a luchar, a imponer, esclavizar, torturar, matar.

Por eso, cuando cualquiera de nosotros se implica en cualquier discusión política, sobre todo cuando nuestros antagonistas son los defensores de lo perverso (¡otra idea más!), sean los del golpe de estado en el Brasil o los de las invasiones y destrucciones de otros países, como Iraq o Siria, no nos apercibimos de que estamos siguiendo el mismo patrón de comportamiento que los criminales. O sea, el patrón dirigido por la mente egóica, que nos hace identificarnos con nuestros pensamientos y así nos aísla de los demás, y que desea intensamente las posesiones materiales o intelectuales. Por consiguiente, sólo estamos sosteniendo la realidad que vivimos, incluyendo aquello que de ella odiamos.

He aquí la "verdad" de nuestros problemas, según mis propias ideas. Pero si no os gustan. tengo otras.


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