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Umbral, dimensión del sufrimiento

por WebMaster em STUM WORLD
Atualizado em 08/04/2020 11:34:25


por Nadya Prem (Nadya Prado)
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Traducción de Teresa - [email protected]

A veces no nos damos cuenta de las sombras que nos persiguen. Cerramos el corazón con la intención de no sufrir, de preservarnos, con la mejor de las intenciones. Sin embargo, cuando la energía del amor se petrifica en el centro cardíaco, dejamos de recibir la inagotable fuente de Amor Divino. Y sólo ella es capaz de disolver los resentimientos, resquemores, decepciones, fijaciones y toda la oscuridad que se acumula en nuestra aura.
De esa forma, sin querer, nos abrimos a las regiones umbralinas, que acosan y envuelven astuta y furtivamente nuestro ser.
El espíritu vive simultáneamente en las varias franjas interdimensionales que se penetran entre sí, en sintonía con las energías que más se parecen a su tenor vibracional.

El umbral es una de esas regiones donde el sufrimiento impera.
Muy mencionado en las obras espíritas, es conocido como territorio de los espíritus sufrientes.
Pese a todo, muchos desconocen cuán presos estamos a esa dimensión y cuánta influencia ejerce sobre nosotros.
El umbral está subdividido en: superior, medio e inferior, según la clasificación espírita. Sus gradaciones son sutiles, al igual que los otros linderos que separan las diversas dimensiones, según las variadas densidades energéticas.
Al desencarnar, el Espíritu, según su estado energético y vibracional, es naturalmente atraído hacia la región con la que mejor sintoniza. En general, salvo algunas raras excepciones, él se adentra en las franjas del umbral cuya energía se acerca más a la terrena.

En las zonas umbralinas se encuentran varios locales de socorro, como hospitales y campamentos, donde los desencarnados son recibidos y amparados por socorristas en el momento de la muerte del cuerpo físico.
Siempre que sea posible, juntamente con el mentor espiritual procuran facilitar el desenlace energético del Espíritu.

En el fenómeno de EMC - Experiencia de Muerte Cercana - que muchas personas revelaron haber pasado, el umbral está representado por el túnel oscuro. Es un acontecimiento natural que el Espíritu vive en el momento de la desencarnación. La mente egóica, durante el impacto, revisa todas sus experiencias, en su archivo mental, que pasa a integrar el Espíritu, añadiéndose a todas las otras vivencias.
En su tránsito a la vida espiritual, el Espíritu percibe la luz acogedora del plano astral, donde encuentra a su mentor, así como a amigos y familiares que estén autorizados a recibirlo. En ese momento, él puede ser encaminado a un hospital apropiado para la recuperación tras la muerte, o permanecer preso a las sombras umbralinas, en el referido túnel, por su apego a la materia y al ego.

Por todo el umbral se extienden los paisajes sombríos, y falanges de espíritus envueltos en su sufrimiento interior. No logrando desvencijarse de las trampas egóicas, siguen siendo rehenes de los placeres y dolores de las sensaciones animalizadas.
Todas las formas, colores, aromas y aspectos particulares de las dimensiones sutiles, son construidos por los pensamientos y sentimientos de sus habitantes. Todo lo que se ve por allá es reflejo del estado mental y emocional de los espíritus, que caracterizan la densidad y frecuencia vibratoria, pautando el ambiente astral.
Tal como aprendemos en el Espiritismo y en otros conocimientos sobre la espiritualidad, somos co-creadores de nuestra vida en lo que atañe, principalmente, a la vida espiritual.

Cuando pensamos, sentimos y nos emocionamos, generamos energía que se condensa en la dimensión sutil.
En el umbral, también, toda la energía de la mente y del corazón dibujan sus contornos.
Mientras aquí en la carne construimos con ladrillos, cemento, arena, entre otras cosas, en el mundo sutil la materia prima es nuestra energía emanada.
Los ropajes del Espíritu desencarnado, su periespíritu, también se presentarán en la dimensión astral según su condición energética.
Por ello los videntes relatan imágenes desoladoras de los Espíritus sufrientes. Ellos retienen sus miserias, su dolor, sus traumas, que nutren y dan vida al ego. Como zombis, en la ilusión de perpetuar la última identidad en que han vivido, mantienen la apariencia del cuerpo físico que habitaban, con todas las heridas expuestas.

Otros, en situación precaria, asumen la condición deforme de especies de tipo animal, construidas por el mal uso de los chakras inferiores y sus relaciones perniciosas con la sexualidad y otros vicios...
Más abajo del umbral todavía están las tinieblas, la dimensión más densa, subterránea, bajo la corteza terrestre, en total oscuridad.
En las regiones baja y media del umbral, adherentes a la corteza, viven los Espíritus sufrientes y reincidentes en el mal. Son zonas sombrías envueltas por las energías deletéreas. No obstante, en esas franjas hay muchas casas transitorias, instaladas para el socorro de Espíritus de paso hacia la región superior.
Pese a sus sombras, en el umbral superior se perciben nuevos aires, más alegres y más parecidos a la vida terrena. Casas, fauna y flora, como en el mundo físico. Región de la ciudad Nuestro Hogar, tan conocida por todos nosotros, contada en libro de Chico Xavier y también llevada al cine.
Además de esa ciudad, hay otras diseminadas por ese plano, acogiendo a los Espíritus en recuperación.
Son como oasis en pleno desierto para atender a los Espíritus que transitoriamente están en situación de errantes.

El umbral es el hábitat del ego. Mientras que la mente inferior, comandada por él, gobernare nuestros actos, estaremos bajo su yugo. Es la dimensión que acoge la ilusión y el sufrimiento que el Espíritu insiste en cargar sobre sus hombros. El umbral es una creación de la mente, de sus vicios, prejuicios, juzgamientos. La psique humana es manantial energético capaz de dar vida a su cielo o su infierno astral. Los desequilibrios, trastornos y sufrimientos mentales, no son otra cosa que el Espíritu transitando en las franjas umbralinas con las cuales sintoniza.

Como seres multidimensionales, nos movemos concomitantemente en las dimensiones física y sutil. Estamos las veinticuatro horas del día viviendo el mundo espiritual y podemos elegir estar en las tinieblas, en el umbral o en las dimensiones celestiales, donde la frecuencia vibratoria es de felicidad y paz interior.
A medida que nos liberamos del egoísmo, dejamos de vibrar y de conectarnos con las zonas umbralinas, y nos convertimos en amorosos trabajadores de la transformación interior y planetaria.
Como médiums que todos somos, podemos trabajar en favor del Espíritu humano, ayudando en casas transitorias, ciudades astrales de auxilio como Nuestro Hogar, o en otros parajes.

Estamos todos, queridos míos, inmersos en la psicoesfera tenebrosa y umbralina imantada al planeta y a la vida terrena.
Debemos, por lo tanto, cuidar nuestro ser interior, para que no seamos sorbidos hacia las zonas de sufrimiento.
Practicando el auto-conocimiento, estando presentes aquí y ahora, despertamos poco a poco, ensanchando nuestros horizontes conscienciales.
Percibimos en esta jornada que el mal y el bien están en nosotros y la responsabilidad de transformación es de cada cual.
¡El mal es tan sólo la ilusión temporal del sufrimiento interno, que se disipa en la luz del bien eterno!

¡Sé Amor!


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