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Experiencia

por Elisabeth Cavalcante em STUM WORLD
Atualizado em 02/01/2008 19:24:54


Traducción de Teresa - [email protected]

Acumulamos a lo largo de la vida una gran cantidad de informaciones que, una vez reunidas, forman aquello a que denominamos conocimiento.
El conocimiento se adquiere a través de los profesores, de los libros y de toda la herencia cultural acumulada a lo largo de la historia.

Pero curiosamente, en los momentos más cruciales de la vida, aquellos en que nos sentimos profundamente perdidos, sin conseguir encontrar una salida para nuestros miedos y bloqueos, todo este conocimiento acumulado se vuelve inútil.

Los consultorios de los terapeutas están siempre llenos de personas que, en su mayoría, han acumulado una gran cantidad de conocimiento, diplomas, títulos. Esto demuestra que para los conflictos del mundo interior, el conocimiento exterior no sirve para casi nada. A menos que seas un observador permanente de tu propia subjetividad, puede que nunca te hayas dado cuenta de eso.

Entonces, podemos indagar, ¿dónde obtener el conocimiento que nos permite encontrar salidas cuando nos vemos metidos en un gran brete en la vida? Sólo hay una respuesta para esta pregunta: en nuestra propia experiencia.

Esto significa que solamente cuando experimentamos en la práctica una enseñanza o una teoría, podemos saber si aquello es o no válido para nuestra vida. Y, una vez que lo hayamos experimentado, el aprendizaje que resulte de ese acontecimiento, se nos hará inolvidable, y será un guía digno de confianza para cualquier otra situación.

La experiencia es la fuente de la inteligencia interior, aquella que no nace de la asimilación de tratados o escrituras, sino de una entrega profunda y confiada a los misteriosos designios de la vida. Pero solamente aquellos que se encuentren dispuestos a aprender a través de ese camino, podrán disponer del inagotable manantial interior que se llama sabiduría.

“Un místico Sufí, Hasan, se estaba muriendo. Cuando se moría, un hombre le preguntó: “Hasan, nunca nos has dicho quién fue tu Maestro. Te lo hemos preguntado varias veces, pero tú, siempre, has buscado alguna manera para no contestar. Ahora estás dejando el mundo. Por favor, dinos quién fue tu Maestro. Sentimos mucha curiosidad.”

Hasan dijo: “Nunca he respondido a esa pregunta por la sencilla razón de que no ha habido un único maestro en mi vida; he aprendido a partir de muchas personas. Mi primer profesor fue una criaturita.”

Se quedaron perplejos y dijeron: “¡Una criaturita! Pero ¿qué estás diciendo? ¿Has perdido la chaveta porque te estás muriendo? ¿Has enloquecido?”
Dijo él: “No, escuchad el relato. Yo había ido a una ciudad. Aunque no había conocido la verdad hasta aquella época, yo era muy culto, era un erudito. Famoso en el país entero, incluso fuera del país estaba adquiriendo renombre.

La gente empezó a venir a mí considerando que yo conocía la verdad. Yo estaba fingiendo que la conocía y estaba fingiendo sin saber que estaba fingiendo – yo estaba casi inconsciente. Porque las personas creían que yo la conocía, me convencían de que yo tenía que estar en lo cierto, yo tenía que estar enterado, si no ¿por qué habrían de venir a mí tantas personas? Yo me había convertido en un profesor. Sin haber tenido experiencia de cualquier cosa de la verdad, sin siquiera haber entrado en mi propio mundo interior, yo estaba hablando acerca de grandes cosas. Yo conocía todas las escrituras; las tenía en la punta de mi lengua.

“Pero durante tres días yo me movía por un país donde nadie me conocía, y deseaba ardientemente encontrar a alguien que me preguntase algo, para que yo pudiese demostrar mi conocimiento.”

Las personas de conocimiento se vuelven muy exhibicionistas; ese es todo su placer. Si una persona de conocimiento tuviese que permanecer en silencio, preferiría cometer suicidio. Si no ¿cuál es el sentido de vivir en el mundo? Tiene que exhibir su conocimiento.

Solamente un hombre sabio consigue ser silencioso. Para el sabio, hablar es casi un fardo, él habla porque tiene que hablar. La persona de conocimiento habla porque no consigue permanecer silenciosa. Existe una vasta diferencia; puede que tú no seas capaz de percibirla desde fuera, porque ambos hablan. Buda habla, Jesús habla y Hasan también estaba hablando. Y todos ellos dicen cosas bonitas...

Pero durante tres días él había tenido que permanecer silencioso. Fue casi como ayunar, se estaba sintiendo hambriento – hambriento de una audiencia, hambriento de alguien. Pero no se había deparado con nadie que lo conociese y entonces nadie le preguntó cosa alguna.
Entró en esa ciudad. Justamente empezaba a oscurecer, el sol se había puesto hacía poco. Una criaturita llevaba una lamparilla y él preguntó al pequeño: “Hijo mío, ¿puedo hacerte una pregunta? ¿A dónde llevas esa lamparilla?”

Y el crío dijo: “Me dirijo al templo. Mi madre me ha dicho que coloque esta lámpara allí porque el templo es oscuro. Y esa ha sido la costumbre de mi madre: siempre colocar una lámpara allí por la noche, para que por lo menos, el dios del templo no tenga que vivir en la oscuridad.”

Hasan preguntó al pequeño: “Pareces muy inteligente. ¿Puedes decirme una cosa – tú mismo has encendido esa lámpara?”
El crío dijo: “Sí”.

Entonces dijo Hasan: “Una tercera pregunta, la última pregunta que quiero hacerte: si tú mismo has encendido la lámpara ¿puedes decirme de dónde ha venido la llama? Has debido verla venir de algún lugar”.

El niño rió y dijo: “Haré una cosa -¡simplemente observa!” Sopló a la llama y dijo: “La llama se fue exactamente delante de ti. ¿Puedes decirme a dónde se ha ido? ¡Has debido verlo!”

Y Hasan se quedó completamente mudo. No consiguió responder. La criatura le había hecho ver que su pregunta, aunque pareciese muy relevante o significativa, era absurda. Él se inclinó ante el pequeño y tocó sus pies.

Y dijo al que le había preguntado: “Aquella criatura fue mi primer maestro.
En aquel preciso momento me he dado cuenta de que todas mis metafísicas, toda mi filosofía, eran algo sin sentido. Yo no sabía nada por mí mismo. Yo no sabía ni siquiera de dónde proviene la luz de una lámpara, para dónde va cuando se le apaga – ¡y estaba hablando acerca de quién hizo el mundo, cómo hizo el mundo, cuándo hizo el mundo!

A causa de aquel momento, me he acordado siempre de la criatura. Ella puede haberse olvidado de mí, puede incluso no reconocerme, pero yo no puedo olvidar aquel incidente.

“Y desde entonces miles de personas han venido enseñándome. He evitado la pregunta varias veces, porque no existe una persona única a la que pueda yo llamar mi maestro. Muchos han sido mis maestros, he aprendido a partir de muchas fuentes y de cada fuente he aprendido una cosa: que, a menos que sepas a partir de tu propia experiencia, todo conocimiento es fútil.Después he abandonado todo lo que había aprendido, todo mi conocimiento, he quemado todas mis escrituras. Abandoné la idea de ser un erudito, me olvidé de toda mi fama. Empecé a andar como un mendigo, absolutamente desconocido para cualquier persona. Y poco a poco, profundizando en la meditación, he descubierto mi propia inteligencia.”

Aunque la sociedad destruya tu inteligencia ella no podrá destruirla totalmente, ella solamente la cubre con muchas capas de información.
Y es esa toda la función de la meditación. Llevarte más profundamente dentro de ti mismo. Es un método de excavar en tu propio ser hasta el punto en que llegas a las aguas vivas de tu propia inteligencia”...

OSHO, del libro Tao, el portal dorado.


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elisa
Elisabeth Cavalcante é Taróloga, Astróloga, Consultora de I Ching e Terapeuta Floral.
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