La Terapia del Mentor Espiritual
Autor Osvaldo Shimoda
Assunto STUM WORLDAtualizado em 11/07/2007 20:28:04
Traducción de Teresa - [email protected]
“El hombre no es cuerpo carnal.
Esta es una revolución en el concepto de hombre mucho mayor que la revolución de la cosmovisión, en que el geocentrismo (la Tierra es el centro de todo) cedió lugar al heliocentrismo (el Sol es el centro de todo). Cuando se comprende que el hombre no es cuerpo carnal la vida empieza a emitir un brillo todo especial.”
Masaharu Taniguchi – La Verdad en Oraciones.
Los lectores de mis artículos en el sitio web Somos Todos Um pueden notar que hablo mucho del(a) mentor(a) espiritual en los relatos de los pacientes que han pasado conmigo por la Terapia Regresiva Evolutiva (TRE) – Abordaje psicológico y espiritual breve que canalizan a través de mí los Espíritus Superiores de lo Astral. Y que en esta terapia el (la) mentor(a) espiritual de cada paciente es quien descortinará el “velo del olvido” del pasado, ya sea de esta o de otras vidas, enfocando la causa primeva de sus problemas en la vida actual con el fin de verse libres de las ataduras (bloqueos) de su pasado.
Antes de crear ese nuevo abordaje terapéutico (TRE), me parecía que era yo, en cuanto terapeuta, quien descortinaría el “velo del olvido” de los pacientes.
Mis intenciones, obviamente, eran buenas, pues quería ayudarlos a librarse de sus padecimientos, causados por experiencias traumáticas de su pasado.
No obstante, los resultados insignificantes, mediocres, que se presentaron cuando equivocadamente he intentado – a través de la regresión de memoria – romper la barrera del recuerdo de su inconsciente (el velo) y llegar a la causa de los problemas, me han hecho cuestionar el método inicial adoptado. Hasta que en una de las sesiones de regresión con una paciente, ésta me dijo: “Dr. Osvaldo, mi mentor espiritual me está diciendo que a partir de ahora él va a ayudarnos en este trabajo.”
Atónito, pregunté a la paciente qué es mentor espiritual y quién era él… (Confieso que en aquella época yo era muy ignorante, obtuso en lo que se refería a la espiritualidad).
Fue el propio mentor el que me ha aclarado – a través de la paciente –, que él era un ser desencarnado directamente responsable por la evolución espiritual de aquélla, y que todos nosotros, encarnados o desencarnados, tenemos un mentor espiritual. Aclaró además que el mentor espiritual nos guía, orienta y protege frente a las adversidades de la vida, y asimismo nos ayuda a identificar si estamos, o no, siguiendo el camino que nos llevará a la evolución. Y cuanto más ligados a él estemos, mayor será nuestro grado de felicidad y serenidad.
Realmente, he podido constatar, no sólo con esa paciente, sino posteriormente con otros pacientes, que tras conversar con sus mentores, esos buenos espíritus les dejaban la sensación de bienestar, confianza en sí mismos, tranquilidad, serenidad, y la certidumbre de que no se encontraban solos en esta jornada, y de que pueden contar con un amigo fiel, principalmente en los momentos más difíciles de sus vidas.
De esta forma, a través de las orientaciones de los mentores espirituales de cada paciente, mi trabajo terapéutico ha dado un salto cuantitativo y cualitativo en cuanto a su eficacia en la resolución de los problemas de los pacientes, así como en la duración del tratamiento. Sin duda alguna, la TRE es un abordaje psicológico y espiritual realmente breve, pues el número de sesiones por las que pasan los pacientes – tras la entrevista inicial de evaluación – varía desde 4 como mínimo, hasta 12 como máximo.
Inicialmente, al comenzar a trabajar con la terapia regresiva (año de 1985), yo no era consciente como terapeuta (aunque en aquella ocasión ya tuviese un buen equipaje teórico y práctico en relación a las técnicas de regresión de memoria) de que no tenía autoridad para descortinar el “velo del olvido” del paciente, pues no lo conocía a fondo, en la intimidad, y por tanto no tenía condiciones para discernir lo que él estaba o no preparado para saber en relación con su pasado traumático, causante de sus problemas.
Es importante resaltar que, al descortinar el velo del olvido del paciente, es decir, romper la barrera de su memoria que le impide tener acceso a los recuerdos traumáticos de su pasado, el terapeuta va a tocar heridas dolorosas, antiguas (en la mayoría de los casos provienen de vidas pasadas) que todavía no han cicatrizado por completo. De esta forma, hurgar en heridas escondidas en el pasado sin saber cómo curarlas, puede llegar a agravarlas. Por tanto es preciso saber actuar en esas heridas para no perjudicar al paciente. En este aspecto, su mentor espiritual, por conocerlo profundamente (lo viene acompañando en varias encarnaciones) es la persona más indicada, con más autoridad para descortinar su pasado.
El Libro de los Espíritus de Kardec, capítulo VII, cuestión 399, dice: “Integrado en la vida corpórea el Espíritu pierde momentáneamente el recuerdo de sus existencias anteriores, como si un velo las ocultase. No obstante, tiene a veces una vaga consciencia, y ellas pueden incluso serle reveladas en ciertas circunstancias. Pero esto no ocurre más que por la voluntad de los Espíritus superiores, que lo hacen espontáneamente con una finalidad útil y jamás para satisfacer una curiosidad vana.”
A mi entender, la expresión en ciertas circunstancias (Kardec no ha especificado en qué circunstancias) incluye a la TRE como parte de ellas, pues esa terapia está conducida por los Espíritus superiores, que son los mentores espirituales de los pacientes.
Y ¿cuál sería mi papel en esa terapia, en cuanto terapeuta?
En esa terapia, yo soy el que facilita, soy un canal de las fuerzas espirituales, es decir, busco abrir el canal de comunicación entre el paciente y su mentor espiritual para que éste pueda comunicarse efectivamente con su pupilo y orientarlo mejor acerca de sus problemas y de la resolución de éstos, y asimismo si se encuentra en el buen camino en su proceso de aprendizaje y de evolución en esta encarnación.
Quiero resaltar además que, por medio de esta terapia, busco rescatar el sentido original del término Terapeuta de la Grecia antigua, que es “aquel que conduce hasta Dios”.
La TRE es, por tanto, una terapia profunda del alma, en la cual el paciente entra en contacto no sólo con su mentor espiritual, sino también con su espíritu, su alma, su yo superior, su esencia divina.
Caso Clínico: Tristeza, melancolía y desánimo.
Mujer de 40 años, viuda. La paciente acudió a mi consultorio tratando de saber el por qué de su tristeza, melancolía y desánimo, que la acompañaban desde pequeña sin un motivo aparente. Tenía pensamientos suicidas, de acabar con su vida.
No tenía ganas de trabajar a causa de esa falta de deseo de vivir. Aunque fuese una persona sociable, que aprecia estar rodeada de gente, prefería aislarse, permanecer a solas.
Su tristeza y melancolía se acentuaban, principalmente, al atardecer y cuando el día amanece. Lloraba mucho al ponerse triste. No se sentía vinculada, perteneciente a nadie, a ningún grupo, tampoco al de sus familiares.
Desde pequeña tenía la impresión, la sensación (el alma siente) de cómo iba a ser su vida. Decía a su madre que en la fase adulta contraería una dolencia grave, y es lo que ha ocurrido – a los 29 años padeció un cáncer de canal cervical (hubo que extraerle las trompas, ovarios, útero y parte del intestino).
Decía además que terminaría su vida en soledad, sin un compañero (la paciente es viuda).
En la 4ª sesión de regresión, tras inducirla a la relajación profunda para que entrase en estado alterado de consciencia – trance alfa o theta – y abriese el canal de comunicación para ser orientada por su mentor espiritual, pedí a la paciente que atravesase un portal (es un artificio técnico que siempre utilizo en esa terapia, y que funciona como un “portal de la espiritualidad”, que separa el pasado del presente, el plano terreno del plano espiritual) y que visualizase una luz grande e intensa (gran foco de luz que representa lo Astral Superior, el plano espiritual de luz).
En seguida la paciente me relató:
“Veo una luz amarilla, casi dorada, es bastante grande y esférica.
Dentro, veo un lugar, un césped verde, un río, muchos árboles, es de día, por la mañana, el lugar es muy claro.
Parece un campo de golf, muy verde, céspedes… Veo personas (entidades espirituales) caminando, charlando, llevan batines blancos. Son hombres y mujeres, están conversando, pero no les oigo.
En realidad, ellas conversan entre sí mentalmente (los espíritus desencarnados no articulan la boca como nosotros los encarnados para conversar, sino que se comunican mentalmente. De esa forma es también como se comunican con los encarnados, por el pensamiento).
-Entonces, procura intuir lo que ellos están conversando – ruego a la paciente.
“Dicen entre ellos que tienen muchas cosas que hacer, que hay muchos enfermos para curar. Caminan conversando. Es un caminar despreocupado. Yo los veo dentro de esa gran luz, desde fuera.”
-Aproxímate entonces a esa luz, y entra en ella – pido a la paciente (pausa).
“Cuando entré en esa gran luz, sentí una paz, una tranquilidad muy grande.
Es una sensación muy diferente a la de la Tierra, de nuestro plano terreno (pausa).
Ahora veo un hombre de tez clara, cabellos largos, lleva también un batín blanco. Me dice que es pronto para acompañarlos, y que aún va a tardar mucho.”
-Ruégale que se identifique – pido a la paciente.
“Dice que es mi mentor espiritual, y me revela que ya no enfermaré más; me pide que me despreocupe.”
-Pregunta a tu mentor de dónde procede esa tristeza que te acompaña desde pequeña, principalmente al atardecer y cuando el día amanece – pido nuevamente a la paciente.
“Me dice que es debida a que quiero anticipar mi venida al plano espiritual, o sea, que deseo estar junto a ellos cuanto antes.
Esclarece que no ha llegado aún mi hora de desencarnar. Y aclara también que tengo que acostumbrarme a lo que he solicitado antes de encarnar en la vida actual.
Explica que la enfermedad que contraje, el cáncer, en realidad ha venido para que yo controle mis impulsos suicidas. Esos impulsos podrían anticipar mi partida de esta vida, pero reitera que aún no es la hora, y que nadie puede anticiparla.
De esta forma, al contraer el cáncer, he tenido que cuidarme más.
Dice que la enfermedad ha sido una oportunidad para que yo valorase más la vida, porque en el plano espiritual, antes de encarnar en la vida actual, yo había pedido vivir muchos años.
Por tanto, he venido a esta vida para envejecer, porque nunca había llegado a envejecer en las vidas pasadas. Nunca he querido venir en las encarnaciones anteriores para envejecer, porque tenía miedo de quedarme sola en la vejez.”
-¿De dónde procede ese miedo? – pregunto a la paciente.
“Él dice que esto voy a tener que descubrirlo por mí misma (hay cosas que los mentores no revelan a los pacientes para no perjudicarles en sus aprendizajes).
Dice que en la encarnación actual tendré que envejecer a fin de no reencarnar nuevamente para pasar por la misma experiencia, porque nunca he conseguido cerrar el ciclo de la vida (nacer, crecer, envejecer y morir). Dice que siempre había muerto prematuramente siendo pequeña, por padecer alguna dolencia, por pobreza o por ser huérfana.
Esto explica también el por qué de no sentirme vinculada, perteneciente a ningún grupo, ni siquiera el familiar. Dice además que necesito, principalmente con mis familiares, ejercitar la paciencia. Me esclarece, por tanto, que no me vinculo a ningún grupo porque nunca he tenido una familia, no he creado vínculos afectivos y por eso las personas son tan extrañas para mí.”
-Pregúntale por qué sueles llorar mucho – pido a la paciente.
“Él me responde: ‘Los críos lloran mucho, ¿no es cierto?’
Desde pequeña mi alma sabía que contraería una dolencia grave, y asimismo que iba a envejecer, sin un compañero, y eso me entristecía, aunque formase parte de mi programa de reencarnación, y estuviese conforme con ello en el plano espiritual antes de reencarnar.
No obstante, aclara que puedo modificar ese programa, envejeciendo con un compañero si así lo deseo, pues todos tenemos el libre albedrío.
Me pide que cuide de mi parte espiritual, orando más y procurando ayudar a las personas, cuidando de ellas. Recuerda que hay muchas instituciones que necesitan de mi ayuda (pausa).
Mi mentor me está revelando que él es mi abuelo paterno (la paciente dice que no lo ha conocido). Me pide que sea firme, que tenga perseverancia, que todo saldrá bien y que él está siempre cerca de mí, y, por tanto, no he de tener miedo. Dice que esa tristeza y melancolía van a pasar, y que he acertado al venir aquí al consultorio, que él me ha dado una ayudita para que viniese a este tratamiento.” (Es frecuente que los mentores espirituales afirmen que son ellos quienes influyen sobre los pacientes para acudir a mí).
-Pregunta a tu mentor espiritual si debemos o no continuar con la terapia… (Es importante aclarar que en esta terapia siempre es el mentor espiritual de cada paciente quien, por conocerlo profundamente, evaluará si debe o no proseguir con el tratamiento).
“Mi mentor dice que ahora ya puedo andar sola. Sin embargo, me aclara que siempre que necesite de él, estará conmigo, y que ahora sé que ya no estoy sola (la paciente llora emocionada). Y de ahora en adelante, para conectarme con él, sólo tendré que llamarlo, pensando firmemente en él. Me recuerda que habrá de comunicarse conmigo intuyéndome, en pensamiento.”
-¿Cómo te sientes con esas revelaciones? – Pregunto a la paciente.
“Parece que he retirado un velo, que me he quitado un peso de encima, porque ahora sé los motivos de mis problemas (la máxima milenaria de Cristo ‘La verdad os hará libres’ se aplica aquí).
Me siento muy bien, más aliviada. Aún estoy muy emocionada por haber conversado con mi mentor espiritual y por saber que puedo contar con él, principalmente en los momentos difíciles de la vida (es frecuente que los pacientes se emocionen al conversar con sus mentores).
Él agradece a Vd., ahora se está marchando… se han ido todos”. (Había otros espíritus con él; los mentores siempre vienen acompañados, pues trabajan en equipo).








in memoriam