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Educando hijos en el siglo XXI


por Gisela Luiza Campiglia - [email protected]

​Traducción de Teresa - [email protected]

Antiguamente, la educación represora era practicada por la familia y en las escuelas. Los padres pegaban a los hijos, y los profesores agredían a los alumnos con la palmeta. Sabedores de que la violencia no es la solución, caminamos hacia el otro extremo, el exceso de liberalismo y la sobreprotección.

En el pasado la mujer no trabajaba, y tenía la oportunidad de actuar integralmente como madre, cuidaba de sus hijos y los encaminaba hacia la vida adulta. El niño tenía miedo de desobedecer a los padres, puesto que sería castigado físicamente. En lo profesional, el niño era educado para dar continuidad al negocio de la familia. Participaba, aunque fuese indirectamente, en las crisis de los padres, conocía la frustración desde muy pronto. Se satisfacía jugando con un único juguete. El propio niño era quien trabajaba su motivación, y a veces también vivía momentos de tedio, siendo así forzado a desarrollar su creatividad. En las pequeñas fiestas infantiles, participaba con entusiasmo, organizando juegos, aplicando reglas y premiaciones. De esta forma desarrollaba competencias importantes para su actuación futura como adulto.

Hoy los padres trabajan fuera y tienen poco contacto con los críos; sintiéndose culpables por ello, evitan que los hijos sean contrariados; tristeza, tedio y soledad están prohibidos. Actualmente existe la creencia de que los hijos han de estar “preservados” de problemas. Es obligatorio que el niño tenga siempre buenos programas para disfrutar, amigos para jugar, videoconsola, y además una paga para gastar. Todo el estímulo motivacional es externo. El profesor debe motivar al alumno, los monitores deben animar las fiestas de cumpleaños, los padres deben comprar innumerables regalos, los cuales satisfacen a los hijos momentáneamente. El crío sólo reacciona a estímulos externos, no sabe practicar la auto-motivación, acabando por considerar que el mundo es un local de diversión.

Sin embargo, la vida adulta de cualquier persona exige autonomía, responsabilidad, cumplimiento de reglas, aparte de alta capacidad para lidiar con la frustración y solucionar problemas.

Los padres son un vehículo del saber en el mundo para sus hijos. Haz tu parte ahora y disfruta de paz y alegría en el futuro, celebrando el éxito de tus hijos.

Los problemas de comportamiento deben resolverse mediante el diálogo, aunque no de forma unilateral, y nunca en la hora del nerviosismo. La comprensión de que las reglas existen para que las cosas funcionen de forma más segura y organizada, quita el enfoque negativo que por lo regular existe sobre las normas de conducta. Por ejemplo: Los semáforos existen para que el tráfico pueda fluir con seguridad y rapidez, en caso contrario todos intentarían pasar al mismo tiempo, creando el caos y causando accidentes.

Cuando se instala un conflicto, los padres deben acoger a los hijos, demostrar interés por el asunto y exponer su complicidad como conocedores de tal situación. Transmitir su punto de vista y preguntar la opinión del crío sobre la cuestión. Invita a tu hijo a participar en la solución del problema, coloca la responsabilidad también en sus manos. De esta forma, él desarrollará creatividad, responsabilidad y autonomía. Una vez restablecido el orden, fortalece la autoestima del pequeño con tu reconocimiento, elogia el cambio a mejor de su comportamiento.

Si el diálogo no funciona, el hijo debe comprender que en todas las instituciones hay alguien que manda. En clase, el profesor; en los países, el presidente; en casa, los padres. El hijo debe cumplir las reglas, o habrá una reacción punitiva. Las faltas graves no pueden ser pasadas por alto. Esa punición será privativa; temporalmente el niño quedará imposibilitado para realizar alguna actividad que le gusta mucho. El motivo de la privación, así como el tiempo de su duración, han de ser claramente explicados. Los límites son necesarios y saludables para el desarrollo humano, tanto en la vida como en casa, toda acción tiene reacción. Tu hijo debe saber que tu amor por él es incondicional, pero tu apoyo y admiración están condicionados a su merecimiento. ¡Lo que está mal, no será admirado ni apoyado!

El objetivo de los padres es hacer viable el desarrollo de competencias en sus hijos. Por medio de la educación y del propio ejemplo han de encaminar al niño para que éste tenga autonomía física, intelectual, emocional y económica.

Un niño que se desarrolla basándose en estímulos externos será un dependiente eterno, pues no ha aprendido a creer en sí mismo para solucionar problemas. Preservar al niño de contrariedades, o sea, sobreprotegerlo, resultará en inhabilidad para superar frustraciones. Con ese modelo educacional será difícil formar un adulto capaz de enfrentar los desafíos de la vida.


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